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Por la Espiral - December 29, 2010

A casi 17 años revitalizar el TLCAN

niveles socioeconómicos de sus dos socios comerciales.
Si bien varios ejecutivos mexicanos que en 1993 participaron en los preparativos del tratado años después discursan en conferencias bien pagadas que el Tlcan es todo un éxito, no puede negarse que a pesar de su impacto en la balanza comercial y aparato productivo del país, hay mucho por corregir, aumentar y mejorar en el texto del acuerdo.
No únicamente es un tema de transculturización, cambio en los hábitos alimenticios, una economía maquiladora, abaratamiento de los factores de la producción fundamentalmente la mano de obra también muchos sectores afectados por una competencia desleal y una persecución contra millones de mexicanos allende las fronteras.
Quienes negociaron y escribieron el tratado no previeron que la liberalización de mercancías, bienes y servicios contagiaría  a millones de  personas; la movilidad de la mano de obra ha tenido un dinamismo altamente significativo desde la puesta en vigor del Tlcan.
A COLACIÓN
De punto de partida: el tratado provocó un cambio estructural en la economía mexicana fue una de esas decisiones históricas que modificaron el rumbo, como cuando en distinto renglón en su momento en 1982 el entonces presidente José López Portillo decidió nacionalizar la Banca.
Todavía recuerdo en febrero de 2003, en la última entrevista concedida por el ex presidente, puntualizó el sentido de la nacionalización al explicarme lo que una medida estructural (y no coyuntural) provocó en el sistema de pagos.
Con el Tlcan la economía mexicana recibió otra sacudida estructural que comenzó con la orientación de un modelo de sustitución de importaciones hacia otro modelo favorable al sector exportador (el año 1986 es muy relevante con la inserción al GATT).
Entonces sobrevino una reducción arancelaria de forma consecutiva; después llegó el Nafta-Tlcan, la negociación y puesta en vigor el primero de enero de 1994; se logró entonces hablar del “boom” de la industria manufacturera, del cambio en la composición del sector exportador al despetrolizarlo pasó a exportar valor agregado proveniente de las manufacturas.
El mundo volteó a mirar a México “ante el milagro del tratado con Estados Unidos y Canadá” otros países, sobre todo de la región, buscaron emular los pasos de México primordialmente con Estados Unidos.
La estrella en el firmamento era clara, estábamos posicionados entre las 10 economías exportadoras del mundo; con mayor Inversión Extranjera Directa (IED); con mejor carta de presentación por los analistas y corredurías para invertir; y entre las 10 economías con desarrollo desigual que más prometían en el futuro.
Sin embargo, el tiempo pasa y castiga, deja sus huellas visibles en lo social y económico sobre todo cuando decisiones y negociaciones no son las más acertadas o dejan muchos puntos en el tintero.
Un claro ejemplo es el tratado, a casi 17 años de su puesta en vigor (este primero de enero de 2011) el Tlcan perdió el  vigor del primer momento tenemos un estancamiento en la integración, la administración del presidente George W. Bush cerró las puertas para una renegociación, para incluso postergar la entrada en vigor de las importaciones libres de impuestos de pollo, leche, azúcar, huevo, frijol, de muchos insumos primarios básicos producidos en México pero incapaces de competir en precios a sus similares importados desde Estados Unidos.
Bush y la incapacidad del equipo comercial y diplomático del anterior gabinete de Vicente Fox no lograron nada para renegociar el tratado como tampoco lo hicieron en paralelo con la migración y las afectaciones al transporte mexicano.
Por lo que con Barack Obama  debería intentarse una ventana de esperanza tras reconocer él mismo en campaña su disposición para dialogar en torno al Tlcan.
Es cierto que Obama como presidente perdió el brillo del candidato,  a su paso levanta demasiadas desilusiones y críticas, un desencanto oprobioso el mal de muchos presidentes que resultan buenos candidatos y malos gobernantes.
Empero, el gobierno mexicano no debería dejar pasar la oportunidad de buscar una renegociación del tratado, dirimir controversias, eliminar defectos y buscar un mayor equilibrio entre las partes.
No hay mucha certeza de que Obama logre quedarse otro periodo de cuatro años, la vuelta de los republicanos al poder no sería precisamente lo más deseable para elevar el tratado a otra etapa.    
Para no perder más tiempo, el presidente Felipe Calderón, debería tomar responsabilidad en el asunto e instruir a los secretarios más involucrados la preparación de un documento que señale los sectores afectados por las liberalizaciones por ejemplo, serviría poner en corchetes y llevarlo a otro plazo el rubro de la liberalización escalonada de los automóviles usados, semi nuevos y nuevos.
Lo mismo evitar casos dumping (competencia desleal de productos importados) sobre todo alimentos que están quebrando a la industria alimenticia mexicana. No puede costar 45% más barato el pollo despiezado de importación que el mexicano.
¿Renegociar? ¿Replantear? ¿Extender a otra etapa? Primero hay que comenzar leyendo el documento demócrata de 94 páginas titulado “Renovando la Promesa de América”, en el que se hace alusión a México.
Las bases deben darle impulso a la integración de América del Norte avanzando en una mayor etapa de la misma donde se dé una libre movilidad del factor trabajo, es decir, que la liberalización llegue a todos los factores de la producción.
El tema migratorio debe incluirse en el texto renegociado, enriquecido y ampliado. Basta de tantas muertes impunes de inmigrantes,  esclavización de personas y lucrar con las vidas humanas. Los mexicanos merecemos un trato digno al mismo nivel que los canadienses.
Para México, la revitalización del Tlcan tiene que ir acompañada por serios compromisos de concluir la reforma del Estado, reforma fiscal y económica, todas traducidas a políticas públicas efectivas; y desde luego, limpiar la casa del germen de la corrupción.
P.D. Le invito a que opine del tema en mi blog http//claudialunapalencia.blogspot.com.

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