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Entrevistas - December 9, 2010

Maruxa Vilalta, dramaturga mexicana y promotora de la lectura reconocida con el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010

escritura dramática. “El acierto, o el pecado, de mi escritura es que siempre fue de vanguardia; fui y sigo siendo una escritora de vanguardia”.

Vilalta es autora de un gran número de piezas teatrales, la mayoría llevadas a escena por ella misma. Su teatro ha sido traducido, publicado y representado en diversos países. Ha ganado 10 veces el premio de los críticos a la Mejor Obra del Año. Sus temas preferidos son la incomunicación y el afán de evasión de los seres humanos, así como la crítica política, la protesta contra la injusticia social y la defensa del ser humano.

En entrevista con Conaculta, Vilalta recuerda sus inicios como dramaturga, el paso de sus obras sobre los escenarios de México y el extranjero, sus preocupaciones sociales y su defensa de la lectura como una de las más acabadas formas de educar a la población.

“El Premio Nacional de Ciencias y Artes es el mejor que me han dado en la vida, por las ganas de reconocer mi trayectoria completa, los demás premios han sido para la mejor obra del año, como autora o de carácter local, pero este reconocimiento es nacional”, comentó emocionada.

–Usted ha dicho en varias ocasiones que no escribe a sus personajes, sino que éstos surgen espontáneamente de su imaginación.

–Efectivamente, yo necesito que el personaje me dicte, se mueva y me dé órdenes. Para eso necesito un personaje muy bien construido, que yo fabrico, pero una vez que el personaje ya está, él comienza vivir y a moverse solo, él solito se va desarrollando. ¡Ay de aquel escritor que contradice a sus personajes! Entonces el personaje se arruina y no sirve para nada.

–Usted empezó con cuento y novela, ¿por qué decidió dedicarse por completo a la dramaturgia?

–Yo cuando vi mi primera obra en escena quedé fascinada, yo no la dirigí, sólo la escribí. Fue la adaptación de una novela mía. Descubrí como lo que yo había imaginado y escrito servía para que se moviera un señor, lo que él iba a decir yo también lo decía, porque me sabía la obra de memoria. Fue un golpe muy fuerte, un deslumbramiento y desde ese momento dije “de ahora en adelante yo sólo quiero escribir teatro”.

–Después también dirigió sus piezas, ¿por qué?

–Como decía García Lorca, para defenderlas. Creo que yo comencé a dirigir para defender mi obra, para que no llegara otro e hiciera lo que quisiera con mis personajes. Yo quería que mi teatro fuera de vanguardia, así que me propuse hacerlo yo sola. El teatro de México, lo he pensado siempre, tiene que ser universal, para que todo mundo lo entienda.

–Platiquemos de sus últimos trabajos llevados a escena…

–Con vista a la bahía estuvo más de un año en cartelera, en el Teatro El Granero, del INBA y luego en el Centro Cultural Helénico, del Conaculta. Ahora la Dirección de Publicaciones del Conaculta va a publicar esta obra.

“Yo monté muchas obras en El Granero porque me gustaba el escenario en círculo, el isabelino, porque es más difícil, porque tienes al actor frente a tus narices. Mi primer director fue Xavier Rojas, luego me dediqué a dirigir mis escritos. Rojas también dirigió Soliloquio del tiempo, donde el personaje es el tiempo hablando de sí mismo”, recordó Vilalta.

–Y 1910, ¿la hizo para el Centenario de la Revolución?

–¡Qué va! No sé por qué empecé con la Revolución, lo que sí sé es que yo quise dar un mensaje: Antes que los héroes y los traidores, está el soldado muerto en combate. Antes que Zapata, Madero o Carranza está un artillero que va arrastrando su cañón. Este personaje se llama Sebastián. Yo lo que quise decir fue que, después del cambio, el hambre de la gente sigue siendo la misma. Siempre he hecho crítica política y social en mis obras, siempre.

Maruxa Vilalta recuerda que “siempre he sido nocturna, escribo de noche”, quizá por ello en algunas de sus obras aparecen personajes sombríos, pero en otras busca la luz, con personajes de la religión católica, como San Ignacio de Loyola, San Francisco de Asís, San Jerónimo o el propio Jesucristo. ¿Por qué?

“Hubo un tiempo en que me interesó hacer eso, pensaba que la religión era un poco rígida, un ritual sin mucho sentido humano, eso de ir a misa, confesarse, comulgar. Yo veía a los santos de otra manera, los veía como héroes, como gente valiente que defendía sus creencias. Por ejemplo, San Jerónimo, que escribió la Biblia como la conocemos ahora, fue un personaje que no quería ser cura sino escritor. Aun así logró traducir del griego y del hebreo, y nos dio la Biblia.

