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Inolvidables - December 25, 2010

Manuel Tolsá dejó una aportación fundamental para la riqueza arquitectónica y escultórica de México

conclusión de los trabajos de la Catedral Metropolitana, el Palacio de Minería, las casas del marqués del Apartado y del marqués de Selva Nevada; los proyectos para el Colegio de las Misiones y de la Iglesia de Loreto, así como la Capilla de Santo Domingo.

Además, talló las cabezas de la Dolorosa que están en La Profesa y en El Sagrario; hizo los planos para el convento de Propaganda Fide, en Orizaba; proyectó el Hospicio Cabañas de Guadalajara; edificó el Ciprés de la catedral de Puebla; esculpió en madera la Virgen que se conserva en el arzobispado de Puebla; construyó la fuente y el obelisco del camino de Toluca; y cinceló el busto de Hernán Cortés para su tumba.

Tolsá estudió arquitectura y escultura en las reales academias de San Carlos de Valencia y de San Fernando de Madrid. En España fue escultor de cámara del rey, ministro de la Suprema Junta de Comercio, Minas, y académico de mérito de San Fernando.

Viajó a México en 1791, con el nombramiento de director de Escultura de la recién creada Academia de San Carlos; con él trajo en 76 cajones una colección, enviada por el rey, de réplicas vaciadas en yeso de las principales obras españolas y vaticanas, actualmente albergadas en el Museo de San Carlos.

Establecido en la capital de la Nueva España, abrió una casa de baños y formó una sociedad para la instalación de una fábrica de coches. El Ayuntamiento le encargó varias tareas, que el arquitecto realizó sin recibir remuneración alguna, entre ellas el reconocimiento del desagüe del valle de México, la nueva introducción de aguas potables, los baños del Peñón y las nuevas plantas de la Alameda,  entre otras.

Para obtener el título de académico de mérito en Arquitectura, presentó tres dibujos: uno para la erección del Colegio de Minería, otro de un retablo y un tercero para la celda que sería ocupada por la marquesa de Selva Nevada, en  convento de Regina Coeli. En 1793 hizo el primer proyecto para una plaza de toros, obra que nunca se construyó.

Quizás su encargo más notable fue la conclusión de las obras de la Catedral de México. En ésta decoró las torres y el frontis con estatuas, entre ellas las virtudes teologales que rematan el cubo del reloj; y diseñó la cúpula, las balaustradas y los zócalos de las cruces del atrio, todo lo cual terminó en 1813.

Anecdotario

Como notable escultor, Tolsá se formó en Valencia en el taller de don José Puchol, hijo del arquitecto del mismo nombre, autor de las Escuelas Pías de Valencia. También, en su obra posterior, acusó una marcada influencia del arquitecto Gilabert. En Madrid tuvo como maestro al escultor don Juan Pascual de Mena, autor del Neptuno del Paseo del Prado.

En 1789, fue nombrado académico de mérito de San Fernando, y unos meses más tarde de San Carlos. En septiembre del año 1790 se le designó académico director de escultura de la Academia de San Carlos de México.

Tolsá encontró en la capital de la Nueva España a otros valencianos, Joaquín Fabregat, que ocupaba la dirección de grabado en San Carlos y el pintor Rafael Ximeno, que en 1793 fue nombrado director de pintura.

Tolsá vivió siempre en la Ciudad de México. No se tiene noticias de viajes fuera de la Nueva España, dedicado por completo a su trabajo como arquitecto y escultor y a sus labores de docencia en San Carlos.

En 1794, Tolsa se casó con una dama veracruzana, María Luisa de Sanz Téllez Girón y Espinosa de los Monteros, con quien tuvo nueve hijos. Se relacionó con la aristocracia y con el alto clero, recibiendo importantes encargos, tanto de la sociedad civil como religiosa, así como de las clases dirigentes.

Perteneció a los círculos ilustrados, en los que se defendieron los ideales del progreso y el orden. Como director de escultura de San Carlos, propagó la moda neoclásica, arremetiendo contra los excesos del barroco.

Ya jubilado como director de escultura y arquitectura de la Academia Mexicana, murió el 24 de diciembre de 1816.

