Home Buenas Noticias La Coyolxauhqui celebra 33 años de haber resurgido de las entrañas de la tierra
Buenas Noticias - February 19, 2011

La Coyolxauhqui celebra 33 años de haber resurgido de las entrañas de la tierra

Proyecto Templo Mayor, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), a partir del cual se ha explorado sistemáticamente el área que ocupó el corazón de la antigua México-Tenochtitlan.

Con un diámetro de 3.25 m, 30 cm de espesor y ocho toneladas de peso, la máxima representación escultórica de la Coyolxauhqui fue descubierta el 21 de febrero de 1978, en las inmediaciones de las calles de Guatemala y Argentina.

Este suceso dio pie al nacimiento —ese mismo año— del Proyecto Templo Mayor y al Programa de Arqueología Urbana, impulsados por el INAH, y a través de los cuales se han investigado 13 mil metros cuadrados de la parte central de la antigua ciudad mexica, entre cuyos más recientes frutos destaca el hallazgo de otra escultura monolítica, inclusive mayor que la de dicha deidad lunar, la de la diosa de la tierra Tlaltecuhtli, descubierta el 2 de octubre de 2006.

Ambas esculturas “marcan el alfa y el omega del Proyecto Templo Mayor”, como expresó su fundador el profesor Eduardo Matos Moctezuma. El descubrimiento de la  Coyolxauhqui implicó en su momento la expropiación de 12 mil 900 metros cuadrados para explorar las ruinas del huey teocalli o Templo Mayor de los mexicas, lo que transformó de manera definitiva el rostro de la zona centro del DF.

La inexistencia de construcciones en donde hoy emergen los vestigios del Templo Mayor, relaciona de un modo distinto a las generaciones contemporáneas con un espacio que ya es impensable sin la evidencia del pasado prehispánico.

La fascinación que ejerció en su momento el descubrimiento de Coyolxauhqui, estuvo determinada en gran medida por las condiciones en que se dio el mismo. A diferencia de la Piedra del Sol o la Coatlicue, como señala Raúl Arana, arqueólogo que hizo su inspección de la Coyolxauhqui, “esta pieza monolítica llegó intacta a la actualidad, se reservó para todos nosotros”, tal y como había sido depositada por los mexicas 500 años atrás.

En el momento de su descubrimiento, las especulaciones de los arqueólogos giraban en torno a la identidad de la deidad representada: ¿Quetzalcóatl?, ¿Coatlicue?… Este desconocimiento hizo que los expertos se volcaran nuevamente a la fuentes históricas y que los medios de comunicación recurrieran a aquellos que habían dedicado sus estudios a reconstruir lo que fue el antiguo centro ceremonial tenochca y la cosmogonía de esta cultura.

Tal vez fue el pasaje del Códice Florentino o alguna de las versiones escritas por frailes cronistas como Diego Durán, las que ayudaron a compenetrarse en uno de los mitos fundamentales del pueblo mexica, hecho piedra.

En pocas palabras, ese relato originario abunda en la perpetua lucha entre el Sol (Huitzilopochtli) y la Luna (Coyolxauhqui), hijos de Coatlicue (La de la falda de serpientes). Una batalla que inicia la diosa lunar, ofendida por la sospechosa preñez de su madre.

Más allá de esta narración mítica referida en pocos, pero esclarecedores documentos históricos, fue un detalle el que llamó poderosamente la atención del arqueólogo Felipe Solís, conocedor de la cultura mexica: los cascabeles en las mejillas, labrados en la gran escultura de andesita rosa, símbolo inequívoco de Coyolxauhqui dentro del panteón mexica.

“Se sabía que era una pieza circular, pero todavía no la identificábamos. Se veía un brazo, y otros elementos de dioses de la muerte, pero cuando la fuimos limpiando y aparecieron sus rasgos especiales en el tan bello relieve de la pieza, me sentí como transportado al recibir ese mensaje que parecía enviarlo el pueblo mexica, y que se identificaba con nuestra sangre”, declaró en su momento Solís a Excélsior, luego de identificar la monumental pieza.

El descubrimiento de Coyolxauhqui implicó desde el inicio un trabajo interdisciplinario, al haberse registrado en el centro de una de las urbes más grandes del planeta.

Si bien fueron los trabajadores de la Cuadrilla 303 de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, los encargados de despejar parcialmente la escultura; su localización dentro del plano del Templo Mayor, así como su identificación puntual, se debió a un grupo de arqueólogos, historiadores y arquitectos del INAH, que contaban con los conocimientos necesarios para llevar a cabo esta tarea.

Pocos ciudadanos hubieran vaticinado lo que en un corto plazo trajo el encuentro con la Coyolxauhqui; transformó para siempre no sólo la apariencia, sino el sentir del capitalino, del mexicano, hacia un espacio donde el pasado prehispánico sólo se dejaba entrever, todavía en aquel 1978, en escasas ruinas y piedras labradas con ídolos que se entreveían  en las esquinas de las viejas edificaciones coloniales.

Coyolxauhqui en datos

* El monolito de Coyolxauhqui fue labrado en un bloque de roca volcánica de color rosado claro, el cual probablemente procede de la zona del cerro del Tenayo en la Cuenca de México.

* En la época prehispánica estuvo colocado al pie del Templo Mayor, en el lado correspondiente al adoratorio del dios Huitzilopochtli,  entre 1469 y 1481 d.C., durante el gobierno del tlatoani mexica Axayácatl.

* El relieve muestra a la diosa lunar decapitada y mutilada de brazos y piernas, representada así por el combate que sostuvo con su hermano Huitzilopochtli, dios de la guerra, según relata el mito.

* Su colocación estratégica, al pie del adoratorio de Huitzilopochtli, en la parte sur del Templo Mayor, permitía recrear la escena en la que el Sol vence a la Luna y simbolizaba el recipiente sagrado en el que se depositaban los restos de los hombres sacrificados en honor al Sol.

* Coyolxauhqui significa “La que se ornamenta las mejillas con cascabeles”.

Fuente: (INAH)

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *