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Entrevistas - November 18, 2010

Paco Ignacio Taibo II habla de cómo concibió la obra sobre el Centauro del Norte que ha vendido 130 mil ejemplares

best seller, con 130 mil ejemplares vendidos y traducida a seis idiomas.

¿Qué tiene de bonito el 20 de noviembre?
Que un día antes, el ministro de gobierno de Porfirio Díaz le mandó un telegrama en el que le decía “señor Presidente el país está en completa calma, las amenazas de disturbios no parecen tener trascendencia”. El 19 parece ser que el país se empeña siempre en llevarle la contraria a los burócratas.

La celebración del Bicentenario desmitifica los héroes, ¿quedamos huérfanos?
Lo que pasa es que el Estado panista enfrentó el aniversario de la Revolución sin la experiencia priista en manipular la historia. El PRI supo hacernos herederos de los personajes de la historia; y lo refrendaba con lo de la raza de bronce, los libros de texto, el ceremonial de los niños paseando banderas, deportistas desfilando. Además, el PAN no ha sabido qué hacer con la conmemoración básicamente porque viene de otra escuela ideológica. Viene del self made, la mezcla de horóscopos, la ideología de Televisa, todo este material que se generó en el norte y que construyó una especie de ideología de las clases medias conservadoras, reaccionarias. No tienen la experiencia, negativa, miserable, que sí tiene el PRI. El PAN se encontró con el problema de celebrar, pero no tiene identidad, no sabe quien le gusta en la historia.

Tienen a Madero
Les va a costar trabajo recuperarlo. Madero al fin y al cabo es el hombre que lucha contra el fraude electoral. No sé cómo Calderón puede recuperar, con un pasado de fraude electoral como el que tiene, la figura de Madero. Pero lo que me gusta de toda esta historia es que desde hace año y medio se ha generado ruido. La gente se pregunta ¿cuál Revolución? Surge también un clamor que dice “no hay nada que celebrar”.

¿Y qué celebramos?
La parte de la Revolución que se puede decir es nuestra. No tengo ningún conflicto con decir “Zapata vive, la lucha sigue”. Me identifico plenamente con este caudillo maravilloso que construye toda una teoría, una práctica militante y una guerra, sobre la base de que las comunidades son las propietarias de la tierra; ¡fuera los latifundistas! Y además, bajo control comunitario. Zapata me pone de buen humor cuando veo hacia el pasado.

No tengo problema en tener una intensa identidad con un Villa que llega de repente como turbión a la historia de México y dice cosas como “el fraude electoral será castigado con pena de muerte”, en el Plan de Río Florido. Cómo no te vas a identificar con un tipo como Flores Magón que es la continuidad de los principios, la fidelidad de la lucha, que te dice: “A mí el abismo no me asusta, el agua es más bella despeñándose”. Ahí están nuestras identidades profundas, las de este país.

¿Por qué la biografía de Villa?
Porque Villa es la venganza. Y estoy ¡hasta la madre! Villa es “aquí vienen los jodidos a reparar injusticias, abusos del poder, represión”.

¿Nos hace falta un Villa ahora?
Siempre nos hacen falta figuras como esta que asumen la voluntad popular.

Parece que no las tenemos.
Ya aparecerán, cada tiempo tiene sus personajes.

En este momento no los tenemos.
Tampoco tenemos una situación de confrontación armada en la que necesites un ejército como la División del Norte.

¿Aunque el asunto del narco nos esté matando?
Esa es otra historia. Por cierto, Villa resolvió el problema del tráfico de drogas en Chihuahua y Coahuila: decretó pena de muerte a los traficantes y permitió todo lo demás.Y puso a cobrar a soldados en los prostíbulos y las cantinas; con eso mantenía la División del Norte.

También fue bandolero, violador.
Lo de violador es mito. Tiene un pasado bandolero y ahí está. Pero también tiene un momento en el cual decide transformarse a revolucionario. De una manera muy confusa, ¿cómo si no? Era un hombre iletrado, sin formación política.

El encuentro con Madero es muy interesante, Villa anda buscando un jefe, en su mentalidad de bandolero, las jerarquías, etcétera, y entonces se encuentra a Madero, que viene de una serie de fracasos en haber lanzado la Revolución. Hay testimonios de lo que dijo cuando vio por primera vez a Madero, que estaba montando un caballo. Dijo:“Es un catrín con sarapito”. Pero era injusto, porque Madero era un buen jinete, lo que pasa es que estaba herido y lo estaban ayudando a montar.

¿Por qué se casaba tantas veces?
Porque de alguna manera pasar de la vida conyugal al matrimonio crea un lazo, obligaciones que Villa asumía.¿Era polígamo? Sí. ¿Estaba contra el matrimonio? No. Hay testimonios de que en un discurso con la División del Norte dice: “forzar no, muchachos, al que fuerce a una muchacha, lo fusilamos. Pero si ellas quieren, y ustedes quieren, pues ¡órale! Si se quieren casar, pues denles ese gusto,”. De alguna manera creaba el compromiso, nunca dejó botado a ninguno de sus hijos. Además, las redes de sus amores son las redes de sus contactos. Ahí donde llega, sabe que no lo van a traicionar. En la primera etapa de la División del Norte, apadrina a centenares de chavitos de sus combatientes. La red del compadrazgo le da una solidez mayor. La protección de los huérfanos es otra de sus obsesiones, además de un montón de hijos, tiene un montón de huérfanos, arrimados que mantiene.

Hacer una biografía implica reconstruir…
Y cuando tienes dudas, dejar que el lector te acompañe en las dudas, que piense. No rellenar los huecos.

¿Cómo es el asunto de la verdad?
Pues es algo que tienes que desentrañar por el método más racional, vas organizando la información, desechando lo que es evidentemente falso, comprobando las pequeñas cosas, los historiadores de superficie no se toman la molestia de pensar que no te puedes echar una cabalgata de 80 kilómetros en un día, necesitas dos, y eso, reventando los caballos. Esto implica saber qué tipo de caballo tenían los villistas, por qué se reían de los zapatistas cuando vieron el caballo chiquito sureño.

¿Y la tentación de hacer novela?
Es cabrona. Cuando estaba escribiendo La Batalla de Celaya, estuve tres días diciéndome: “uta, qué ganas de que gane Villa. Pero te aguantas, y no pones un diálogo que no tienes constancia que haya existido; no pones cosas en la cabeza del personaje, como hace Martín Luis Guzmán. Porque entonces haces novela, y no biografía.

¿Qué pasa cuando termina de escribir una biografía como ésta?
Lloras. Te quedas solo, perdiste a tu jefe.

Fuente: (milenio.com)

Foto: Cortesía Mónica González

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