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Toros y Deportes - January 23, 2011

Mark Sánchez, quarterback de los Jets de Nueva York está orgulloso de sus raíces

Super Bowl luego que en su primer año quedaron eliminados ante Indianapolis en la final de la Americana.

La venganza llegó rápido, en el partido de Comodines en la actual temporada, al avanzar contra todos los pronósticos, dejando fuera a los Colts de Peyton Manning en su propia casa; luego se toparon con Tom Brady y los favoritos Patriotas de Nueva Inglaterra y el resultado fue el mismo a favor del equipo neoyorquino. Los Jets se mantienen con vida en los playoffs y se encuentran de nueva cuenta en la antesala del Super Bowl, guiados una vez más por el quarterback de origen mexicano Mark Sánchez.

SURGE UN ÍDOLO

Mark Sánchez creció en un hogar donde se hablaba el inglés, pasando sus primeros años en vecindarios latinos de Long Beach, Pico Rivera y Whittier. Cuando tenía 6 años de edad, su familia se mudó a Orange County, lugar de algunos de los programas más competitivos de preparatoria de futbol americano en la nación.

El padre de Mark, Nick, era un jefe de bomberos y no podía pagar el costo de campamentos de futbol americano, así que, el ex quarterback colegial en el Este de Los Ángeles optó por entrenar a su hijo.

Como joven, Sánchez era seguidor de Carson Palmer, ex quarterback de USC, universidad a la que también asistió el mariscal de campo de los Jets. Mark también siguió los pasos de Palmer al asistir a la misma preparatoria (Santa Margarita) que el QB de Bengalíes, pero fue transferido a la escuela de Mission Viejo como un junior.

“Saliendo de la preparatoria, la gente me dijo, acostúmbrate a la comunidad hispana que se volverá loca cuando empieces a jugar. No sabía lo grande que sería”.

Pero el ser una tercera generación de México-Americanos nunca pareció tan importante, hasta que se mudó a Los Ángeles.

“Tan pronto como crucé la frontera de Orange County hacia Los Ángeles, los fanáticos me preguntaban: ¿de dónde eres?, ¿cuál es tu nacionalidad?, ¿eres totalmente mexicano?”, dijo Sánchez. “Empezamos a investigar que nuestras familias eran del mismo estado en México (Zacatecas ó Jalisco), y esa pequeña conexión era un gran hecho. Era algo positivo”.

Los Ángeles siempre ha sido un buen lugar para íconos deportivos latinos, incluyendo al pitcher nacido en Sonora, Fernando Valenzuela que desató la “Fernando-Mania” al principio de los 80 y Oscar de la Hoya quien llegó de los gimnasios del este de Los Ángeles hasta convertirse en una figura global en las pasadas dos décadas.

Para Sánchez, el rol bajo las luces era muy simple: ser quien eres, celebrar “la raza” y jugar bien.

Pero no fue tan simple. Antes de su segunda apertura en 2007, el Dr. Ramón Roges, dentista cubano del equipo, le hizo una broma. Roges dibujó la bandera mexicana, con el águila parada sobre un nopal devorando una serpiente, en el protector bucal de Sánchez. El quarterback lo portó durante un partido transmitido a nivel nacional de visita contra Notre Dame.

“Pensé que sería algo bueno para todos los fanáticos, muchos de ellos latinoamericanos”, dijo Sánchez. “Pensé que sería un agradecimiento por todo su apoyo”.

Tras lanzar 4 pases de touchdown, liderando a los Trojans a una victoria 38-0, la plática después del juego era el protector bucal y no la mayor victoria en 79 años de rivalidad entre Notre Dame y USC. Algunos lo interpretaron como una posición política radical.

“Tuve correos de odio en la escuela, diciendo, Regrésate a México, no te queremos aquí”, recalcó Sánchez quien tuvo que explicar que lo de su protector bucal fue sólo respeto a su herencia. “Sí, soy mexicano, pero también soy Americano, un lugar donde podemos celebrar nuestra cultura. Así seamos alemanes, italianos o chinos, todos podemos celebrar nuestras culturas.

Aunque sus compañeros de equipo lo apoyaban, decidió guardar el protector bucal.

Como jugador novato en 2006, Sánchez salió a su primer entrenamiento de primavera como reserva, cuando se dio cuenta lo que significa ser el primer quarterback mexicoamericano en USC. En el Coliseo se paró un fanático orgulloso, vestido como un luchador mexicano, sin camisa, y con las palabras “¡VIVA SÁNCHEZ!”, pintadas alrededor de una máscara de lucha libre.

Sánchez ya era un héroe local y aún no había lanzado su primer pase de touchdown. Esos pases llegarían, 34 en sus 16 juegos como titular.

Fuente: (cronica.com.mx)

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