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Toros y Deportes - May 12, 2010

Positivo el trato de la prensa ante la presentación de Arturo Macías en Madrid

complicada tanto por el viento, así como por el juego de los astados que dejaron mucho que desear.

Burladero.com – Mario Juárez – Arturo Macías en el Filo de la Navaja

La tarde era la de la confirmación de Arturo Macías. El mexicano, que había destacado en su debut español en Fallas y había pagado con sangre sus dos actuaciones, tenía ante sí la oportunidad de dar un serio toque de atención. Y no fue precisamente por falta de ganas.

El mexicano salió dispuesto a todo con el primero, un ejemplar muy gordo pero sin fuelle de Martelilla, que se dejó en los primeros tercios, al que cuidaron una barbaridad en el caballo y con el que dejó la tarjeta de presentación a través de un quite por gaoneras. Sin demasiada limpieza, quedó claro el valor y disposición del hidrocálido.

Macías planteó la faena en los medios, pese al viento, iniciándola con un par de cambiados sin moverse. Sin embargo, el Martelilla se rajó tras la primera serie, buscando tablas desesperadamente. Y allí, más cerrado, consiguió ligar un par de series llevándolo más largo, sorprendiendo incluso con algún cambio por la espada.

Tras esas dos se acabó el toro y el torero tuvo que meterse en harina, o muy encima, para robar muletazos. El valor tapó la colocación, por fuera, que más de una vez lo dejó al descubierto y le costó un par de secas volteretas. Fue más cosa de voluntad y ganas que de lucimiento, porque el toro no tenía nada.

El sexto fue un toro paletón y cariavacado al que, con la tarde vencida, no le dieron importancia. De nuevo lo cuidaron en el caballo aunque empujó en una primera vara y de nuevo hubo quite en los medios capote a la espalda. Macías se lo sacó a los medios y allí lo llamó de largo. Pero cuando lo pudo en una buena serie en redondo se acabó la gasolina. El toro comenzó a defenderse, a lanzar tornillazos y a poner las cosas complicadas. Macías tiró de nuevo la moneda y se puso muy encima, jugándosela, demasiado a merced en muchas ocasiones, paseándose por el filo de la navaja en todas ellas. La actitud pudo a la limpieza y la plaza le tocó las únicas palmas de la tarde.

Mundototo.com – C.R.V. – Con G de Güevos

El Cejas dejó el recuerdo del chiltepín, un chile del tamaño de una lágrima,  que, sin embargo, es primo hermano de un incendio. No pica, quema. A puro güevo sin “hache” se la pasó Macíasyanky o spanglish:  Cojh Ones. Nosotros los de los Cojh Ones utilizamos este término con albedrío de la libertad y, así,  lo usamos a discreción de significado al juntarle otras palabras. Con dos… es igual a valor. Si decimos que los tiene cuadrados es que es perezoso, si decimos “mis c.. 33” es que somos pasotas… Luego los sufijos: “c…nudo”, es que es cumbre, c…azo, es que es puro vago. Que clase de ese valor expresado en Coj Ones tiene Arturo Macías es la cuestión. Porque que lo tiene es fijo. confirmando dos cosas, alternativa y cojones, que es término que la RAE dice que es malsonante y enlaza a testículo, una parte física del hombre y que, por cuestiones contrarias: biensonancia e igualdad de sexo (nos leen ellas y ellos) lo denominaré en adelante a lo

Repetido el contexto de una tarde metida en abrigo, viento, corrida remendada, con caja pero sin remate y de tipo sin hechuras, blanda y de fondo, fuerza y bravura desaparecidas, la corrida se mantuvo a la espera de que Macías volviera a echarle lo que le había echado en el toro de la confirmación, que hemos dicho que se llamaban Cojh Ones. Falto de remate y endeble, en medio del ventarrón, El Cejas se echó el capote a la espalda para lucir gaoneras y una cordobina que se tropezaron ceñidas, pero sin resultar volteado. Marcó el toro querencia rajada hacia tablas en los primeros tercios y, desde el centro del ruedo, se dejó llegar al toro para darle dos pases cambiados, un cambio de mano y el de pecho. Una tanda más le dejó el toro, quieto el torero como un palo, sin perderle pasos a una embestida que, en corto, fue siempre más protestada. En el toreo perder o ganar pasos a veces es perder o ganar pases.

