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Ciencia y Tecnología - February 12, 2011

Encuentran restos de jerarca otomíe en la cima del basamento piramidal nombrado “La Casa de los 13 Cielos”

ahora se conoce como Cañada del a Virgen.

Los restos fueron encontrados en la cima del basamento piramidal nombrado La casa de los 13 cielos, justo en el sitio que la arqueóloga Gabriela Zepeda refiere como el Entierro 13.

El hallazgo “muestra un individuo ataviado con una suntuosa ofrenda de objetos cerámicos, concha y hueso”, por lo que se cree que el personaje que ahí yació fue considerado el fundador del linaje.

“Se ha comprobado la hipótesis gracias a los estudios de los laboratorios Beta, Oxford y del Departamento de Física. Nos confirmaron la antigüedad del jerarca. Su última inhumación acontece el 760 después de Cristo, lo que son aproximadamente mil años que fueron cuidando el atado”, comentó Zepeda, responsable de las excavaciones arqueológicas por más de 10 años en la zona.

El cuerpo del jerarca, de acuerdo a los estudios realizados a los restos óseos, refieren a un señor de 1.63 metros de estatura, que murió entre los 50 y 52 años, que padeció algunas enfermedades y con dentadura perfecta da cuenta de una excelente alimentación. Otra distinción es que el Jerarca fue enterrado con un perro de 25 años que fuera sacrificado para que acompañar en su última morada al guerrero.

En Cañada de la Virgen fueron encontrados 18 entierros más, entre los más destacados, el de la Niña Guerrero, cuyos restos fueron fechados en el 700 antes de cristo, lo que da cuenta de preservar una tradición de jerarquización de más de mil años.

“Esto quiere decir que fueron grupos organizados, con ideas complejas, porque el culto a los ancestros o a un bulto funerario requiere jerarquización en la sociedad. Aunque hayan sido recolectores hace mil años, fueron pasando por generaciones los restos, las reliquias, para venir a depositarlos en un centro ceremonia, quizá, construido sólo para ello”, explica Zepeda.

Lo anterior explica parcialmente otros aspectos de la vida ritual de los antiguos otomíes, en cuanto a sacrificios humanos se refiere.

Al respecto, la arqueóloga explica que si bien existen rasgos de sacrificio en los restos encontrados, no son similares a las prácticas de los mexicas, pero sí había sacrificios rituales: “al morir, parte de su cuerpo era comido por el otro. Había antropofagia en el sentido de desacralizar a la persona que está enterrada. Esto se va a dar desde cazadores de bisonte en el norte, en donde al enemigo, lo mato en acción de guerra y muerdo parte de su corazón. Hay también ausencias de mano para quitar poder; o quito pies para que no te muevas.

Son sacrificios en términos rituales. Pero no hay ninguna huella en el hueso de que haya sido el acto de sacar el corazón”, precisa Gabriela Zepeda.

La mayor parte de los restos humanos fueron encontrados en la parte sur del asentamiento, sitio considerado de muerte, de autosacrificio, de invierno: “es un complejo funerario bastante difícil de explicar, ahí estaban los restos de una niña, la niña guerrero que se fechó 700 años antes de cristo, lo que nos habla que tenemos un culto a los ancestros, marcado, jerarquizado y cuyos personajes fueron momias que fueron trasladados por más de 10 generaciones. De dónde, no lo sabemos; por qué, estamos preguntando”, agregó Zepeda.

Otro elemento relacionado al culto y responsabilidad con la muerte es el mural encontrado en el Entierro 13, tumba del Jerarca.

Se trata de una pintura abstracta que, según la arqueóloga, alude a los espacios cósmicos, gracias a la paleta de colores rojo, blanco, negro, ocre.

De acuerdo a los trazos encontrados en los muros de la tumba, existen dos posibilidades de significación: “una, que estemos en la concepción de los 13 cielos; o bien, que esté relacionado a 7 espacios cósmicos que maneja la cultura otomí”.

Finalmente, toda la tradición de preservar los restos del ancestro jerarca de la tribu concluyó con el inicio de la tercera etapa constructiva de Cañada de la Virgen, aproximadamente entre el 800 y el 1000 después de Cristo.

Según Zepeda, la desacralización del ancestro fue un sacrificio de la tribu y sus restos son trasladados de la
cima de la pirámide al subsuelo del ala sur del asentamiento y encima, fueron reconstruidos “casi 9 metros de contextos arqueológicos para levantar el tercer complejo”.

Luego, el declive de la civilización: las razones principales, según Gabriela Zepeda, fueron las condiciones climáticas y los cambios políticos en Mesoamérica, entre los que se menciona la caída de Tula y el empuje de grupos nómadas del norte al centro del territorio central de los que ahora es México, para que la zona del bajío quedara prácticamente deshabitada hasta casi el 1300 después de Cristo, cuando los Chichimecas tomaron se asentaron en la zona.

Fuente: (milenio.com)

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