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Inolvidables - January 13, 2011

Salvador Novo, poeta de vanguardia, cronista, dramaturgo e intelectual controversial del México moderno

teatro y dramaturgo, experto en gastronomía, es, entre otras cosas, uno de los testigos principales del auge del “milagro mexicano” luego del gobierno de Lázaro Cárdenas.

Estudiante brillante y de una inteligencia precoz, Novo formó parte, junto con Xavier Villaurrutia y Jorge Cuesta, del grupo  Contemporáneos y, en 1953, entró como Miembro de Número de la Academia Mexicana de la Lengua. Su característica principal como autor fue su prosa hábil y rápida, así como su picardía al escribir. A decir de Carlos Monsiváis, quien escribió una crónica biográfica sobre el autor de Nuevo amor, fue “el homosexual belicosamente reconocido y asumido en épocas de afirmación despiadada del machismo”.

Salvador Novo nació en la Ciudad de México el 30 de julio de 1904. De los seis a los 12 años pasó en Torreón la tormenta revolucionaria y comenzó a escribir versos. De nuevo en la capital, cursó la preparatoria e inició la carrera de derecho, que abandonaría por la profesión literaria. Desde 1920 colaboró en revistas literarias y en 1924 fue uno de los redactores de las Lecturas clásicas para niños. En 1927-28 dirigió, con Xavier Villaurrutia, la revista Ulises, que iniciaba en México la modernidad literaria, y luego escribió en la revista Contemporáneos (1928-1931), que daría nombre al grupo de vanguardia al que perteneció.

Posteriormente, se dedicó al periodismo, en el que, con agilidad y talento, crearía estilos y recursos. En 1941 se mudó a Coyoacán. En 1947 colaboró con Carlos Chávez en el lanzamiento del Instituto Nacional de Bellas Artes, motivo por el cual escribió algunas obras teatrales. En un terreno de mil metros cuadrados que adquirió en 1950, mandó construir, con ayuda del arquitecto Alejandro Prieto, el proyecto cultural “La Capilla”, adaptando una antigua capilla de hacienda como teatro, el cual se abrió al público el 22 de enero de 1953, con el estreno de la obra italiana El presidente Heredia.

De 1946 a 1952 dirigió las actividades teatrales en el Instituto Nacional de Bellas Artes, y durante muchos años se ocupó de actividades escénicas como autor, director, traductor y empresario. En 1953 ingresó en la Academia Mexicana de la Lengua, y en 1967 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes, en el ramo de Lingüística y Literatura.

Fue durante toda su vida un agudo cronista de la vida social, política y cultura de la Ciudad de México, por la cual fue nombrado Cronista de la Ciudad de México en 1965, por el presidente en turno, Gustavo Díaz Ordaz, dicho nombramiento lo ostentaba don Artemio de Valle Arizpe, quién había fallecido en 1961.

En 1969 sufrió dos infartos por lo cual se dedicó a escribir en su domicilio particular en Coyoacán, cuya calle había sido bautizada un año antes con su nombre. Aún externó deseos de escribir un segundo volumen de la Historia de Coyoacán, así como una autobiografía, proyectos que quedaron inconclusos por su fallecimiento el 13 de enero de 1974.

El también poeta, Alí Chumacero, lo describió así en Semblanzas de académicos (1975):  “Hombre de agudeza singular, dispuesto siempre a percibir en los otros aquellos rasgos que muestren posibilidades de burla o de diatriba, Salvador Novo no desaprovechaba ocasión para probar las armas de su ingenio. Célebres fueron sus sátiras –algunas desmedidas, otras discretas– con que distribuyó abundantes vejaciones entre sus contemporáneos. En personalidades de significación artística, política o científica solía descubrir, o imaginar, defectos sumamente propicios para desatender sus cualidades y, en cambio, evidenciar lo que haría disminuir sus méritos. Esa actitud, cultivada diestramente, se correspondía con un humorismo que invadió casi la totalidad de su trabajo, el cual abarcaba multitud de géneros: poesía, teatro, periodismo, crítica, publicidad, historia. En todos ellos se deslizaba con frecuencia esa intención de buscar el aspecto gracioso, cuando no el ridículo, del mundo en que le tocó vivir.

