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Por la Espiral - November 6, 2010

Migrar por desertificación

desplazamientos desde el lugar de origen en busca de un reacomodo ya sea dentro del mismo territorio o en definitiva más allá de las fronteras.
No únicamente la pobreza, el clima de violencia e inseguridad provocan movimientos masivos de personas hacia otros estados de la República y por supuesto emigraciones hacia Estados Unidos, Canadá o Europa.
También la desertificación actúa como un expulsor territorial y tal parece que ante los cambios climáticos, la nocividad del medio ambiente,  contaminación,  presión demográfica sobre la disponibilidad de los recursos naturales y las malas prácticas de erosión de la tierra, la desertificación será sin lugar a dudas un  foco rojo de atención.
¿Qué es la desertificación? Se trata de “un proceso de degradación ecológica en el que el suelo fértil y productivo pierde total o parcialmente el potencial de producción. Esto sucede como resultado de la destrucción de su cubierta vegetal,  la erosión del suelo y  falta de agua; con frecuencia el ser humano favorece e incrementa este proceso como consecuencia de actividades como el cultivo y el pastoreo excesivos o la deforestación”.
Para la ONU se trata de “la degradación de las tierras áridas, semiáridas y zonas subhúmedas secas. Causado principalmente por variaciones climáticas y actividades humanas tales como el cultivo, pastoreo excesivo y falta de riego“.
Por tanto, la desertificación no  refiere a la expansión de los desiertos existentes. “Sucede porque las tierras áridas que cubren una tercera parte del total de la tierra son extremadamente vulnerables a la sobreexplotación y uso inapropiado.”
Los pronósticos en torno de este tema no son nada halagüeños tanto en México como a nivel mundial: la ONU anticipa que para 2025 la desertificación de las tierras afectará a casi el 70% del planeta de no aplicarse estrategias urgentes y prioritarias a fin de evitar tensiones entre los seres humanos derivadas de la lucha por el agua, movimiento de población de un país a otro limítrofe o transcontinental en busca de tierra fértil y  agua para cultivar y vivir.
Al menos dos mil millones de seres humanos sobreviven afectados directamente por la desertificación, orillados a la hambruna y una sed insaciable.
De los 7 mil millones de seres humanos que habitamos el planeta, casi 30% están condenados a morirse de hambre y de sed, en buena medida debido a la desertificación y la mayoría viven en  países en vías de desarrollo.
Desde allí sale un  éxodo en busca de refugio en otros países no únicamente traspasan las fronteras naturales muchos movilizan hacia otros continentes.
GALIMATÍAS
La desertificación y la sequía son una amenaza global cada vez mayor. La ONU advierte que actividades humanas como el cultivo y  pastoreo intensivo, mala utilización del regadío aunado al cambio climático convierten los suelos fértiles en tierras poco productivas y a veces estériles.
En todo el mundo se reduce la superficie cultivable por persona lo que amenaza la seguridad alimentaria especialmente en las áreas rurales pobres y desencadena crisis humanitarias y económicas.
En México cerca del 70% de la tierra es vulnerable a la desertificación, lo que provoca los desplazamientos humanos que la ONU cifra en 900 mil mexicanos anualmente.
Sin embargo, no existe lugar donde el problema de la desertificación sea tan severo como en África, se espera que el número de refugiados por causas medioambientales incremente a 25 millones en las siguientes dos décadas.
SERPIENTES Y ESCALERAS
La tierra se seca y el agua se acaba. Las generaciones actuales pagamos por los excesos de la época de los baby boomers y  la explosión demográfica debido al asentamiento industrial en las grandes urbes.
También somos víctimas de la mala planeación urbana, falta de atención rural, todos los vicios tejidos derredor de la pobreza como el hecho de la erosión de la tierra por una mala práctica en la siembra y el desperdicio de recursos que muchas veces conlleva.
El punto focal es que un cúmulo de  tensiones sociales, urbanas y demográficas pueden derivar en un futuro próximo todavía más inestable debido a los desplazamientos humanos por la carencia de agua y la expansión de tierras  áridas improductivas.
No sé si actualmente exista mucha o poca preocupación  al respecto, al menos la ONU trata de poner una serie de lineamientos este año comenzó “la década de lucha contra la desertificación”.
El organismo internacional espera que los gobiernos de cada país tomen cartas en el asunto reconociendo su vital importancia en vísperas de que 3 mil 600 millones de hectáreas, un 25% de la superficie de la tierra, continuará con un elevado grado de desertificación.
El peligro es constante e inminente porque una tierra árida entra dentro de un ciclo nocivo caracterizado por sequías severas y prolongadas, inundaciones y escasez de agua.
Tanto la ONU como el PNUD afirman que anualmente a nivel mundial 12 millones de hectáreas son degradadas ocasionando una pérdida importante de cosechas, al menos 20 millones de toneladas de granos.
Con estos datos contundentes más todos los daños generados en la Humanidad por sequías e inundaciones bastaría para que de forma extraurgente los gobiernos en el mundo actuarán al respecto.
No obstante, se les ve tan aletargados que sinceramente las consecuencias del futuro inmediato provocan miedo, cuántas más sequías habrá que aguantar para que se actúe al respecto o cuántas mayores catástrofes humanas a causa de las inundaciones habrá que padecerse para tomar medidas en el asunto.
En verdad, su atención es urgente por el bien de todos porque aquí no escapa nadie, la desertificación provoca una escasez de alimentos y por ende una subida en su precio, orilla a la gente a migrar con las molestias que eso provoca para la tensión urbana de muchas ciudades. Finalmente nos afecta a todos.
P.D. Le invito a que opine del tema en mi blog http//claudialunapalenciablogspot.com.

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