Le desairó el toro para irse a las tablas y allí Macías tiró de testosterona, en corto, aguantando los viajes escasos y de cara alta, protestada y suelta del toro. Estuvo muy vivo una vez, al taparle con la muleta girando cintura y dejándole la muleta en la cara. Y de tan quieto, hasta dos veces le volteó dos veces, las dos con la cara por arriba. Una fue leve, pero en la primera lo pudo herir a avasallarlo en el suelo de forma fea y pisarle la boza con una mano. Luego se pegó un arrimón, siempre sin moverse, encomiable. Con dos Cojh Ones. Keynes, economista británico, distinguió el valor bruto del valor neto. Lo neto es lo que queda después de los costes.

El sexto perdía la cara de perfil de tanto que la abría y se montaba en tipo, pero tuvo salida de bravo y fue el que más quiso embestir, aunque duró muy poco. A este le hizo un quite por gaoneras cambiado el viaje, se lo dejó llegar en la distancia y lo muleteó girando el cuerpo, sin perderle pasos. El toro, que no fue nada, era un poco más con más sitio, hueco entre pase y pase, pero este tío se quedó como un palo siempre, y, cuando el toro se apagó, se arrimó a cambio de algunos tropiezos de telas con la izquierda y con la derecha. Que los tiene es de una evidencia tan grande como la monumental de Aguascalientes. Este mexicano tira de un par de Cojh Ones.

Aplausos.es – Redacción – Sólo el valor de Macías

Arturo Macías dejó los únicos momentos destacados del festejo de hoy en Las Ventas. El mexicano, además de confirmar su doctorado, confirmó que posee un valor a prueba de bombas en dos lidias en las que brillaron más sus ganas, su disposición y valor en la cara de los toros que el lucimiento artístico. Con el que abrió plaza, un complicado y violento ejemplar de Martelilla cuya muerte brindó a su apoderado, Antonio Corbacho, anduvo entregado en todo momento en una labor a la que le faltó limpieza -difícil de lograr por la condición del toro- y que contó con un par de sustos para el mexicano, que mató de buena estocada. Con el que cerró plaza, un feo ejemplar de la ganadería titular, aunque a la postre el único potable del encierro, dejó de nuevo otra valiente y decidida actuación. Jugándose la cornada, Macías intentó el toreo primero para acabar metido entre los pitones una vez el toro echó la persiana. Madrid reconoció su esfuerzo y le obligó a saludar una ovación.
Cope.es Arturo Macías: “Dejé una pincelada de lo que puedo ser”

Macías afirmaba sentirse “orgulloso por las opciones que me han dado los toros y por cómo he estado a la altura, estoy satisfecho”.

Sobre la afición de la plaza de Madrid, el diestro azteca reconocía que “es un público muy conocedor y me encanta estar aquí, pronto regresaré”.

Aún sin completar una tarde de éxito, Arturo Macías afirmaba haber dejado “una pincelada de lo que puedo ser. Hubiese querido salir a hombros, soñar es gratis pero me queda otra tarde y ustedes me vieron con la disposición que salí”.

El mexicano reaparecía de la cornada sufrida la pasada Feria de Abril, un percance que hoy “no he notado, pero no quedas al cien por cien pero no se me notó”.

ABC.es -ANDRÉS AMORÓS – ¡Que viva México!

Hay tardes en Las Ventas en que la corrida se hunde. En realidad, los que se derrumban son los toros, flojos y mansos: lo mismo los titulares de Martelilla que el remiendo de Navalrosal y el sobrero de Domínguez Camacho.

Para una tarde en blanco, dos toreros de blanco y oro y el otro, de caña, muy cercana al blanco; cinco silencios y sólo una ovación.

Los dos diestros españoles quedan prácticamente inéditos.

El primero de Abellán es soso, de embestida aborregada: está aseado, sin brillo, y lo mata mal. En su segundo sigue el escándalo y la gente se toma a broma a un peón: como ayer, me parece mal. El matador, sólo correcto.

El tercero se derrumba y provoca la justificada protesta: nada que hacer. Al quinto lo llama César Jiménez al centro pero molesta el viento -como ayer – y remata con la cara alta, insulso. Otro silencio.

