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Festivales y Ferias - January 27, 2011

“28 Festival de Huapango Arribeño y de la Cultura de la Sierra Gorda” en Xichú, Guanajuato

2007, el cual fue una apoteosis para esa fiesta y un regocijo para mi ánima de huapanguero. Ah, porque no hay duda de que huapangueros somos todos los que gustamos del huapango, no sólo los músicos y bailadores, quizás unos son más y otros son menos, pero todos somos huapangueros al fin y al cabo. Todos juntos armamos el mitote, hacemos la fiesta.

Como es sabido, el festival dura tres días, del 29 al 31 de diciembre. En su última edición, la 28, de 2010, con muchos esfuerzos apenas pude asistir el “mero día”: el viernes 31, arrostrando muchas dificultades. Para empezar, trabajé hasta muy noche el jueves 30; al otro día por la mañana tuve que atender algunos asuntos familiares insoslayables y enfrentar un ligero disgusto conyugal. Ya sé que esto último a nadie le importa ni interesa, pero… me concierne y, conforme al espíritu de estas “Memorias”, forma parte de la vida de un huapanguero. Que no se hable de esto o no se publique es asunto de cada uno; a mí me afecta para el disfrute de la fiesta, por eso lo consigno.

Entonces decía que, pasado el mediodía, con prisas salí de casa, en el Poniente de la ciudad de México rumbo a la Central de Autobuses del Norte. Abordé un taxi y, para aumentar mi desesperación, el carajo conductor me llevó por donde se le hinchó el hue…so de la nariz. Le había pedido que se fuera por el Circuito Interior “Melchor Ocampo”, ah, pues no, el cabrito decidió que era mejor si tomábamos por el Eje Central “Lázaro Cárdenas”. “Ahorita hay poco tráfico”, dijo el hijo de la… madrugada. Me armé de paciencia. ¡Qué sabía él de mis prisas! El riesgo estribaba en que tenía que estar en San Luis de la Paz al filo de las 18 horas, si no me sería imposible llegar a Xichú… por lo menos en autobús. Así las cosas, mejor puse atención a su charla: había sido campeón de baile, comprador de armas del Ejército y ahora era un padre viudo algo amargado; incluso le propuse entrevistarlo en otra ocasión… No me ha llamado; trabajaba de ruletero porque no servía para estar de flojo, según sus propias palabras.

Afortunadamente, correspondió a mi paciencia y a mi prisa manejando hábil y velozmente. Le pagué y corrí al área de venta de los autobuses Flecha Amarilla. El próximo a San Luis de la Paz saldría como en un par de horas. Imposible. Ahí mismo adquirí un boleto a Querétaro por Primera Plus para las 13 horas. Siempre lo he dicho: ¡Dios es grande! Llegamos a esa bella ciudad alrededor de las 15:45 horas. De ahí corrí a la zona de los autobuses de segunda clase, pues mi única opción era uno local a San Luis de la Paz; mi última, irme a Doctor Mora y pedirle a uno de mis primos que me llevara a Xichú… siempre y cuando pudiera. Para mi buena suerte, salía un Coordinados a las 16:30 a San Luis; compré un boleto, sin numerar, pues ahí es “a como vaya llegando el pasaje”. Tenía tiempo para comprar agua, cigarros y comer algo. Fui a la única especie de fonda que hay en la zona comercial aledaña a la Terminal de Autobuses de Querétaro (TAQ), donde comí unos deliciosos tacos de guisado. Me dirigí al andén donde saldría el autobús, lo abordé y ¡alcancé el penúltimo asiento! Apenas eran las 16:15; en los minutos faltantes para la hora de salida el autobús se llenó o, mejor dicho, repletó.

A pesar de que está prohibido que viajen así, es tanta la demanda de viajantes que… Finalmente, esto nos convino a todos, pues al irse colmado ya no hizo paradas ni en la conocida como “La Obrera” ni en los puntos intermedios, excepto cuando algún viajero solicitaba descender para dirigirse a su rancho. Como me tocó asiento hasta atrás, iba junto a mí un hombre y su esposa, charlamos un rato y resultó que era paisano mío, de Pozos, su apellido paterno era Vargas y conocía a todos mis tíos poceños. Además, al lado de ellos iba un joven que también se dirigía a Xichú y que decidió unirse a mí para llegar como fuera esa noche a la fiesta. Llegamos a San Luis alrededor de las 18 horas y ¡alcanzamos el joven y yo el último camión serrano a Xichú! A los pocos minutos se fue colmado, sin espacio para casi nadie más, ya que sólo hizo una parada antes de abandonar San Luis para subir dos o tres pasajeros más. Pero se quedaron muchos otros en la calle. Así por todo el trayecto: no se detenía en las paradas de los ranchos porque simplemente ya no cabía un alfiler. Yo viajé, de pie y apretujado, en uno de los asientos de la puerta delantera. Me consolaba, mientras hubo luz diurna, observando el magnífico paisaje serrano cuando el maltrecho camioncito ascendía por la sinuosa carretera. Después, en la oscuridad casi total, sólo quedaba soportar el cansancio y el olor producido por el hacinamiento de los hombres del campo.