“Desde un principio –añade Chumacero–, en sus Ensayos, impresos el año de 1925, apareció ese afán de procurarse trato con el buen humor, aunque al mismo tiempo, como al descuido, humedecía sus versos con emociones tan íntimas, que hubiera deseado dejarlas perdurar ocultas en la sombra. La verdad es que sentimiento e inteligencia luchaban en su interior, y a menudo salía triunfante el primero. Influido por la poesía norteamericana de vanguardia, Novo fue modelando su propia manera de concebir el oficio. El miedo tradicional a traer al verso hechos y objetos cotidianos –acontecimientos sin importancia, juegos infantiles, retratos familiares, compañeros de escuela– desaparece en su libro Espejo, editado en 1933, pleno de referencias a lo que se consideraba antipoético. Sin embargo, esa tendencia simple, llamada prosaica, no se halla sola, sino que se armoniza con otros poemas en que la emoción logra de nuevo la victoria…”.

Contemporáneo de Espejo, en Nuevo Amor, contiene las más intensas emociones de que fue capaz Salvador Novo: “Cuanto pude sentir y expresar está dicho y sentido en esos poemas”.

Xavier Villaurrutia, su colega en desvelos literarios, observó tempranamente que el gusto por el juego fue en él un modo de contrastar y acentuar el impulso lírico, y que en sus mejores poemas “el humorismo es sólo un medio y no un fin último”. A este respecto, el mismo crítico había anotado con anterioridad: “Es el poeta que sustantiva las sugestiones más fugaces e inasibles.

Y no es que sea más inteligente, que sagaz y emotivo. Sucede, sí, que en sus poesías la nota sensible está detrás de las observaciones, de las imágenes”. El rumor de la superficie procuraba disimular el “viento derrotado” que era su corazón. Pero “ni el humorismo y la ironía –afirma Frank Dauster–, que a veces se transforma en sarcasmo, lo despojan de un tono íntimo que se detiene antes de llegar al confesionario, pero no antes de dejar ver la profunda desolación del poeta”.

Bajo el velo agitado del humorismo –concluye Chumacero su Semblanza-, escondía una sensibilidad que naufragaba en la zozobra, temeroso de aparecer ante los demás como quien descubre su juego y pierde de pronto el pudor de sus sentimientos. Novo mismo acabó por confesarlo al explicar sus poemas escritos en la adolescencia: “Encuentro, entre los ecos que les dan voz, las simientes de lo que más tarde germinaría en la mía: la circunstancia, el humorismo y la desolación”.

Poeta y dramaturgo

Salvador Novo publicó 11 libros de poesía. Su obra trata temas como la llegada de un provinciano a la capital, los inventos modernos de inicios del siglo XX, el amor, y la modernidad. Entre sus libros destacan: XX Poemas (1925); Nuevo amor (1933); Espejo (1933); Seamen Rhymes (1934); Romance de Angelillo y Adela (1934);  Poemas proletarios (1934); Never ever (1934); Un poema (1937); Poesías escogidas (1938); Nuestra Tierra (1944); Florido laude (1945); La estatua de sal (1945, publicado hasta mayo del 2008); Dieciocho sonetos (1955); Sátira, el libro ca… (1955); Poesía (1961); Breve historia de Coyoacán (1962); Historia gastronómica de la Ciudad de México (1967); Imagen de una ciudad (1967); La ciudad de México en 1867 (1968); Historia y leyenda de Coyoacán (1971) y  Las Locas, el sexo, los burdeles (1972).

Entre sus piezas teatrales destacan: Don Quijote (1947); Astucia (1948); La culta dama (1948) (en la cual se basa la película mexicana homónima, dirigida en 1957 por Rogelio A. González, Jr.); A ocho columnas (1953 en adelante);  Diálogos, Yocasta o casi; Cuauhtémoc; La guerra de las gordas; Ha vuelto Ulises; El sofá y  El espejo encantado, entre otras.