El protagonismo le toca al confirmante Arturo Macías, que luce su valor sereno en los dos. Se ajusta en gaoneras en el primero, que espabila en banderillas y le da dos volteretas. Su toreo es vertical, valiente, de insuficiente mando.

El sexto es muy abierto de pitones y Macías muestra de nuevo su disposición. Le da distancia y lo lleva bien con la derecha, mientras aguanta. Luego, se viene un poco abajo la faena, al tropezar la muleta. Concluye con manoletinas y una estocada perdiendo la muleta, como en el primero. Se ha justificado en una tarde difícil.

En el año 1931 visita México uno de los maestros del cine, el director ruso Eisenstein, que rueda muchas escenas populares, con vistas a un documental: el baile de los muertos, el cartel que anuncia «Don Juan Tenorio»… Entre ellas, en un episodio titulado «La Fiesta», cómo se viste un torero, David Liceaga, con un curioso punto de vista (la cámara en el extremo de la faja que se va enrollando), y se despide de su mujer.

No pudo Eisenstein hacer el montaje, su gran especialidad, pero después de él, se hicieron, con ese material, un par de montajes. Uno de ellos se titula, expresivamente, «¡Que viva México!»

He recordado todo esto al ver esta tarde a Arturo Macías. ¡Qué falta le hace a la Fiesta que surja una nueva figura mexicana, capaz de rivalizar con los diestros españoles, como hizo, por ejemplo, Rodolfo Gaona nada menos que con Joselito y Belmonte!

A Macías lo apodera Antonio Corbacho, que llevó a José Tomás. En su primera corrida, en Valencia, fue herido. Reapareció en Sevilla, en una corrida dura, y volvió a ser cogido. Reaparece hoy, directamente en San Isidro. ¿Es ésta estrategia adecuada? ¿No sería más lógico probarse antes en algún festejo de menor responsabilidad? La ambición es buena pero también conviene medir las propias fuerzas.

Una tarde más (y van cuatro) la corrida anunciada no ha pasado completa y recibe un remiendo: no es buen síntoma, desde luego. ¿Quiénes están fallando: los ganaderos, los veedores, la empresa? No debía suceder eso en San Isidro. Y menos aún cuando está habiendo manga ancha en la presentación de muchas reses. Y una tarde más, la flojera, la mansedumbre y la sosería de los astados ha desesperado al público.

Queda sólo el recuerdo de la valentía de Arturo Macías. En Las Ventas, y en todas las Plazas españolas, estamos deseando poder gritar, como Eisenstein: «¡Que viva México!»
PUBLIMETRO – Confirma el mexicano Arturo Macías, sin toros pero con mucha disposición

SÓLO QUISO MACÍAS

El frío, el viento y la mansedumbre. Y mil factores más en contra, incluida la pasividad de los dos primeros espadas, hicieron la tarde insufrible.

Pero hay que salvar en parte la buena disposición, la entrega y firmeza, el pundonor y el valor, y hasta ciertas buenas sensaciones de torero artista por parte del confirmante mexicano Arturo Macías. Es lo único reseñable del festejo. Macías mató el primero y el último, y lo que hubo entre medias fue insoportable.

Al margen otra vez de los detalles del mexicano, no hay calificativos peyorativos para ponerle a la corrida. Ni un pasaje suelto que mereciera la pena entre esos toros primero y sexto.

Quiso mucho Macías en el de la ceremonia, un toro poco propicio, tan manso que no tardó en marcar su territorio en la querencia de tablas, cerca también de chiqueros. Allí le plantó cara, queriéndole tomar en corto, aunque el mal estilo del animal, dando muchos cabezazos, abortó la mayoría de los intentos.

La insistencia por parte del torero le costó hasta dos volteretas, muy fea la primera, pero sin que nada le arrugara. Valor seco, consciente, sabiendo lo que se traía entre manos. El público siguió todas las evoluciones con el corazón en un puño. El más sereno en la plaza, no obstante, el torero. Por fin, la estocada final, en el mismo hoyo de las agujas, alivió tanta tensión.

Y en el sexto, nueva apuesta de entrega y decisión. Pero esta vez también con un punto de aroma en las formas y en el fondo. El toro se movió algo más y mejor.

