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Inolvidables - May 14, 2010

“Mi centenario y mi bicentenario”: “Mauricio Achar: un librero de nuestro tiempo”

veras relevantes. No creo descubrir el hilo negro ni poner el dedo en la llaga, pues no son pocos los que consideran que este año emblemático para nuestro país y de nuestra historia pasará con más pena que gloria.

Tampoco soy el único que desea aportar su granito de arena para conmemorar el nacimiento y el resurgimiento oficiales de nuestra nación y evocar algunos hombres, fechas, libros, películas y hechos que han contribuido a forjar -al menos por casi setecientos años, si tomamos como punto de partida arbitrario la fundación de la Gran Tenochtitlán- los mil y un rostros del México multicultural que nos ha tocado vivir en los albores del siglo XXI, ni desdeño ni menosprecio todas las actividades que se efectúan a lo ancho y largo del territorio en loor de tales fechas. Simplemente quiero enmarcar, dentro de esas celebraciones, lo que me sale al paso y que evidencia fragmentos, esbozos y trazos de Nuestro México, de su grandeza histórico-cultural. Nada más.

Quiero iniciar esta serie, arbitraria per se, comentando un libro que literalmente se cruzó en mi camino gracias a mi buen amigo y colega Roberto Ávila Fonseca, hermano de un editor envuelto en el misterio y el olvido, Lorenzo Ávila. Bueno, Roberto trajo a mis manos generosamente “Mauricio Achar: un librero de nuestro tiempo” (Editorial Océano, México, 2005), que yo tuve cuando salió y que tal vez esté guardado en las cajas donde almaceno ya muchos libros o sea de los que se han perdido en mis mudanzas…

En fin, lo importante del asunto es que, nuevamente, me atrapó su lectura y lo releí en pocos días. Sólo recordaba que me había gustado mucho y me había dado a conocer, en parte, la historia de Gandhi, esa librería emblemática que, en la opinión de muchos, entre los que me cuento, como la ciudad, como el país, ya no será nunca la misma; es más grande, más moderna, tiene sucursales en varios puntos del país, pero… No obstante, es una referencia imprescindible en la vida cultural de las últimas décadas del siglo XX mexicano e inicios del presente.

Esta relectura me hizo recordar que yo también conocí a Mauricio Achar sin saber que era él ni que era el dueño de la librería. Ahí, en esa vieja o extinta Gandhi llegué a verlo sentado en una mesa de la cafetería hablando con alguien, fumando, pues entonces aún se podía fumar sin que nadie se alarmara ni hiciera gestos repulsivos, atento a todos los que entraban ahí. Años más tarde, incluso hablé con alguno de sus parientes -me entero del parentesco por este libro- para proponerles la creación de un proyecto cultural en Internet patrocinado por ellos. No lo hicieron, pero luego la página web de la librería tenía similitudes con esa propuesta mía. Al releer este homenaje de editores y amigos al gran empresario librero, me dije: “Cómo no hablé con él, quizás…”. Bah, luego retomé ese proyecto con el magnífico editor Luis Guillermo Coda, pero la crisis, otra de tantas, nos lo echó por tierra después de meses de trabajo…

Decía que en “Mauricio Achar: un librero de nuestro tiempo” se recogen más de cincuenta testimonios de amigos y familiares que nos proporcionan los trazos de un gran hombre, de ésos que no sólo tienen la puntada de abrir otro negocio, sino que creen firmemente en el bien que le propician a la humanidad, a los lectores, a los mexicanos, a sus compatriotas. Sin duda, aquéllos también nos hicieron un gran bien con la publicación de este libro, pues nos resarcen, en cierta manera, del libro que nos (me) hubiera encantado que escribiera Mauricio Achar sobre su vida, sus amigos y sus negocios. Sí, qué duda cabe, Achar fue un hombre que hizo muchísimo por México, como lo reiteran sus amigos, por eso decidí iniciar con este comentario “Mi centenario y mi bicentenario”.

En ese libro, publicado con la participación de los sellos editoriales Anagrama, Colofón, Diana, Era, Fondo de Cultura Económica, Grupo Santillana, Norma, Océano, Paidós, Patria Cultural, Plaza y Valdés, Planeta, Random House Mondadori, Siglo XXI y Tusquets, están las palabras de Sealtiel Alatriste, María Luisa Armendáriz, Hiquíngari Carranza, Arnaldo Coen, Germán Dehesa, Ricardo Garibay, Malú Huacuja, Tania Libertad, Leo Mendoza, Julio Sabines, Javier Sicilia y muchos amigos más de Mauricio Achar, así como las de sus familiares: Aline de la Macorra, Nelly, Pepe, Emilio, Renata, Hannah, Alberto y Vicky, León e Isaac Achar, Alicia Sambra Achar y Tony Sultán. Asimismo, incluye una serie fotográfica y dibujos de Juan Sebastián.

Esto también me hizo recordar el lamento, creo, de Daniel Cosío Villegas en sus “Memorias” acerca de que los políticos no escriban este tipo de literatura. Lo mismo pensé de Achar al recordar el que escribió José Ruiz-Castillo Basala, “Memorias de un editor”, o el de Gloria López Llovet, “Sudamericana”, o los de Rafael Giménez Siles, o incluso los de Jorge Herralde, relacionados los de ambos con su labor editorial, y el de Adolfo Castañón, “El mito del editor”, donde recogió un artículo relacionado con esa vieja y desaparecida o transformada librería Gandhi. En suma, vale muchísimo la pena leer “Mauricio Achar: un librero de nuestro tiempo”, a quien, sin dificultad y sin haber sido su amigo ni él Gabo, querían sus amigos y hubiéramos querido los que lo conocimos a través de la lectura. [Por varias razones, me hizo pensar en Pedro Infante y compararlo con éste.]

Transcribo algunas palabras de Inés Rancé, coordinadora del libro: “Mauricio Achar fue un hombre especial, sin duda. Fue un librero de nuestro tiempo y al rendirle este tributo se hace también extensivo a todos los libreros que llevan tan dignamente su oficio en México. Para ellos va dedicado especialmente este libro”. Además, agregaría, a todos los lectores, a todos los que amamos el libro y creemos, como lo creía el señor Achar, que uno de estos objetos es capaz de cambiar la vida de una persona.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Foto: Portada de un mexicano que hizo mucho por sus semejantes.
Cortesía: Editorial Océano.

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