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La Pirinola Deportiva - May 30, 2010

Alpinismo de personas ciegas y débiles visuales

ciertas personas y sobre todo la fuerza de voluntad para superar obstáculos que parecen insalvables dentro de una perspectiva normal. Quedarse sin vista es unas de las cosas que más impacta y modifica la vida de los seres humano.

El poder ver se ha convertido en una de las principales necesidades del ser humano actual. Casi todo lo que pasa en este mundo es visual e incluso los avances tecnológicos han propiciado que este sentido se vuelva fundamental en el desarrollo intelectual de los individuos.

¿Pero qué pasa cuando alguien ya no ve? Esta es una de las preguntas que seguramente causa mucho escozor porque difícilmente se puede encontrar una respuesta. Y sin embrago, las personas que han perdido la vista a lo largo de su vida o nacieron ciegos, se han acostumbrado a vivir así, se han adaptado a la modernidad y algunas hasta realizan deportes extremos.

En noviembre del año pasado, un grupo de alpinistas mexicanos conquistaron la cima del Iztaccíhuatl. Una hazaña mediana para los grandes escaladores, pero una gran aventura para personas que no ven. Guiados por el estadounidense Erik Weihenmayer, primer alpinista ciego en conquistar el Everest, el grupo logró el ascenso a la Mujer Dormida, luego de cuatro días de expedición.

Platicando con José Manuel Pacheco, uno de los alpinistas mexicanos ciegos que participó en este ascenso, uno queda sorprendido de la fuerza de voluntad, el aplomo y la valentía que tienen estas personas para rebasar la barrera que implica no ver y arriesgarse como cualquier otro alpinista que sí disfruta de la vista, en el alpinismo de alta montaña.

Sin duda son una clara muestra de que las limitantes que nos planteamos en la vida cotidiana no son de orden real, sino más bien son los miedos que no nos dejan avanzar. Como lo dice el propio Pacheco, “hay que salir de la burbuja del confort y disfrutar de la vida, porque hay mucho mundo afuera y muchas oportunidades”.

Algo que me dejó sorprendido de este alpinista es la sabiduría con que asume la vida. Ahora tiene 31 años y desde los 17 le detectaron un problema congénito que le afectó la vista de manera permanente y ahora no distingue nada de lo que esta a su alrededor. Pero cuando habla de que el haber quedado ciego le abrió el camino para lograr cosas que él cree que no hubiera logrado si no sufre esta enfermedad, nos demuestra que hay muchas cosas importantes en la vida y que no les hacemos caso.

Ellos llegaron a la cima y no son los primeros ni serán los último en hacer esto, pero cuando cuenta cómo llegaron, qué fue lo que sintieron y cómo conocieron la montaña a través de los demás sentidos, vuelve sorprendente esta aventura. Sintió como lo abrazó la neblina, olió el frío y la nieve, saboreó las caídas, tocó las texturas de las rocas y del camino y oyó el peligro cuando las piedras caían al vacío y no tocaban el fondo. “Eran caídas de funeraria” dice Pacheco.

A pesar de que su meta era la cima, José Manuel Pacheco asegura que para él lo más importante fue descubrir su cuerpo, conocer las posibilidades que tiene para conocer el mundo a través de los olores, sabores, sonidos y formas. No puede ver, es cierto, pero él disfruta igual de las cosas que le ofrece la vida tanto como si viera.

Ahora quiere subir al Pico de Orizaba y seguir con está “experiencia sensorial”. Y por si queda alguna duda de lo que se puede hacer sin ver, José Manuel Pacheco trabaja en la organización Ojos que Sienten, y entre muchas de sus actividades está el taller de fotografía para ciegos. Ellos toman las fotos y disfrutan de los momentos y sentimientos que se guardan en una imagen a pesar de que no las pueden ver…Nos vemos pronto.

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