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Historia - November 18, 2010

Puebla: cuna de la Revolución Mexicana

siglo XX llegaron hasta donde casi todo mundo había temido: enfrentar al dictador y dar la pauta para la lucha que habría de llevar a los mexicanos a nuevas formas de vida y a superar las críticas condiciones del momento”. Aseguró el Dr. Mariano Torres Bautista, académico e investigador de la escuela de Filosofía y Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP).

Aunque todo parecía marchar de acuerdo a lo planeado y la revolución en el país debía estallar el 20 de noviembre de 1910. En Puebla, la situación tomó un camino diferente.

En enero de 1910, Aquiles Sedán lanzó una convocatoria a quienes llamaba “Hijos de la Patria y el trabajo”. “Al núcleo más numeroso de la sociedad es a quien nos dirigimos para que todos aquéllos que simpaticen con el alto y sublime principio que perseguimos: Sufragio Efectivo, No Reelección, vengan a agruparse en torno de la inmaculada enseña que hoy enarbolamos y nos ayuden eficazmente a instalar el Club Anti-reeleccionista de Obreros”, se leía en el manifiesto, según lo dicho por Mariano Torres.

Varias fueron las manifestaciones y movilizaciones de obreros, estudiantes y maderistas que se registraron en Puebla “a pesar de la mano de hierro que ejercía su gobernador, Mucio P. Martínez”.

Apoyado por pocos seguidores, y para mala fortuna de Aquiles Serdán, días antes de la fecha prevista, la revolución en Puebla se desató. Llegó a oídos de Aquiles Sedán la información de que el jefe de policía, Miguel Cabrera comenzaba una serie de cateos para tratar de encontrar las armas de los futuros rebeldes.

En la casa de Santa Clara, repleta de armamento que se ocuparía para el movimiento del 20 de noviembre, privaba la inquietud.

Aquiles reunió a sus más cercanos colaboradores, a los más confiables. Gente cuyo rastro se perdió con el torbellino de la revolución: Rosendo Contreras, Manuel Paz y Puente, Vicente Reyes, Clotilde Torres, Manuel Méndez, Miguel Patiño, Fausto Nieto, Manuel Velásquez, Juan Sánchez, Carlos Corona, Andrés Cano, Miguel Cruz, Francisco Sánchez, Epigmenio Martínez, Luis Teysser.

El 18 de Noviembre

Mariano Torres manifiesta que “La culminación de esta actitud valiente, decidida, a pesar de enfrentar el peso de la fuerza pública local desplegada por el cruel gobernador Mucio P. Martínez, es una página de nuestra historia mucho más conocida, la jornada sangrienta del 18 de noviembre de 1910 en el que se diera el ataque a la casa y muerte del prócer Aquiles Serdán”.

Desde las primeras horas del 18 de noviembre, Carmen, Máximo y Aquiles Serdán esperaban el momento del cateo a la Casa de Santa Clara reunidos con sus colaboradores maderistas. Cuando el momento llegó, los anti-reeleccionistas se defendían desde los balcones de la casa con armamento que habían preparado para tal hecho.

Tras la muerte de Cabrera al inicio del tiroteo, desde la azotea de la casa, Máximo y sus compañeros presenciaron la llegada del grueso de las tropas federales y el combate aumentaba de intensidad. Más tarde las fuerzas ya se habían apoderado de la azotea y Máximo había muerto.

Después de la muerte de Máximo, Rómulo Velasco asegura que Aquiles le pronunció a su madre: “¡Lo que siento, es haber sacrificado a hombres de tanto valor por un pueblo tan desgraciado y cobarde!”, ya que pocos eran los civiles que se habían unido a la defensa de los maderistas.

El escondite

Aquiles consideraba que si lograba escapar en los días siguientes podría reorganizar la revolución en el estado, de tal forma que la muerte de su hermano y del resto de sus correligionarios no fuese en vano. Aquiles tomó su revólver, guardó varios cartuchos y se dispuso a esconderse en un compartimiento que se encontraba en la planta baja de la casa. La madera del piso hacía imperceptible el lugar donde se encontraba el hueco.

Las mujeres de la casa doña Carmen Alatriste, Filomena del Valle y Carmen Serdán, fueron llevadas a prisión.

Tras la salida de las mujeres de la familia Serdán, el Jefe Político Joaquín Pita recorrió con calma la vieja casa. Observó minuciosamente cada espacio, cada rincón, cada una de las habitaciones esperando encontrar el escondite donde se hallaba Serdán.

Una tos delató el escondite de Aquiles y cayó muerto de un disparo en la madrugada del 19 de noviembre. Su cuerpo junto con el de Máximo fue exhibido en la penitenciaria y días después en las calles de la ciudad de Puebla, en razón de mostrar a los civiles lo que les pasaba a los maderistas.

A pesar de que las primeras manifestaciones de la Revolución en Puebla no fueron tan afortunadas, a partir de ese momento se desató la rebelión; la Revolución Mexicana había comenzado en gran parte del país.

Al respecto, Mariano Torres señaló: “Nuestra entidad contribuyó a desencadenar la acción del pueblo mexicano, y que esta etapa de la historia local no se circunscribió a los trágicos acontecimientos del 18 de noviembre de 1910, sino fue una lista de acciones valientes en las que participaron sectores completos de la Puebla del momento y que demostraron que solo con valor y constancia podía lograrse lo que pocos consideraban posible, el fin del largo régimen dictatorial del General Porfirio Díaz al aflorar las aspiraciones de los mexicanos de todos los rincones que luego secundarían tan valiente actitud”.

Fuente: (poblanerias.com)

 

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