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Columnista Invitado - November 17, 2010

Declaración de amor a mi cuerpo

muchos conceptos adquiridos en mi infancia y adolescencia me decían que era pequeña. Esos conceptos lastimaron mi autoestima. Ahora reconozco que soy una mujer completa. Mi cuerpo es abundante, frondoso como el de una Diosa. Mi cuerpo es todo lo que habita en mi interior y como es mucho lo que tengo adentro por eso mi cuerpo es grande y generoso.

Ahora es más importante para mí valorar, aceptar y honrar mi cuerpo, porque está lleno de vida, de experiencias, de sabiduría, de amor y sentimientos. La sociedad dice que las mujeres “deben” ser flacas o delgadas en extremo. Y tener curvas es casi un “delito”. También la sociedad y la mercadotecnia dicen que “debes” aparentar ser “eternamente jóven”.  Me opongo a estas ideas pues coartan mi libertad y la de muchas mujeres más en el mundo. Es ir en contra de un proceso natural. Es negar la sabiduría que se adquiere con el tiempo y las experiencias de vida.

No quiero ser pequeña porque el Universo, Dios Madre-Padre me permitieron con libertad gozar del amor y la alegría. En mi proceso personal también reconozco que hay otros sentimientos, como el miedo, la tristeza y el enojo. Es importante reconocer y validar estos sentimientos para expresarlos de una forma sana y sin auto destruir y agredir a otras personas.

No me hago pequeña porque estoy segura que yo, así como otras mujeres tenemos un infito potencial para crecer y aprender a ser amorosas con nosotras mismas, con nuestros cuerpos y todo lo que habita en nuestro ser.

No me hago pequeña porque mi alma y mi energía no tienen peso, talla, medidas y por lo tanto soy la expresión más grande del amor Divino y Universal.

No me hago pequeña porque me respeto y respeto a los demás. La vida no es una competencia entre mujeres y hombres. La vida es compartir, vivir, amar, gozar, sentir, volar y estar con raices sólidas.

Ahora ya no me lastima si alguien me puede llamar “gorda”, “rellena”, o cualquier otro calificativo. Me miro cada mañana en el espejo y a la mujer que veo ahí la considero mi mejor amiga, mi amiga incondicional. La miro y digo…qué bella es y cuánto amor siento por ella. Esa mujer me inspira respeto y honro todas sus heridas y dolores que ha enfrentado como guerrera en sus 42 años de vida. La miro en el espejo y siento una emoción grande.

Quisiera decirle a todas las mujeres y hombres que no se sienten bien con sus cuerpos y rostros que recuerden que en el fondo de cada uno está un diamante hermoso y que ese diamante tiene luz. Si dejan que salga la luz de ese diamante podrán reconocer en consciencia que hay belleza adentro y afuera. Que la belleza no es una talla, no es ser “eternamente” jóven, no es botox y cirugía. La belleza es el amor que vive en nuestro interior.

No sigo nada de lo que dice la sociedad y los medios masivos. Solo quiero ser yo: y si alguien no puede aceptar mi cuerpo, mi rostro, mis curvas, mi vientre redondo, yo no lo rechazaré por nada. Giro mi cabeza para contemplar que hay más belleza, más abundancia y amor en otros lugares. No necesito más rechazo y violencia ahora que he logrado hacer la paz conmigo misma.

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