La impronta de Tolsá

Fue tal la influencia de Tolsá en la Nueva España, que al estilo neoclásico se le llamó en México estilo Tolsá. La especialista Elisa García Barragán mencionó como obras sobresalientes del arquitecto las tres Virtudes Teologales que coronan el cubo del reloj de la Catedral Metropolitana de México, el busto de Hernán Cortés fundido a la cera perdida, la estatua ecuestre de Carlos IV, conocida popularmente como El Caballito, el baldaquino de la Catedral de Puebla, llamado también El Ciprés, las Purísimas de la Catedral de Puebla y de la Iglesia de la Profesa en la ciudad de México y las piras funerarias, entre otras numerosas figuras escultóricas.

De su amplia obra arquitectónica, destacan la Casa de los marqueses de Buenavista (1795), edificio neoclásico ahora sede del Museo Nacional de San Carlos, donde demostró su enorme poder de observación y su comprensión espacial. También la conclusión de la Catedral de México, donde decoró las torres y el frontis con estatuas, entre ellas las Virtudes teologales que rematan el cubo del reloj; y diseñó la cúpula, las balaustradas y los zócalos de las cruces del atrio, todo lo cual terminó en 1813.

Podemos mencionar también la estatua ecuestre del rey Carlos IV de España (1796), conocida como El Caballito, y el Proyecto del Hospicio Cabañas en Guadalajara (1797) y El Palacio de Minería (1797), donde resume la tendencia neoclásica de la época. Además del Baldaquino de la Catedral de Puebla (1799), uno de los ejemplos más bellos de la capacidad compositiva de Tolsá.

El Caballito ha tenido varios emplazamientos, el primero fue en la Plaza principal (actual Zócalo capitalino), por falta de bronce para fundirla, el 9 de diciembre de 1796 fue develada una escultura provisional de madera y estuco, recubierta con hojas de oro.  Ese día el virrey y su corte arrojaron desde los balcones del Palacio 3 mil medallas conmemorativas de plata y bronce.

Reunido finalmente el metal, el vaciado se hizo el 4 de agosto de 1802. Cinco días después, se comprobó que el vaciado había sido un éxito. Fue la escultura más grande y de una sola pieza efectuada hasta ese momento en los dominios españoles de América. La enorme escultura de bronce mide 4.88 metros de altura, 1.78 de ancho y 5.40 de largo (ocho veces el tamaño natural) y pesa casi 6 toneladas.

Después de la cruenta guerra de Independencia, el general Guadalupe Victoria, quiso fundir la estatua, pero don Lucas Alamán, lo hizo desistir. En 1823, el Ayuntamiento contrató al arquitecto Brey para que transportara la escultura al claustro de la Universidad, situada entonces junto al Mercado de EI Volador, allí permaneció quince años

En 1852, se trasladó la escultura al Paseo de Bucareli, en ese momento en remodelación, donde fue colocada en un pedestal diseñado por el arquitecto Lorenzo de la Hidalga. 127 años permaneció en la glorieta del Paseo de la Reforma y la calle de Bucareli.

En 1979 se encargó al arquitecto Sergio Zaldívar Guerra (entonces director general de Sitios Patrimoniales y Monumentos del Departamento del Distrito Federal) el traslado de El Caballito a la Plaza Tolsá, frente al Palacio de Minería, en las calles de Tacuba. Así dieron su más reciente trote El Caballito y su ilustre jinete.

Museo Tolsá

Precisamente en el Palacio de Minería, construido por él, se encuentra el Museo Manuel Tolsá (Tacuba 7, Centro) dependiente de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), inaugurado en 1999 como un espacio de homenaje dedicado al arquitecto y artista valenciano.

El proyecto Museo Tolsá fue realizado por la Facultad de Ingeniería de la UNAM, las tres salas que conforman el museo buscan la recreación de diferentes escenografías del siglo XIX, transportando con ello al visitante a diferentes momentos históricos. Las obras que se exponen son propiedad de la UNAM y de coleccionistas particulares.

JBL
Fuente: (CONACULTA)

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