Macías, que había dejado la impronta de buen capotero en el toro anterior al quitar de frente y por detrás, salió en éste también en su turno por saltilleras, con arrebato. Y desde el primer momento con la muleta, dándole distancia antes de engancharlo por delante y, “dejándosela”, lo que se dice puesta, continuar con el siguiente pase. Fueron tres y el de pecho por la derecha en dos series templadas y con regusto, por abajo. De categoría.

Mas se vino abajo el morito, y con la negativa del toro bajó también el trasteo. Ya al natural no hubo continuidad. Le costaba mucho al animal, que no pasó del todo. Se quedó la miel en los labios. Muy buena miel, pero escasa. La falta de enemigo lo condicionó todo.
Macías dice que se va “satisfecho” y estuvo a la altura “con lo poco que dieron los toros”

El diestro mexicano Arturo Macías, gran atractivo del festejo de hoy en Las Ventas, donde se presentaba confirmando alternativa, aún a pesar de todos los factores en contra que tuvo la tarde, se marchaba “satisfecho con lo hecho, pues estuve a la altura con lo poco que me dieron los toros”

Sobre las sensaciones vividas en la tarde de su debut ante en el público ‘venteño’, la adversidad del viento y el poco juego que le brindaron sus toros, Macías señaló que:

“Me ha encantado venir a esta plaza y medirme ante un público tan conocedor. El viento siempre es una adversidad a la que hay que sobreponerse, pero creo que en el conjunto de mi actuación dejé pinceladas de lo que quiero ser”, dijo Macías.

Sin embargo, su sueño era otro: “hubiera querido salir a hombros. Soñar es gratis, pero me queda otra tarde, y a ver si en esa pueda conseguirlo”, advirtió “El Cejas”, sobrenombre con el que se le conoce en su Aguascalientes natal y en todo México.

Y sobre las dos volteretas que sufrió en el primero de su lote: “no ha sido nada grave, sangré un poco por la boca por un golpe que me dio, pero no fue para tanto”, dijo finalmente Macías.

César Jiménez se lamentó también a la salida de la plaza, por un lado “por el juego deslucido de los toros” y, sobre todo, por la decisión presidencial de devolver a su primero:

“Ese toro me había gustado. Tenía cosas buenas, pero el presidente ha decidido echarlo para atrás. Tampoco sé lo que hubiera dado de si, creo que mejor que el sobrero y el otro toro de mi lote si hubiese sido, pero nunca se sabe”, dijo Jiménez.

Por último, el director de lidia, Miguel Abellán, salía del paso ante los micrófonos de los periodistas sin entrar en demasiados detalles de lo que fue la tarde de hoy, si no implorando una oportunidad mejor para su segunda comparecencia en Las Ventas:

“Esperemos que el día 5 de junio con la del “Cortijillo” pueda ser, aunque a lo mejor me equivoco y sale igual de mala que esta corrida, imposible se mire por donde se mire”, finalizó Abellán.

