Mentiritas que nos contaron… - January 23, 2011

El Rey Arturo

Arturo adquirió fama primordialmente por su búsqueda del mentado “cáliz sagrado,” por su formación de la mesa redonda, que simboliza un supuesto intento de democracia, y de su castillo llamado Camelot, todo lo cual le trajo la admiración, el cariño y la eterna gratitud de sus súbditos.

Desgraciadamente, en los anales de la historia británica no existió jamás un rey llamado Arturo. Se sabe de un caudillo galés llamado Arturo, que defendió exitosamente la isla de invasores anglo sajones durante el siglo VI, uniendo fuerzas con otros rufianes para proteger su territorio. En su época, aún no existían caballeros, ni castillos. Aunque es posible que Arturo haya construído pequeñas empalizadas a la orilla del mar. Jamás hubo una mesa redonda. Y el “generalísimo” Arturo nunca fue a buscar vasijas con poderes sobrenaturales al Medio Oriente. Cualquier referencia al cristianismo son aditamentos posteriores. La extracción de la espada Excalibur de una piedra, que justifica su derecho al trono inglés, es una leyenda infantil. En la obra de Tennyson, Los Idilios del Rey, Arturo es transportado tras su muerte a la Isla Avalon, donde es sepultado y de donde resucitará para regresar a regir sobre sus súbditos.

¿Entonces donde se originó esta historia? Leslie Alcock, conocido historiador especialista en la leyenda arturiana, identifica tres fuentes de leyendas gálicas: la historia del monje Gildas (c540); el texto Gododin, comunmente conocido como la Historia de los Británicos del historiador Nennius (c600); y los Anales de Cambria (c955). Los documentos en el Museo Británico le dan a Arturo el título de: Líder de Batallas. Durante su época Arturo peleó con y por reyes británicos, pero era el general de las batallas. Hay debate sobre quiénes fueron los reyes, pero es claro que Arturo no fue uno de ellos. Fue un simple mercenario a sueldo.  Pero, fue tan buen mercenario que los príncipes le encargaron la defensa de la isla.

El resultado de esto, entre otros poemas previos, fue un poema popular creado por Malory llamado La Muerte de Arturo. Y tiene tanta veracidad como Superman. Curiosamente, el personaje que fue histórico es Launcelot, y su relación con Guinevere. Solo que Launcelot sí fue un caballero que se metió en líos de faldas, y Guinevere fue la esposa de un rey que rondaba por la campiña causando desmanes; pero fueron personajes posteriores por muchos años y jamás conocieron a Arturo. En pocas palabras, la leyenda del Rey Arturo es una “ensalada histórica” ficticia, amena y encantadora, para que en un futuro próximo volvamos a gozar plenamente de otra versión, comiendo palomitas de maíz.

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