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Inolvidables - June 26, 2010

Academia Mexicana de la Lengua rinde homenaje póstumo a reconocidos integrantes

l Casa Lamm este jueves.

El presidente de esta institución, José G. Moreno de Alba, acompañado por los miembros de número de la Academia: Adolfo Castañón, Vicente Leñero, Vicente Quirarte y Gonzalo Celorio, realizó la ceremonia solemne donde se recordó la personalidad, obra y anécdotas de los intelectuales y creadores mexicanos.

José G. Moreno de Alba leyó un breve texto que José Luis Martínez escribió poco antes de su muerte y en el que afirmaba: Cumplir tantos años es triste, porque la máquina humana se deteriora y uno comienza a extrañar a las personas y amigos que han partido.

“Este texto es clara prueba de que entre las infinitas cualidades de José Luis Martínez existía un entrañable sentido de la amistad, lo cual es una característica de los hombres sabios”.

Afirmó que los textos de José Luis Martínez son ejemplo de una prosa clara y elegante, apartada de agudezas falsas y añadidos superfluos, recordando cómo hace unos años se afirmaba con humor que Martínez “estaba a punto de graduarse de Alfonso Reyes”.

Con respecto a Andrés Henestrosa, Adolfo Castañón dijo que a la vuelta de unos años de su fallecimiento, se recuerda al autor mexicano con un pensamiento más profundo sobre su invaluable legado.

“Su valor fue el de escritor y poeta, creando con Los hombres que dispersó la danza una suerte de Popol Vuh zapoteco que enriqueció el panorama de la literatura y del reconocimiento de las culturas indígenas de nuestra nación”.

Refirió que Andrés Henestrosa fue un hombre con una inteligencia insolente que atemorizaba a muchos con sus reflexiones, además de ser un gran observador y un historiador de una lucidez impresionante.

“Era alguien que se encontraba muy a gusto en el siglo XIX mexicano, época en la que encontró su proyecto y su familia intelectual, identificando a la infancia del país con su propia edad de oro. Era desde la altura de esos años plenos, que se daba el lujo de decir toda la verdad sobre su tiempo”.

Por su parte, Vicente Leñero, recordó que el padre de Víctor Hugo Rascón Banda quería que su hijo siguiera el oficio de minero, mientras que su madre lo soñaba como profesional, arrimándole libros como quien arrima lámparas de luz.

“Recuerdo cuando se presentó en mi taller de dramaturgia con diversas reseñas de teatro y poco después escribiría su primera obra, en honor a una maestra de la secundaria y más tarde sorprendería a todos con Voces en el umbral”.

Leñero aseguró que las obras de Víctor Hugo Rascón Banda parecen salidas de las cuevas doradas que excavaba su padre minero, logrando arrancar de las biografías y las notas periodísticas, testimonios dramáticos que perdurarán por años en la escena nacional.

“Fuera de sus constantes discusiones con los directores teatrales que a menudo trataban de modificar sus obras, Víctor Hugo logró imponer su propia voz”.

Y agregó: “Aún recuerdo cuando me informó con ojos húmedos sobre un terrible diagnóstico médico y me conmovió ver debilitada su imponente figura. La enfermedad ganó, aun cuando él nadara siempre contracorriente, siendo ejemplo de un autor que escribió con lucidez y valentía, convirtiéndose en esa veta de oro que con tanto esfuerzo buscó su progenitor en la profundidad de la tierra”.

Vicente Quirarte rememoró que Ernesto de la Torre Villar ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua un 13 de marzo de 1970, dejando conocer con su obra las diversas voces que han descrito los acontecimientos más notables de México.

“Diversidad no fue en él sinónimo de dispersión, como lo muestra el libro Esbozos y escorzos de don Miguel Hidalgo, donde no hay una sola línea desperdiciada, o más aún con el libro Arte de estudiar el arte en México, que constituye uno de los más notables tratados de crítica”.

Finalmente, Gonzalo Celorio se refirió a Eulalio Ferrer como un notable cervantista que durante toda su vida buscó las ediciones más raras de El Quijote, rindiendo con cada una de sus iniciativas para apoyar la cultura y el arte, un digno homenaje al gran caballero universal.

“Como presidente de la Fundación Cervantina de México fue un gran promotor cultural que creó una de las más ricas bibliotecas especializadas en el caballero de la triste figura, siendo uno de los hijos predilectos del Togoso de las ensoñaciones quijotescas”.

Recordó que uno de los primeros libros de El Quijote que adquirió Ferrer fue a los 19 años, durante la Guerra Civil Española, cuando cambió por el ejemplar una cajetilla de cigarrillos.

“Es una de las figuras más prominentes del exilio español, siendo mecenas de numerosas empresas académicas y artísticas, además de ser uno de los principales teóricos de las teorías de la comunicación y la publicidad, escribiendo más de 40 libros”.
HBL    

Fuente: (CONACULTA)

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