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Toros y Deportes - July 9, 2010

“Plaza de Toros Arroyo”: ¡Veinte años de trabajo… y pasión!

Arroyo, se ha convertido en una tradición imprescindible en el calendario taurino mexicano.

Y aunque el gran patriarca no estaba sentado en la mesa de honor –alguien dijo por ahí que andaba en Sudáfrica, cosa que dudo, porque don Jesús Arroyo no es futbolero–, su imagen se percibía en el ambiente hasta en el último rincón del abarrotado salón “José Alfredo Jiménez” donde, literalmente, no cabía un alfiler.

Porque si algo ha sabido hacer el popular Chucho, desde hace muchos años, ahora con la invaluable ayuda de su hijo Pepe, es hacer Fiesta… y concitar personalidades de muy diversos ámbitos, como el famoso marchista olímpico Raúl González, que estaba, alegremente, departiendo con el maestro Eloy Cavazos. Dos personajes cuyos nombres están inscritos ya en la historia reciente de México.

En estas dos décadas de labor empresarial, por la Plaza Arroyo han desfilado  280 novilleros; se han lidiado más de mil novillos de 90 distintas ganaderías (casi la tercera parte de las que actualmente están inscritas en la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia);  y se han rendido medio centenar de homenajes, como el que recibirá el sábado 17 de julio, ese viejo lobo de mar llamado Rafael Báez, “venezolano de origen; mexicano por amor”, según dijo Pepe Arroyo en su bienvenida a los medios de comunicación.

Pero más que cifras, que suelen ser frías y no hablan precisamente de logros, la Plaza Arroyo se ha caracterizado por la seriedad con la que se hacen las cosas, y la importancia de lidiar novillos con edad e íntegros, que en muchas ocasiones ponen a prueba a los toreros.

Y por si fuera poco, el amplio despliegue mediático que supone esta temporada, es la que hace aún más significativa la labor de un equipo de trabajo, “del que me siento orgulloso” –apostilló Pepe con naturalidad– y  del que forma parte esencial Pablo Martínez, un hombre sencillo y centrado, que ha estado, durante todo este tiempo, al pie de la organización; esa que, en cuestiones taurinas, siempre conlleva unas claves muy especiales para llevarla a buen puerto.

Veinte años ininterrumpidos. Se dice pronto. Sin embargo, se trata de dos décadas de buscar, incansablemente, nuevos valores; de aportar un grano de arena, de un gran peso específico y proyección; de realizar un trabajo ético y profesional, donde nunca se le ha cobrado un solo peso a nadie por torear. En resumidas cuentas, son veinte años de trabajo… y pasión por la Fiesta. Y eso, señores, no sólo hay que aplaudirlo, sino reconocerlo en todo lo que vale. ¡Que sean muchos más!

Fuente: (mundotoromexico.com)

 

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