Arribamos a Xichú casi a las 20:30 horas. Bendito Dios, justo a tiempo, para mí. Caminé de la entrada del pueblo a su Plaza Principal, donde se realiza la mayoría de las actividades del festival. De acuerdo con el cartel –que no conseguí– de la edición 2010, el programa inició el miércoles 29 por la tarde con una caminata para anunciar la apertura del festival y posteriormente la inauguración con la participación de artistas xichulenses. El jueves 30 comenzaron temprano las actividades, a las 8 horas, con la transmisión en vivo del programa radiofónico “La Sierra Gorda que Canta” por la estación Fiesta Mexicana en 800 de A.M. A las 11 se efectuaron talleres de muñecas de trapo, máscaras, ajedrez, caleidoscopios y reggae; a las 16, de elaboración de títeres; a las 17, bendición y apertura de ofrenda a huapangueros y memoriosos fallecidos; a las 18, “Títeres Punch”, dirigido por Ernesto López, presentan “El sastrecito valiente”; a las 19, proyección del documental “Ofrenda”, dirigido por Óscar Carrillo; a las 20, el grupo de reggae “La Prodigiosa Roots” y el de ska “Exilios”.

Según ese mismo cartel, el viernes 31 a las 9 horas se realizó la recepción ceremonial de la danza conchera de la Mesa de Corralillos; a las 10, se efectuó uno de los actos más solemnes e interesantes en mi punto de vista, la visita al panteón: ofrenda a músicos y poetas fallecidos; danzas y mojigangas; a las 12, foro: diálogo con los artistas participantes (concierto de Alejandro Montaño); a las 18, el tradicional arribo a la Plaza; de las 19 a las 22:45, programa especial “Joel Monroy y el Trío Huasteco de Valles (Ciudad Valles, S.L.P.)”; a las 24, gran topada-baile: “Pánfilo Oviedo” (de Rioverde, S.L.P.) frente a “Guillermo Velázquez y Los Leones de la Sierra de Xichú”. Esto, repito, de acuerdo con el cartel oficial.

En lo que a mí toca, por mi posición en el autobús, debo decir que fui de los primeros en descender; caminé aprisa a la Plaza, que aún no estaba atestada. Hice una escala en los baños públicos contiguos a ésta y me abrí paso hasta quedar frente al escenario. Fue una agradable sorpresa ver que Anastasia Guzmán “Sonaranda” se preparaba para actuar en compañía de una mujer bailadora y un violinista que no conocía, lo que hicieron casi en seguida. Armaron un ensamble muy interesante que sonó muy bien, a pesar de algunas dificultades técnicas de audio. La acompañaron Angélica Juárez, bailadora mexicana, oriunda de Pachuca, Hidalgo, y el violinista venezolano Alexander Cárdenas, ambos artistas de alta calidad, quienes radican en París, Francia.

Después siguió el grupo Tayer, que esa noche actuó con José Francisco Garza Santos, Luisa Fernanda Patrón Pérez, Izaluna y Pedro Nicolás Garza Patrón, una familia artística dedicada a difundir la música del noreste de México con guitarras, saxofón y percusiones y a través de canciones, polcas, corridos y anécdotas narradas por Francisco y Luisa Fernanda. A continuación subieron al escenario Eliazar Velázquez Benavidez y don Lenchito Camacho, “uno de los violinistas virtuosos del son arribeño”, en palabras de “Chalo”, mientras se preparaban “Joel Monroy y el Trío Huasteco de Valles”. Cuando estuvieron listos, brindaron gratos momentos al público y prendieron el ambiente para la topada.

Cabe señalar que este trío reúne a dos generaciones de huapangueros, pues Joel tocó en diferentes etapas con Los Camperos de Valles, y esa noche iba acompañado por mi tocayo Goyito Solano en la quinta huapanguera y un hijo de Marcos Hernández en la jarana. Hace unos meses, en agosto de 2010, en Tampico creo recordar que Goyo hijo traía la jarana y otro músico, la huapanguera. Así, ¡qué señor trío traen esos Huastecos de Valles! Con Joel haciendo lo que quiere en el violín, literalmente, y esos dos jóvenes huapangueros, dignos herederos de sus padres, pues son hijos de dos auténticos Camperos: Marcos Hernández y Gregorio Solano, uno de gran voz y falsete y el otro excelente improvisador de versos. Enhorabuena.

