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Héroes Nacionales - July 3, 2010

Emiliano Zapata, conocido como el “Caudillo del Sur” ha sido el héroe mexicano que más artistas han plasmado

el graffiti, se ha convertido en una de las iconografías más notables en la historia visual.

Así lo señala la historiadora de arte María Helena Noval, coautora —con el historiador Salvador Rueda— del libro Zapata en Morelos (Lunwerg/ Planeta/ Gobierno de Morelos), obra que sirvió de base para el montaje de la exhibición homónima que se inaugura este 5 de julio en el Museo Nacional de Historia “Castillo de Chapultepec”.

La exposición, organizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) y el Gobierno del Estado de Morelos, además de reunir objetos históricos presenta un video con una secuencia de rostros del Caudillo del Sur, que dan cuenta de la interpretación que han hecho de él un sinfín de creadores; incluye también fotografías históricas y tres obras plásticas de autores recientes.

Y es que pinturas, litografías, dibujos, fotografías, arte objeto y más recientemente imágenes en souvenirs y graffitis, forman parte del mosaico de reinterpretaciones de la imagen del jefe revolucionario, elaboradas durante casi cien años por artistas como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Juan O´Gorman, José Chávez Morado, Raúl Anguiano, Alfredo Zalce, Arnold Belkin, Alberto Gironella, Julio Galán y Germán Venegas, entre otros.

Las imágenes emblemáticas del Archivo Casasola de la Fototeca Nacional del INAH y las del fotógrafo Hugo Brehme, son otros ejemplos de la producción visual generada a partir de la imagen del héroe sureño, misma que, dada su connotación cultural, también ha sido aprovechada con fines de lucro. Su rostro o algún otro elemento de la iconografía zapatista, ha adornado productos como tequilas, camisetas, portadas de libros, discos y cuadernos, así como objetos decorativos, con la finalidad de introducirlos en la sociedad de consumo.

Desde los años 20 del siglo pasado, Emiliano Zapata ha inspirado gran número de homenajes visuales entre artistas vinculados con la Escuela Mexicana de Pintura, la Escuela Mexicana de Escultura y el Muralismo, al margen de afiliaciones y diferencias políticas, refiere Noval.

En lo que toca al arte de la lente, se han elaborado miles de imágenes zapatistas, copiando y resignificando las fotografías del caudillo captadas por Hugo Brehme y la agencia de Agustín Víctor Casasola, y aunque éstas son pocas, las reinterpretaciones del ícono no acaban.

María Helena Noval recuerda obras como las de Rivera en las que sobresale un Zapata vestido de indio, todo de blanco y con una mirada dulcificada, que contrasta con las fotografías que publicaba en 1913 el periódico El Imparcial, presentándolo con pies de foto que daban cuenta de un roba vacas.

Explicó que los miembros del Taller de la Gráfica Popular también recurrieron a la iconografía zapatista para ilustrar publicaciones antiporfiristas y prorevolucionarias, como El Ahuizote, El Hijo del Ahuizote y El Bisnieto del Ahuizote, porque el Caudillo del Sur se atrevió a tomar una posición radical y sostenida con respecto a la justicia. “Además vestía de charro mexicano mostrando una dignidad y una elegancia inusuales en los pobladores menos favorecidos económica y socialmente”.

La historiadora recuerda también obras pictóricas de Arnold Belkin, como la Serie Zapata II y La legada de los generales Zapata y Villa al Palacio Nacional el 6 de diciembre de 1919, quien guiado por su interés en la pintura histórica y respondiendo a su formación como muralista en nuestro país, retrató varias veces al héroe morelense.

Para quienes integraron la Generación de la Ruptura, Zapata no era la revolución que el discurso político convirtió en imagen gastada, ni la pureza del hombre que busca el bien común. Alberto Gironella, quien se integró a este grupo en ocasiones, recurrió al tema aplicando su estilo y técnica relacionados con el mundo teatral y el arte barroco. En 1972 expuso en la Sala Nacional del Palacio de Bellas Artes, El entierro de Zapata y otros enterramientos, inspirados en El entierro del conde de Orgaz, de El Greco.

Más adelante, algunos artistas relacionados con el neomexicanismo han aprovechado la imagen zapatista como inspiración, tal es el caso de Julio Galán y Javier de la Garza. De este último, una pieza realizada durante el Mundial de Futbol de 1986, muestra el retrato de Emiliano Zapata y una pelota flotando a ras del suelo.

Noval también hace mención a los atributos físicos de Emiliano: “su elegante y delgada figura corporal, penetrantes ojos oscuros y bigote pobladísimo, dieron pie a gran cantidad de retratos realistas; las obras son tan particulares que poco a poco se convirtieron en el leitmotiv de la iconografía zapatista, provocando que el traje negro de charro, el  sombrero, el bigote y los ojos enmarcados por cejas pobladas, llegaran a identificar su presencia en la imagen”.

La historiadora del arte asegura que en el imaginario, “todos los mexicanos tenemos a un Zapata dentro de la cabeza pero no es el mismo que vivió, creamos una imagen a partir de conceptos que le vamos agregando a la figura original, el resultado es un mito pero también la resignificación del significante que fue Zapata”.

A partir del estudio que elaboramos Salvador Rueda y yo —explicó— pretendemos recoger todos esos pedacitos que existen de la imagen real de Zapata, como un espejo que se rompe en cientos de fragmentos, y decodificar la que se ha formado a partir de la unión de todos esos pedazos; es decir, recuperar al Emiliano Zapata del siglo XXI a partir de todas las interpretaciones que se ‘comieron’ al que murió.

Es así que la exposición Zapata en Morelos además de ofrecer una visión histórica del movimiento social que los zapatistas construyeron, también presenta la lectura de los artistas plásticos y fotógrafos hasta llegar a una convención estética que permite identificar al caudillo independientemente de quién lo plasme. Y Zapata se sigue pintando, ¿hasta cuándo?, no se sabe, finaliza Noval.

Fuente: (INAH)

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