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Pueblos Mágicos - August 4, 2010

Una canoa prehispánica, las tabernas de mezcal y la arquitectura minera son el atractivo de Atemanica, Jalisco

atascada una antigua canoa de una sola pieza que resultó ser una joya antropológica.

La historia parece inaudita, de fantasía, igual de fantástica que los paisajes de esta zona serrana, donde la arquitectura minera del periodo virreinal, las tabernas clandestinas de vino mezcal y todo el patrimonio inmaterial que ha sobrevivido por siglos, podrían ser un atractivo turístico que ofrezca alternativas de trabajo a una región aislada en la que la geografía ofrece casi una sola opción de subsistencia: el narcotráfico.

Con la fuerza de 15 hombres sacaron del extinto lago el tronco ahuecado de aproximadamente cuatro metros de largo y lo llevaron a una iglesia del siglo XVI del poblado de Atemanica (Tequila, Jalisco), un viejo real de minas olvidado, mencionado en Guadalajara sólo cuando la zona se “calienta” por enfrentamientos armados en la Sierra Madre Occidental.

La canoa, con laterales planos y agujeros para las amarras, aparece en códices prehispánicos y en México sólo existen tres ejemplares como éste y hay pocos estudios sobre ellos. Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) que revisaron la pieza opinan que puede ser de la época precolombina o colonial, lo cual se determinará con estudios de carbono 14 o a través de la dendrocronología que permite investigar la historia del árbol que se usó para hacerla, examinando sus anillos de crecimiento.

“¿La habrán hecho los indios o los aztecas? Está curioso, porque es una sola pieza; no tiene ni una grapa, está hecha del mero corazón del árbol. Quien la hizo sabía de ciencia”, reflexiona uno de los viejos de Atemanica, sentado afuera de su casa de piedra y puerta de madera que aún guarda la memoria de la minería que hizo que el poblado fuera uno de los más relevantes de la región durante la época virreinal.

Ignacio Gómez Arriola, del Centro INAH Jalisco, impulsor del Paisaje Agavero como Patrimonio de la Humanidad, señala que durante el periodo colonial este poblado pudo ser más importante que la misma cabecera de Tequila, “porque cuando entran los españoles a territorio de la Nueva Galicia buscaban oro y plata y ahí encontraron algunas vetas. No olvidemos que de ese lado de la Barranca también están las minas de Zacatecas y Bolaños. Incluso está en descripciones del periodo virreinal, donde se menciona a Atemanica y su laguna (la misma que desapareció con la tromba)”.

El arquitecto sugiere que la canoa sea restaurada y se exhiba para que, junto con el resto de atractivos del lugar, “impulse el turismo cultural. Vale la pena jugársela, porque la parte Norte de la Barranca del Río Santiago está sumamente abandonada y hay que decirlo, esa zona es de frontera de grupos delictivos, que se ha visto presionada por el narcotráfico y necesitamos medios alternos que desplacen esta presión, porque no hay otras opciones”.

El camino

Para llegar a Atemanica hay que tomar el camino a El Salvador y cruzar el Río Santiago por el punto donde está la presa Santa Rosa. Desde Guadalajara se hacen poco más de tres horas.

El Salvador es la zona alta de la sierra y aparenta calma. Sus opciones de trabajo son pocas: agricultura o minería. Las calles combinan algunos vestigios de la antigua minería, un calabozo del siglo XIX, una iglesia patrimonial, camionetas lujosas y miradas fijas a los extraños. La sugerencia es tomar la brecha con gente de la región, es una zona de trasiego de narcóticos donde actualmente hay una disputa de territorio. El camino es boscoso, abrupto y desolado.

Al llegar a Atemanica, donde viven alrededor de 300 personas, ya hay hombres esperando a los visitantes y muchos niños chimuelos en las calles empedradas, con manchas de desnutrición en el rostro. El trazo quebrado de las calles empedradas y las casas de piedra son típicas de un centro histórico de un real de minas. Hay un reloj solar y un muro tapizado de hoyos (el único que queda de la tienda de raya de una hacienda) que más bien parece paredón de fusilamiento donde cayeron muertos de la Revolución, la Guerra Cristera u otros enfrentamientos. “Ah sí, aquí ha habido siempre matazones, teníamos fama porque todos los días había cuatro  o cinco muertos, hasta que se acabaron las familias”, cuenta un viejo que asegura que eso ya se terminó.