El toro de la confirmación de Arturo Macías, castaño, astifino, moñudo, de muchas caja y finos cabos, tuvo raro cuajo. Se deslumbró, barbeó tablas, gateaba no poco y no dejó de hacerlo. Llegó a rajarse, pero a dejarse también en su querencia: sin romper ni acabar de entregarse, sino sacudiéndose incluso los engaños. Macías estuvo muy valiente. Con ese toro de la confirmación y también con el que cerró corrida. Del hierro de Martelilla también, de reata buena –“Investido”, número 83-, largo, descarado y playero, muy llorón –de mugir sin consuelo- pero muy bondadoso. Los dos se jugaron con bastante viento.
El arrojo de Macías fue puro descaro: como si se le diera una higa el viento que, en los medios y no sólo, lo dejó algo inerme y al descubierto no pocas veces. Arrojo, descaro y, por tanto, quietud más que notable. Firmeza mayúscula, que vino encarecida por dos razones: el viento, desde luego, y sus circunstancias. Era la tercera corrida que Macías toreaba en España este año y en las dos previas había salido herido de gravedad. Como no es común ver salir de dos cornadas tan bravo a nadie, tal dosis de valor conmovió. A los que estaba en el secreto de las dos cornadas y a los que no, que eran la inmensa mayoría.
Macías tiene un don: llega a la gente, que se sintió provocada desde el mismo arranque. Le vino casi andando el toro, aguantó tranquilo. Abellán, padrino de alterativa, cumplió con su costumbre de no perdonar un quite y salió en turno. A la verónica. Lo desarmó el toro. Macías replicó desafiante: capote a la espalda aunque el viento lo desaconsejaba, el toro revuelto a mitad de vuelo, y una revolera espeluznante porque estuvo a punto de ser Arturo atropellado. La muestra fue ese botón.
La apertura de faena, de largo y desde los medios, con el cambiado por la espalda y su madeja, fue gran fogonazo. A su rebufo, dos tandas en redondo, de gran encaje y mano baja pero a suerte descargada y en muletazos enganchaditos. De mucha fuerza el dibujo: estaba puesto de verdad el torero. Se rajó el toro, por él se fue Macías. De pronto, una pelea. Una voltereta. Imperturbable el torero. Otra después. La misma entereza. A la defensiva el toro, que protestaba al sentir los ataques de Macías. Una estocada soltando el engaño. Un aviso cuando rodaba sin puntilla el toro. No sacaron ni a saludar al torero de Aguascalientes.
Y, sin embargo, al soltarse casi dos horas después el sexto toro, la corrida cobró fuerza. Un saludo de lances a pies juntos algo enredado, pero subrayado por media muy rimada, una revolera ceñidísima y un recorte airoso. Tras la primera vara, un quite por tapatías con brionesa de remate y recorte por abajo a una mano. Otra vez llamativa la firmeza. Se calentaron los paisanos. Un “¡Viva Aguascalientes!” y un “¡Viva!” de respuesta. Bueno el sexto toro: el tranco acompasado, pero no muchas fuerzas. Incómodo por playero, que no cabía en el engaño. Macías lo desplazó mucho con la izquierda, se ayudó del pico con la derecha, no terminó de templarse, el viento arreó. No se le fue un pie al torero. Una estocada. Se pasó mucho miedo con él.
Y por eso acaparó el espectáculo el torero de Aguascalientes. Y también porque tres de los otros cuatro toros de festejo dieron bien poco. El de Navalrosal se derrumbó y abrevió César Jiménez, que no se entendió con un buen sobrero de Domínguez Camacho. A Abellán, puro oficio, gran habilidad, sitio para torear, no le hicieron caso porque el segundo de corrida no pasó la pasarela. Muchos miaus desde el tendido. Las medias embestidas de un cuarto salpicado muy grandulllón y sin chispa se encontraron al torero de oficio y no al de ideas.

