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Arte y Cultura - May 29, 2010

El “Códice Florentino”, extraordinario documento bilingüe elaborado por 20 tlacuilos y 4 gramáticos indígenas en el Siglo XVI

o pintores y cuatro maestros indígenas.

Bilingüe y bicultural, esta antigua obra enciclopédica fue escrita a dos columnas, una en náhuatl y otra en español a manera de resumen, consta de cuatro mil páginas en dos mil folios, escritas a mano en perfectas columnas, y dos mil 686 imágenes también hechas a mano y coloreadas; cada libro esta acompañado por un prólogo hecho por Sahagún que sitúa la obra en dimensión y en el contexto de su tiempo.

La restauradora Diana Magaloni, quien tuvo acceso al documento conservado en la Biblioteca Medicea-Laurenziana de Florencia, Italia, para llevar a cabo una investigación y profundizar acerca  de los autores indígenas y la capacidad narrativa del manuscrito, refiere que al tratarse uno de los más de 50 documentos pictográficos mexicanos más importantes que se preservan en recintos extranjeros, debe de estar incluido en la Biblioteca Digital Mexicana, próxima a crearse.

La también directora del Museo Nacional de Antropología, destaca que el Códice Florentino es un fiel testimonio del papel que tuvieron los intelectuales indígenas en el proceso cultural del siglo XVI, “porque estos gramáticos, que hablaban tres lenguas: náhuatl, latín y español, podían escribir y leer todos los textos de tradición europea, a la vez que incorporaban su gran trayectoria de tres mil años de escritura y manufactura y concepción de los colores, para hacer una obra bicultural, “donde yo indígena te explico a ti occidental”.

Durante su investigación, la especialista del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) revisó también la manufactura de los pigmentos con que fue elaborado el códice, a partir del estudio del Libro 11 que reúne los tratados de cómo preparar los colores. “En este apartado hacen un esfuerzo conceptual por decir que los colores son una gran variedad de tonalidades y dejan sus recetas para obtenerlos.

“Se trata de métodos muy complicados que hablan de un valor cosmogónico no sólo del color, sino del tinte; es decir, del material elegido para elaborar determinada tonalidad, el cual está aplicado en el discurso también en relación con esa visión del universo mesoamericano.

Dicho estudio conjunto entre el INAH, la Universidad Nacional Autónoma de México y la universidad europea, y la colaboración de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM), revela cómo los tlacuilos experimentaron con las nuevas técnicas pictóricas vistas en los libros impresos de Europa, métodos gráficos y pictóricos importantes que recién llegaban a Mesoamérica.

“No obstante esta experimentación, los intelectuales indígenas insistieron en expresar sus propios conocimientos, tradiciones y mitos, mediante el uso de las técnicas externas”. Lo que se pudo determinar a partir del estudio de los tratados del color y reproducción de pigmentos a partir de lo contenido en el Libro 11 del códice, tarea realizada en la ENCRyM, y cuyos restauradores han trabajado por 30 años con las comunidades indígenas en el aprendizaje de la obtención de tintas naturales.

Magaloni, quien se ha dedicado al conocimiento de las técnicas pictóricas mesoamericanas e indígenas del siglo XVI, señala que las pinturas que integran el Códice Florentino no son sólo representaciones, “son una épica de la creación”, es decir, los tlacuilos “vuelven a pintar el mundo indígena que se había acabado con la Conquista, pero ahora en el contexto de la Nueva España, porque no tenían precedentes para el mañana por eso era necesario volver a decirlo, y en eso radica la importancia del documento”.

La obra está compuesta en tres volúmenes, como las enciclopedias europeas, con un total de 12 libros, y como en las ediciones medievales, divide el conocimiento en el mundo de las divinidades, de los hombres y de la naturaleza y los animales.

Para la directora del Museo de Antropología el Códice Florentino más que revolucionar la cultura de su época es un acto revolucionario en sí mismo, ya que es una enciclopedia bilingüe iluminada, donde la pictografía usa toda la tradición de los colores del mundo mesoamericano y se expande para pintar a la manera del Renacimiento; “los pintores se ven como grandes artistas interesados en adaptar su técnica y su conocimiento a esta nueva expansión de la imagen.

La magnitud de esta empresa intelectual del siglo XVI se dio en el contexto de la peste que acabó con el 80 por ciento de la población indígena de entonces; por eso este antiguo documento es ejemplo del compromiso de 20 autores nahuas que deciden terminar la obra a pesar de que sus maestros, amigos y familiares seguramente están muriendo o han muerto.

Así, un grupo de tlacuilos y gramáticos se encerraron en el Imperial Colegio de la Santa Cruz de Santiago Tlatelolco para terminar la obra a pesar de que los ronda la muerte, comenta Magaloni, “esta actitud da un valor más a este escrito, a través del cual Sahagún recupera el conocimiento indígena sabiendo que estaba en proceso de fenecer por todas las circunstancias que caracterizaban a la Colonia.

Finalmente, la especialista consideró que “es necesario que esta obra esté cerca de los mexicanos para apreciarla, conocerla y analizarla, y la digitalización nos permitiría acceder a ese patrimonio”.

Fuente: (INAH)

 

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