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Ciencia y Tecnología - July 6, 2010

Revelan datos del grupo nébome; ancestros prehispánicos de los pimas de Sonora

información arqueológica de esta región que abarca 67 kilómetros, donde especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH Conaculta) han logrado la identificación del área que ocupó este grupo sedentario, que de acuerdo con documentos históricos alcazaba una población de 20 mil habitantes.

Los primeros avances de esta investigación —basada en información etnohistórica y arqueológica—, fueron dados a conocer por Emiliano Gallaga Murrieta, al hablar del Proyecto Arqueológico Valle de Onavas (PAVO) que se desarrolló alrededor de la comunidad de Onavas, ubicada en la parte central del estado. Lo anterior en el marco de la XIII Conferencia de Arqueología de la Frontera Norte llevada a cabo recientemente.

Explicó que a partir de las investigaciones arqueológicas, efectuadas en el último lustro, se ha identificado un patrón de asentamiento con una distribución jerarquizada de los sitios, tal como lo describen las fuentes documentales. Se localizaron 83 campamentos asociados a actividades agrícolas, de recolección y de cacería, distribuidos en todo el valle; así como 36 rancherías, principalmente cercanas a campos de cultivo; cuatro aldeas al norte del valle y dos villas.

También, dijo, se encontraron 73 unidades habitacionales, así como terrazas agrícolas, evidencia de hornos, gran cantidad de metates, hachas de piedra, azadones y puntas de flecha. Estos vestigios corresponden a los periodos llamados Prehispánico Tardío (1300-1450) y Poscontacto (finales del siglo XVI y albores del XVII).

El arqueólogo Emiliano Gallaga indicó que de acuerdo con la distribución de estos asentamientos, el centro regional prehispánico posiblemente esté debajo de la comunidad actual de Onavas.

Así mismo, abundó que en varios de los sitios también fueron recuperadas vértebras de pescado y posibles pesas de piedra para redes. El especialista dijo que la evidencia material confirma una práctica agrícola con estrategias de control de agua, así como asentamientos de tamaño considerable y carácter sedentario.

“De acuerdo con documentos coloniales, el nombre de nébome se usó hasta el siglo XVII para identificar a las comunidades indígenas del Valle de Onavas, y a finales de esa centuria comenzó a utilizarse el término pimas bajos”.

Gallaga puntualizó que en el norte la ausencia de sociedades complejas como las que se desarrollaron en el centro de México, provocó que la penetración española durante la Conquista fuera lenta hacia la región denominada como Aridoamérica, y por ende que la descripción de los grupos prehispánicos fuera limitada por parte de los cronistas españoles.

“Lo anterior dejó un vacío de información sobre los grupos nativos por lo que la investigación tiene que hacerse de manera interdisciplinaria. En este caso, el diseño de estudio está basado en información documental etnohistórica y registros etnográficos, que aunado a los datos arqueológicos ha permitido llenar vacíos sobre la descripción de los nóbeme prehispánicos”.

Entre las crónicas a las que se ha recurrido para esta investigación, citó, las elaboradas en 1533 por Diego de Guzmán, quien da cuenta del primer registro del valle al describir la expedición hecha a la comunidad de Cumuripa, la más sureña del río Yaqui.

En tanto que,  destacó Emiliano Gallaga, fueron los jesuitas quienes dejaron la información etnohistórica más completa, recopilada a partir de su arribo a la región; los misioneros anotaron todas sus observaciones del área en sus reportes y documentos por más de 150 años, los cuales siguen siendo la fuente de información cultural fundamental acerca de estos grupos prehispánicos.

Las fuentes más significativas son los escritos de los frailes Pérez de Ribas, Juan Ortiz Zapata, Juan Varela, Philipp Segesser y el capitán Diego Martínez de Hurdaide, éste último ofrece valiosos testimonios, quien describe a los nébome como grupos pacíficos y dispuestos a la dominación española, y que incluso requerían constantemente del establecimiento de los misioneros.

“Esto, quizá como mecanismo de defensa ante la constante presión y hostilidades de los yaquis”, comentó el arqueólogo al referir que las crónicas también revelan que los nébomes vivían en casas de adobe, practicaban la agricultura de riego y eran los mejor vestidos de la región por su indumentaria caracterizada por pieles, piezas de algodón, joyería y plumas.

Sus unidades habitacionales estaban hechas de adobe compacto con techos de tierra, la mayoría de las casas contaban con huertas donde cultivaban plantas medicinales, de sustento y ornamentales; estos grupos practicaron la agricultura a las orillas y en las afluentes del río Yaqui; se dice que obtenían dos cosechas al año de maíz, frijol, calabaza, algodón y agave. También practicaron la caza, pesca y recolección de semillas de mesquite, cholla, tunas y nueces.

Respecto a los grupos con los que convivieron, concluyó que las fuentes documentales indican que mientras los pimas bajos o nébomes habitaban el centro del estado; los ópatas radicaban al norte de la región; al este, los guarijíos y tarahumaras; y los yoreme o yaquis al sur del territorio. Adicionalmente se menciona que a principios del siglo XVII los comcáac o seris, grupo cazador-recolector de la costa, también habitaban en la región de manera temporal.

Fuente: (INAH)

 

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