COLIPSA – Valor y Personalidad de Arturo Macías

El toro de la confirmación de Arturo Macías, castaño, astifino, moñudo, de muchas caja y finos cabos, tuvo raro cuajo. Se deslumbró, barbeó tablas, gateaba no poco y no dejó de hacerlo. Llegó a rajarse, pero a dejarse también en su querencia: sin romper ni acabar de entregarse, sino sacudiéndose incluso los engaños. Macías estuvo muy valiente. Con ese toro de la confirmación y también con el que cerró corrida. Del hierro de Martelilla también, de reata buena –“Investido”, número 83-, largo, descarado y playero, muy llorón –de mugir sin consuelo- pero muy bondadoso. Los dos se jugaron con bastante viento.
El arrojo de Macías fue puro descaro: como si se le diera una higa el viento que, en los medios y no sólo, lo dejó algo inerme y al descubierto no pocas veces. Arrojo, descaro y, por tanto, quietud más que notable. Firmeza mayúscula, que vino encarecida por dos razones: el viento, desde luego, y sus circunstancias. Era la tercera corrida que Macías toreaba en España este año y en las dos previas había salido herido de gravedad. Como no es común ver salir de dos cornadas tan bravo a nadie, tal dosis de valor conmovió. A los que estaba en el secreto de las dos cornadas y a los que no, que eran la inmensa mayoría.
Macías tiene un don: llega a la gente, que se sintió provocada desde el mismo arranque. Le vino casi andando el toro, aguantó tranquilo. Abellán, padrino de alterativa, cumplió con su costumbre de no perdonar un quite y salió en turno. A la verónica. Lo desarmó el toro. Macías replicó desafiante: capote a la espalda aunque el viento lo desaconsejaba, el toro revuelto a mitad de vuelo, y una revolera espeluznante porque estuvo a punto de ser Arturo atropellado. La muestra fue ese botón.
La apertura de faena, de largo y desde los medios, con el cambiado por la espalda y su madeja, fue gran fogonazo. A su rebufo, dos tandas en redondo, de gran encaje y mano baja pero a suerte descargada y en muletazos enganchaditos. De mucha fuerza el dibujo: estaba puesto de verdad el torero. Se rajó el toro, por él se fue Macías. De pronto, una pelea. Una voltereta. Imperturbable el torero. Otra después. La misma entereza. A la defensiva el toro, que protestaba al sentir los ataques de Macías. Una estocada soltando el engaño. Un aviso cuando rodaba sin puntilla el toro. No sacaron ni a saludar al torero de Aguascalientes.
Y, sin embargo, al soltarse casi dos horas después el sexto toro, la corrida cobró fuerza. Un saludo de lances a pies juntos algo enredado, pero subrayado por media muy rimada, una revolera ceñidísima y un recorte airoso. Tras la primera vara, un quite por tapatías con brionesa de remate y recorte por abajo a una mano. Otra vez llamativa la firmeza. Se calentaron los paisanos. Un “¡Viva Aguascalientes!” y un “¡Viva!” de respuesta. Bueno el sexto toro: el tranco acompasado, pero no muchas fuerzas. Incómodo por playero, que no cabía en el engaño. Macías lo desplazó mucho con la izquierda, se ayudó del pico con la derecha, no terminó de templarse, el viento arreó. No se le fue un pie al torero. Una estocada. Se pasó mucho miedo con él.
Y por eso acaparó el espectáculo el torero de Aguascalientes. Y también porque tres de los otros cuatro toros de festejo dieron bien poco. El de Navalrosal se derrumbó y abrevió César Jiménez, que no se entendió con un buen sobrero de Domínguez Camacho. A Abellán, puro oficio, gran habilidad, sitio para torear, no le hicieron caso porque el segundo de corrida no pasó la pasarela. Muchos miaus desde el tendido. Las medias embestidas de un cuarto salpicado muy grandulllón y sin chispa se encontraron al torero de oficio y no al de ideas.
AS – Macías derrocha valor, la corrida, aburrimiento

La actitud y el valor del mexicano Arturo Macías en la tarde de su confirmación han dotado de argumento al sexto festejo de la Feria de San Isidro, una tarde en la que se lidió una aburrida y desesperante corrida de Martelilla que no dio opción a la terna y que lidió algunos ejemplares sin remate. Macías derrochó valor en estado bruto y recibió una tremenda paliza cuando se pegaba un arrimón con el toro de su confirmación, dejándose pegar dos fuertes volteretas que afortunadamente, salvo un golpe en la barbilla, fueron inofensivas. Tanto Miguel Abellán como César Jiménez quedaron inéditos o sin opciones con sendos lotes escasos de remate, algunos ejemplares, y sin prestaciones.

Macías recibió en los medios con varios pases cambiados emocionantes al toro de su confirmación, un animal que flojeó y manseó en los primeros tercios. Tras el vibrante comienzo del trasteo, y acto seguido, el toro se fue a tablas, terreno en el que el mexicano se quedó quieto siendo volteado en dos ocasiones, lo que le ocasionó una herida en la barbilla, tras un pisotón del toro. El torero dejó una estocada y el público mantuvo un silencio respetuoso. El sexto, fue el mejor de la corrida, aunque el más feo de presentación, y con él el mexicano pudo extraer una serie con la derecha notable antes de darse otro arrimón cuando ya el animal se quedó parado. Su actitud le valió una ovación.