Después fue el turno de la misa, que se oficia sobre el mismo escenario, pero en un altar acondicionado ex profeso. Al concluir la ceremonia religiosa, dio inicio lo que sería una magnífica topada, con ingredientes extras: en Los Leones tocarían dos violinistas afamados: don Lencho Camacho y don León Lara. ¿Cómo describir esa batalla poética? No es una tarea fácil… Hubo iniciales fallas de sonido en el tarango de Pánfilo Oviedo, que luego fueron resueltas. Creo que todos los que tuvimos el privilegio de estar presentes nos quedamos altamente satisfechos y complacidos con el arte magistral de don Lencho, ¡cómo hace cantar a su violín este hombre, de veras! Pero la refriega verbal entre Guillermo y Pánfilo no se quedó atrás. Al contrario, fue un verdadero desafío que se prolongó más allá de lo esperado: pasadas las diez de la mañana. ¿Quién ganó? La decisión, como siempre, queda en los asistentes, que eligen a su “gallo” por razones diversas: por ser del mismo rancho, municipio o estado; por simpatía o animadversión; por haber atendido el desarrollo completo de la topada y conocer el “reglamento”; por… En última instancia, los ganadores fueron el público por la calidad de la versería intercambiada y los bailadores, que tuvieron a uno de los grandes exponentes del violín para darle gusto al zapateado.

Poco a poco, la gente se fue retirando de la plaza, alegre, contenta, por la altura alcanzada en la topada. Hay que recordar que Guillermo Velázquez y Los Leones de la Sierra de Xichú topan un año sí y otro no en este festival por decisión del Comité Comunitario Organizador. “Chalo” me invitó al almuerzo, mas intenté llegar al camión que baja a San Luis a las 11 horas; no lo logré, ya había partido, así que me dirigí a la casa donde se llevan a cabo las comidas comunitarias. Un menudo y barbacoa de res reparadores, además de compartir la mesa con los artistas. Pude charlar unos minutos con don León Lara, primo hermano de don Benito Lara, quien asistió al baile en su silla de ruedas con su indeclinable apoyo a Los Leones de la Sierra de Xichú, de quien fue su bailador por varios años. Aproveché para solicitarle un raite o aventón a Anastasia, quien me lo proporcionó en su automóvil compacto. Salimos de Xichú a las 13:30 horas ella, Angélica Juárez, Alexander Cárdenas y su novia mexicana, también residente en la Ciudad Luz, y el que suscribe. Descendimos a San Luis de la Paz, donde me dejaron, pues ellos siguieron a mi pueblo, Pozos, que Anastasia quería mostrarles. No hablé con los artistas porque iban cansados, además de que las constantes curvas exigen poner la atención en ellas. Días después, a petición expresa por correo, Anastasia me dijo escuetamente que siempre intenta asistir a ese festival y no tenía las direcciones electrónicas de Angélica y Alexander, pues quería conocer sus impresiones sobre el viaje, que realmente es único en nuestro país. Por supuesto, también son artistas de calidad y bien valía la pena hacerles algunas preguntas…

Me quedé en una gasolinera y tomé un taxi a la Central de Autobuses. Ahora no recuerdo el nombre del taxista, pero, ay, Dios, cómo me acercas a los huapangueros, era músico arribeño. Anoté su nombre en un papelillo que me pasó, le dejé una tarjeta con mis datos y entré a la Central. Mi autobús a Querétaro salía en veinte minutos, creo que a las 16:30 horas. Salí a comprar queso, xoconostles, chilcuague y trompadas. Me topé afuera de la Central a mi tía Jaquelina y a una de sus hijas, también a mi prima María de Jesús, su esposo y su hija menor; iban a esperar el camión para regresar a Pozos. Bendito Dios, qué cosas le pasan a uno. Nos tomamos una foto juntos y nos despedimos. Hice mis compras y esperé el camión. No dormí, pero descansé un poco. En la TAQ abordé un Primera Plus que salía a la Central del Norte casi a las 19 horas; ahí sí dormité a trechos. Llegué alrededor de las 22 horas. Había movimiento en la Central. El Metro me esperaba con sus fauces abiertas…

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Fotos: Anastasia Guzmán y su concepto de “Sonaranda” en Xichú.
Joel Monroy y el Trío Huasteco de Valles escribiendo parte de la historia actual del son huasteco.
Azteca 21/Gregorio Martínez M.

 

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