A pesar de ser un sitio tan pequeño, en el templo de tipo neoclásico está resguardada la canoa y algunas piezas de arte sacro, estofados que requieren restauración. Y aunque no hay estudios arqueológicos de la zona, lo más probable es que había asentamientos indígenas; incluso, en las actas de nacimiento de principios del siglo XX se escribía lo siguiente: “nació un niño de raza indígena mezclado con blanco, quien pone por nombre…”.

Pero el sello de identidad de Atemanica lo describe doña Toña, de casi 90 años: “puede haber hambruna, pero de trago, no le sufrimos. Desde chiquillos todos aquí tenemos mezcal diario. Aunque antes era menos descarado, ahora hay más tabernas por todos lados. Y eso sí, el bueno es el que se hacía a vapor, a pura leña”. La mujer se acomoda en su silla y antes de despedirse advierte a carcajadas: “Si van arriba (a las tabernas), no vayan a bajar borrachos”.

Ignacio Gómez Arriola, quien realiza la tesis doctoral La arquitectura del tequila, resalta que en toda la zona serrana las tradiciones se han preservado, “desde la fabricación artesanal del queso, hasta la del tequila. El aislamiento del lugar ha generado la conservación del patrimonio inmaterial”.

Las tabernas

La producción artesanal de vino mezcal sigue viva en la Sierra de Tequila y ha conservado su pureza gracias al aislamiento del lugar.

De acuerdo a La arquitectura del tequila, de Gómez Arriola, actualmente siguen trabajando 11 tabernas (ver infografía), donde aún perviven procesos del siglo XVII. Algunas de ellas se encuentran en Atemanica y El Salvador.

El agave azul es originario de la Barranca del Río Santiago y es una planta domesticada. Cuando llegaron los españoles, la orden era sofocar a las tribus indígenas locales arrasando con los cultivos de agave, porque eran una fuente de subsistencia. “El objetivo era doblegar por hambre, porque el mezcal (que significa agave cocido) era una fuente de azúcares y carbohidratos”, relata el investigador.

Al llegar la tecnología de los alambiques de cobre, en las cañadas de Tequila los adaptaron con barro y madera, lo cual aprenden los indígenas y comienzan a hacer tequila.

En la Nueva España se prohibió la producción de vinos locales, como el mezcal, para no afectar el consumo de bebidas europeas. Eso provocó que en la Sierra de Tequila se instalaran tabernas clandestinas. Ignacio Gómez Arriola relata que “posteriormente la bebida fue tan importante, que sólo en la Nueva Galicia se autoriza, porque en 1635 se crea el impuesto del vino mezcal, que generaba ingresos para la Corona Española. De hecho con este dinero se introdujeron las obras de agua potable a Guadalajara, que era la capital, y se financió la construcción del Palacio de Gobierno”.

En el siglo XIX aparecen las destilerías en Tequila, pero las tabernas de cañada, que continúan con la tradición artesanal, perviven en la zona Norte de la Barranca del Río Santiago. El arquitecto del Centro INAH Jalisco puntualiza que esto manifiesta la absoluta vinculación del habitante con sus tradiciones ancestrales. “Por supuesto que desde el punto de vista oficial es clandestino y está fuera de la norma del Consejo Regulador del Tequila, pero no se necesita. Lo importante es que es una tradición centenaria y como tal debe estimularse”.

Tanto en el Ayuntamiento de Tequila como expertos en el tema conocen el potencial turístico de la zona, pues cualquier visitante pagaría por conocer la producción de tequila artesanal, los alimentos tradicionales y la arquitectura. Pero para ello, “se requiere una estrategia bien dirigida de las autoridades y asegurar las condiciones mínimas de seguridad”, concluye el también integrante del Comité Nacional Mexicano del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS) Jalisco.

¿En qué consiste la tradición?
En moler el agave en taona, fermentar en tinas de madera y cocer o destilar a leña. Además, siguen vigentes oficios tradicionales de la producción de tequila, como los operarios de las tabernas, el taonero que muele el mezcal cocido, los cubeteros que trasvasan de la taona a la tina, y el guarda vinos o maestro tequilero.

Fuente: (EL INFORMADOR)

 

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