Vino Macías de Aguascalientes, de donde José Tomás salvó la vida con sangre azteca, a confirmar doctorado en Madrid. Poner en cuestión todo lo aprendido. Sólo que Madrid no estaba para exámenes, ni para hacer nuevos aficionados y ni tan siquiera para pensar que algún toro, de todos los que pisarían el albero, nos devolvería un resquicio de ilusión. Recuperarla era, como poco, de ilusos. Qué abandono el nuestro. Madrid se desnortó y admitió que por su ruedo, su reino, el del toreo, desfilaran no pocos toros mal presentados, sin remate ni criterio. Recordemos que se trata de San Isidro. Del abono vendido. La Monumental llena. El misterio de la catedral. La Plaza. También la desidia, los tiempos muertos entre que muerto está el toro casi antes de salir. Este Madrid de mirar el cabreo ajeno, porque aquél divierte más que el espectáculo en sí… La Fiesta desvirtuada, que sólo es negocio para quien cobra por  la entrada.

Ya en el reconocimiento matinal comenzaron las complicaciones, como en lo que va de feria. Martelilla no pasó completa, remendó Navalrosal y Domínguez Camacho entró en Madrid por obra y gracia de sustitución. Nos temíamos lo peor visto el percal. Los hubo hasta que empeoraron al titular, como el tercero. Si flojo el que salió primero, desplomado e inválido el de después. Hizo bueno al anterior.

Dos cogidas

Lo dicho, Macías vino a confirmar. Pero a «Juntaollas» le vino grande la tarde. Una tanda, no más, se mantuvo en el indómito centro del redondel. Visto y no visto se rajó. Ahí tuvo Macías que buscarle las vueltas, las revueltas y entre tanto y tanto un par de cogidas se llevó. Bastante sangre ha derramado ya el mexicano en este comienzo de campaña española. Su mejor arma fue la voluntad y la más endeble encontrar el temple, que el toro no le ganara la muleta en ese derrote de final de viaje.

Muy abierto de cornamenta salió el sexto. Para acabar. Toda condena tiene fecha de caducidad. Intentó el mexicano lucirse en ese toreo de capa tan propio que se da allá, mas le quedó la historia más afanosa que para recordar. Brindó al público casi como terapia y se puso a torear. Centro del ruedo. Al paso iba el toro, sin mucha clase y a peor. A base de saltitos y protestón le dejó a Macías constatar sus ganas, su afición, su voluntad por comerse el mundo. El universo de los toros. Lo intentó a bien, por ambas manos y sin dejarse arrastrar por las nubes negras, mentales que agua no cayó, que se habían apoderado de la tarde. Su mayor mérito, casi un hito desde que aterrizó en España fue salir de una plaza por su propio pie.
El Mundo.es – Zabala de la Serna Honradísima confirmación del mexicano Arturo Macías

Confirmaba alternativa Arturo Macías, que había arrastrado un cuantioso número de aficionados mexicanos. Banderas al viento de México. ¡Cuántos toreros importantes ha dado a la Historia! El fuerte viento molesta desde el saludo. Tanto como la incapacidad física del toro, que embiste rebrincado, a cabezazos, mal. Macías se la jugó a pelo en un quite por gaoneras, en el inicio pendular de la faena y durante todo el trasteo, con el toro rajado y a la defensiva.

Rodó un par de veces entre los pitones. La boca partida, literalmente. Insistió con denuedo. Demasiado. Honrado al máximo y valentísimo. Quien da lo que tiene no está obligado a más. Mató de estocada.

El segundo es impresentable. Cabreo razonable en el “7”. Son muchos ya… Taurodelta está naufragando en el campo. Y que no vengan con las lluvias. Tampoco por dentro tiene nada. Abellán muletea sin adjetivos.

Devuelven el tercero de Martelilla, feo y con un flequillo frailuno. Se corre turno, y el parche de Navalrosal es un cinqueño inválido, como desriñonado. Abrevia César Jiménez tras las reiteradas caídas.

El cuarto es un caballo y como tal lleva el paso. Blandea pero se sostiene. Y en la muleta de Abellán embiste con la nobleza y el estilo de una vaca berrenda de la raza andaluza…

A lo largo de la tarde se han caído un par de banderilleros. El ruedo parece duro y se hacen agujeros por las pezuñas de toros y caballos, sobre todo en los terrenos del “9”, los máS trabajados.

Un sobrero de Domínguez Camacho se lidia como quinto. Alto como su nombre indica: ‘Rompenubes’. Se mueve más, pero no humilla nunca. Jiménez está con él como Dios le da a entender. Queriendo pero sin poder.

Fuente: (matadorarturomacias.com)

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