Novo por Monsiváis

Carlos Monsiváis nunca ocultó su simpatía por Novo, de quien destacaba que “en un momento dado abandona su papel de rebelde y se vuelve institución, pero mantiene un culto por el lenguaje que es admirable”. Monsiváis dedicó uno de sus libros al cronista: Salvador Novo. Lo marginal en el centro (Ediciones ERA,  2001, segunda edición corregida y aumentada 2004), donde pone los puntos sobre las íes sobre la estrategia del autor de Return Ticket:

“A lo largo de su vida, Salvador Novo (1904-1974) irrita y fascina por la provocación y deslumbra por el talento, alarma por la conducta y tranquiliza por el ingenio, perturba por su son para el escándalo y divierte al añadir el escándalo al show de la personalidad única. Y sólo después de su muerte se advierte la calidad del conjunto.

“En el México que le toca vivir, Novo, ciertamente, no es ejemplar. Y como ningún otro de los homosexuales, sus semejantes, está al tanto de la estrategia de resistencia: de no acentuar rasgos de conducta (inevitable), al tiempo de un trabajo incesante, se le ubicará como un ser meramente ridículo, un ‘fenómeno’ menospreciable… Lo que su comportamiento le niega, su destreza lo consigue, y por eso Novo desprende de su orientación sexual prácticas estéticas, estratagemas para decir la verdad, desafíos de gesto y escritura.

Novo, agrega Monsiváis, intenta desmedidamente la refinada y sagaz travesía: el intelectual que se propone ser figura popular, el hombre marginal que obtiene el acatamiento de la sociedad que, moralmente, lo desprecia… Lo marginal en  el centro. En la primera fila, el humillado, el zaherido, el testigo al que su brillantez convierte en actor, al ser institucional al que con frecuencia se le olvida su función solemne.

En 1958, entrevistado por Emmanuel Carballo (Protagonistas de la literatura mexicana), Novo hace alarde de poner la vida por encima de la obra, al compararse con Jaime Torres Bodet: “Jaime no ha tenido vida, ha tenido desde pequeño biografía. Yo, por el contrario, he tenido vida. La biografía de un hombre como yo heriría las “buenas costumbres”.

En su libro Nueva grandeza mexicana, a decir de Monsiváis, “nadie llega más lejos que Novo en la presentación de la ciudad legendaria”, porque “despliega una de las escasas visiones unitarias de la ciudad, la penúltima antes de La región más transparente”.

Así describe el cronista su urbe: “Desde las Lomas, la ciudad se veía flotar en un halo tenue que recortaba sus perfiles: volcada sobre el Valle, tendida entre los siglos, viva y eterna. Ya recogía, como una madre gigantesca y celosa, el retorno fatigado de sus hijos. Bajo los techos de aquella ciudad; en el llanto del recién nacido, en el beso del joven, en el sueño del hombre, en el vientre de la mujer; en la ambición del mercader, en la gratitud del exiliado; en el lujo y en la miseria; en la jactancia del banquero, en el músculo del trabajador; en las piedras que labraron los aztecas, en las iglesias que elevaron los conquistadores; en los palacios ingenuos de nuestro siglo XIX; en las escuelas, los hospitales y los parques de la Revolución, dormía ahora, se perpetuaba, se gestaba, sobrevivía, la grandeza de México”.

El escritor Álvaro Enrigue, en Letras Libres, destaca que la biografía del autor de Escenas de pudor y liviandad “a pesar de parecer un libro monolítico por su nombre y estructura, comparte con el resto de la obra de Monsiváis la incomodidad ante las piezas de aliento largo y firmeza genérica: no es una biografía, aunque comience con la infancia de Novo y termine describiendo su funeral; tampoco es una obra de crítica que revise sus trabajos a la luz de una serie de postulados duros. Se trata de una suma de textos organizados siguiendo un patrón biográfico, que van y vienen entre el ensayo y la crónica, y que a ratos se afianzan en formas ancilares: el panegírico, la historia de las mentalidades, la reseña. El resultado final es una vasta meditación sobre las actitudes de Novo frente a los hechos y personajes influyentes de la sociedad mexicana del siglo XX”.
JLB

 

Fuente: (CONACULTA)

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