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Expos y Museos - May 27, 2010

90 piezas halladas debajo de la Tlaltecuhtli forman parte de la muestra “Moctezuma II. Tiempo y destino de un gobernante”

gobernante, que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) presentará a partir de la segunda quincena de junio en el Museo del Templo Mayor.

Son 90 piezas pertenecientes a 16 ofrendas que han sido halladas en los últimos tres años de excavaciones arqueológicas, en el predio Ajaracas, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, justo en el área donde se descubrió el monolito de esta deidad mexica.

Leonardo López Luján, director del Proyecto Arqueológico Templo Mayor, informó que se trata de diversos objetos que presentan un buen estado de conservación, que fueron colocados a principios del siglo XVI, durante el gobierno de Moctezuma II, como parte de las ofrendas dedicadas a Tlaltecuhtli, al pie del Templo Mayor, y que dejan ver el poder y la cosmogonía del imperio de la antigua Tenochtitlan.

Entre tales piezas destacan máscaras y cetros de madera, cuchillos de pedernal adornados con elementos que evocan la vestimenta de Ehécatl, dios del viento, insignias de oro, sahumadores policromos rematados con cabezas de mariposa o garras de águila, restos de animales marinos y el esqueleto de un lobo.

El arqueólogo del INAH destacó que la exhibición de estos antiguos objetos es resultado de tres años de trabajo de exploración y de restauración, entre los que sobresalen máscaras y cetros hechos en madera de pino, que pese a ser un material endeble a la humedad se conservó hasta la actualidad.

“Fueron localizados el año pasado en la Ofrenda 126. Estas piezas son excepcionales tanto por su gran calidad plástica, como por haber llegado hasta nuestros días a pesar de estar elaboradas con un material muy vulnerable al paso del tiempo. En buena medida, lograron conservarse en el subsuelo más de cinco siglos debido a que se encontraban en un nivel freático, en un ambiente con pH neutro, oscuridad total, ausencia de oxígeno y temperatura constante”, indicó.

“Se trata de pequeñas máscaras que muestran rostros humanos con los ojos cerrados y la boca abierta, las cuales pudieran representar a individuos muertos. También se exhibirán cetros de madera pintados en azul que representan a xiuhcocoa o serpientes de fuego”.

Otras de las piezas que se presentarán son dos peculiares cuchillos de sacrificio descubiertos en la Ofrenda 125. Fueron elaborados con pedernal y están ataviados con ornamentos e insignias propios de Ehécatl-Quetzalcóatl, el dios del viento.

“Estos extraños cuchillos de pedernal blanquecino fueron forrados con piel de mono araña y adornados con un collar de caracoles marinos, dos orejeras de concha y obsidiana, y un tocado de lámina de oro y cuentas de piedra verde, elementos todos propios de Ehécatl”, detalló.

López Luján adelantó que también se van a mostrar por vez primera dos de los 25 sahumadores hallados en la Ofrenda 130, descubierta justo al pie de la escalinata de la plataforma del Templo Mayor.

El par de piezas de cerámica policroma quizás fueron elaboradas en la antigua ciudad de Tetzcoco, y sirvieron para ofrecer copal a las divinidades. Los mangos de ambos utensilios rituales están rematados con la cabeza de una mariposa y la garra de un águila.

“En estos sahumadores se colocaban carbones incandescentes y pedazos de copal con el objeto de producir el humo aromático con el que se halagaba a los dioses”.

El arqueólogo López Luján indicó que a diferencia de la muestra que se exhibió en Londres, la que se presentará en la Ciudad de México estará enriquecida con un rico conjunto de joyas e insignias de oro, recuperadas en ofrendas que se encontraban en el subsuelo de la porción oeste que ocupaba el monolito de la diosa Tlaltecuhtli.

“Los mexicas llamaban al oro cóztic teocuítlatl, que significa “excrecencia divina de color amarillo” y lo apreciaban casi tanto como a los chalchíhuitl o piedras metamórficas de color verde. Entre los objetos de oro que se exhibirán en Moctezuma II se encuentran tres tipos distintos de cascabeles, además de insignias frontales, orejeras y narigueras de los dioses lunares del pulque.

Igualmente, por primera ocasión se mostrará el esqueleto completo de un lobo, encontrado en la Ofrenda 120. Este animal fue sepultado con orejeras de madera, caracoles oliva y un anillo de concha.

Además se expondrá una pequeña selección de los cientos de restos de fauna  marina que fue inhumada en la Ofrenda 126, entre los que destacan conchas, caracoles, galletas de mar, erizos de mar y corales, que los mexicas obtenían tanto en las costas del Océano Pacífico, como en las del Golfo de México y el Mar Caribe.

“Esta amplísima diversidad de animales marinos refleja, sin duda alguna, el poderío político que tuvo el imperio mexica y las complejas redes de una economía basada en el tributo y el comercio”, indicó.

De cierta manera, las ofrendas nos revelan que el islote de Tenochtitlan era una suerte de “Manhattan prehispánica”, que floreció a lo largo del siglo XV y las dos primeras décadas del siglo XVI.

Finalmente el arqueólogo López Luján añadió que “las ofrendas nos dan a conocer información valiosísima sobre la religión mexica, pues muchas de ellas son verdaderos cosmogramas, es decir, modelos en miniatura del universo, tal y como era concebido en aquel entonces. Al depositar todo tipo de dones en estas cajas, los sacerdotes se congraciaban con sus divinidades y recreaban su propio universo”.
Fuente: (INAH)

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