“Jesucristo nunca fue aburrido, como lo son muchos curas en la actualidad; era igual que muchos hombres y trataba de ayudar al prójimo. Por eso la obra que escribí sobre él, Jesucristo entre nosotros, plantea cómo unos jóvenes relajientos y descreídos actúan como Jesús y María Magdalena. Al terminar la obra, la gente le besaba la mano al actor que hacía de Jesús. Con estas obras yo quería que la gente viera a la religión de otra manera”.

“El público es el mejor crítico, no perdona, lo tienes que convencer. Yo no creo en ese teatro que arremete contra el público, que les avienta jitomates. Los encueramientos, ¿a quién asusta eso? Yo creo en la inteligencia de la gente, a mí me gusta mostrar las emociones, sin tener que vomitar en escena. Yo no quería asustar sino conquistar”.

–¿Por eso llevó sus recomendaciones de libros a la televisión?

–Estuve como 15 años en el Canal 13, allí hablaba de libros, pero no mostraba la portada, ni decía esta o aquella editorial. Yo invitaba a leer, les preguntaba: ¿les gusta leer? ¡Pues vamos a leer Ana Karénina o El Quijote. Nunca hablé de un best seller. Lo que yo dije, y sigo diciendo, la gente es inteligente.

Los orígenes

Maruxa Vilalta nació en Barcelona, España, el 23 de septiembre de 1932, hija del abogado Antonio Vilalta y Vidal, figura relevante en la Segunda República española de 1931, uno de los luchadores por el Estatut de la Generalitat, fundador del partido Esquerra Republicana, y de María Soteras Maurí, la primera mujer que se recibió de abogada en la Universidad de Barcelona.

En 1936, al iniciarse la Guerra Civil en España, la familia Vilalta se exilia tres años en Bruselas y, después, llega a México vía Nueva York en 1939. Maruxa recuerda: “Yo no viví la guerra ni los combates, pero sí recuerdo a mi padre ayudando a los refugiados que llegaban a Bélgica, los apoyaba para conseguir pasaportes y salvoconductos para salir de Europa, hacía  esto sin pedir nada a cambio”.

Ya en México, “yo viví una infancia muy feliz, mis padres estaban convencidos de que ser católicos era hacer el bien”. Mi papá abrió la Médico Farmacéutica, una sociedad que daba atención médica a quienes llegaban a solicitarla, de manera gratuita. Fueran refugiados u obreros mexicanos, sin distinción”.

Maruxa obtiene la nacionalidad mexicana a los ocho años de edad. Estudia en Liceo Franco Mexicano y después ingresa a la Universidad Nacional Autónoma de México donde estudia en la Facultad de Filosofía y Letras y luego cursa la maestría en letras españolas. Como escritora publica tres novelas El castigo (1957), Los desorientados (1959) y Dos colores para el paisaje (1961).

A partir de los años sesenta, todo lo que escribe son piezas de teatro, con excepción de algunos cuentos, publicados en periódicos y revistas culturales, y el libro de relatos El otro día, la muerte (Serie del Volador, Joaquín Mortiz, 1974).

Algunas de sus obras más destacadas son Soliloquio del tiempo (1964); Cuestión de narices (1966); Esta noche juntos, amándonos tanto (1970); Nada como el piso 16 (1976); Historia de él (1978) y Una mujer, dos hombres y un balazo (1981), esta pieza contiene cuatro obras en un acto: En las Lomas, esa noche; El té de los señores Mercier; El barco ebrio, y Archie & Bonnie.

También destacan Pequeña historia de horror (y de amor desenfrenado) (1985); Una voz en el desierto. Vida de San Jerónimo (1991); Francisco de Asís (1992); Jesucristo entre nosotros (1994); Ignacio y los jesuitas (1997); 1910 (2000 y reestreno en 2001) y Con vista a la bahía, estrenada en el Teatro El Granero en 2007.

Sus obras han ganado premios como el Juan Ruiz de Alarcón y reconocimientos a la Mejor Obra del Año por distintas asociaciones de críticos teatrales. Fuera de México se han presentado en Honduras y Colombia, entre otros países.

En 2002, la Dirección de Publicaciones del Conaculta editó en la colección Lecturas Mexicanas un libro que reúne las piezas 1910, Una mujer, dos hombres y un balazo, Pequeña historia de horror (y de amor desenfrenado), Una voz en el desierto. Vida de San Jerónimo. Ese mismo año, la Universidad Nacional Autónoma de México publicó en su serie Voz Viva el disco-libro Antología de teatro de Maruxa Vilalta, con fragmentos sus obras y textos impresos.

También el Fondo de Cultura Económica ha publicado una Antología de su teatro, en la colección Letras Mexicanas, selección y prólogo de Felipe Garrido, y Teatro I (1972, 4ª.edición 1997), Teatro II (1989, 2ª. edición 1992) y Teatro III (1990, 3ª. edición 1994).
JLB
Fuente: (CONACULTA)

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