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Del Toro - April 28, 2010

¿Enfermería “de tercera”? ¡No jodan!

vienen a cuento.

Sin embargo, y movidos quizá por su falta de prudencia, algunos medios de comunicación de España han calificado a la enfermería de la Monumental de Aguascalientes como “tercermundista”, en la que “pudo haber muerto José Tomás”.

Estas afirmaciones, totalmente fuera de cacho, sólo encienden la llama de una polémica que, a esta hora, con José Tomás todavía en terapia intensiva, resultan inconcebibles.

¿Acaso ya se les olvidó que en esta enfermería “tercermundista”, como la llaman, el equipo médico de Aguascalientes le salvó la vida a Jairo Miguel?

A mí no se me olvida, pues aquella cornada fue, desde la cercanía en que observé los hechos, aún más impresionante (desde luego, menos grave) que la de José Tomás, porque se trataba de una herida en el costado, cerca del corazón, de un chaval que gritaba desesperado a su padre: “¡Me muero, papá, me muero!”

Y no lo decía en broma, pues el semblante de Jairo era de un dramatismo terrible, más aún al izarlo las asistencias y su pecho resopló con un sonido similar al de un delfín cuando sale del agua. La cara lívida, los dientes amarillos, la quijada floja, la mirada perdida…

Parecía que la vida de aquel chiquillo –y sus sueños de gloria– se esfumarían en cuestión de minutos.

A la medianoche, después del programa de televisión, fui a la clínica a ver cómo se encontraba. Me topé con su padre, que todavía llevaba la playera manchada de sangre. El rostro de Antonio denotaba una infinita preocupación, y hasta un imperceptible dejo de culpabilidad, provocada, quizá, por alentar a su hijo a ser torero. Aquella noche envejeció diez años.

Y fue en esta misma enfermería “terecermundista” donde le dieron a Jairo Miguel los primeros auxilios –igual que a José Tomás–, y lo estabilizaron –igual que a José Tomás–, y se lo llevaron al hospital para ser intervenido, precisamente igual que a José Tomás, apenas el sábado anterior.

Una semana después, en silla de ruedas, con una notoria delgadez, y una banderita de México entre sus manos, Jairo salió de la Clínica Guadalupe. Y sonrió, nuevamente, para agradecer los cuidados de los doctores. Ahora vive para contarlo. ¿Por qué no le llaman estos medios de comunicación y lo entrevistan? ¿Por qué entonces nadie salió al paso a decir que la enfermería era “tercermundista”? Claro!, la importancia del hecho radica, muchas veces, en la trascendencia del personaje. Pero en este caso es exactamente igual: un torero gravemente herido, en la Monumental de Aguascalientes, al que estos doctores le han salvado la vida.

Y si vamos a hacer leña del árbol caído, ¿acaso no era “tercermundista” la enfermería de la plaza de Pozoblanco donde ingresó herido Paquirri? ¿ésa dónde el médico estaba aterrado, según se advertía de las palabras de entereza del maestro, que trataba de conferirle seguridad y confianza?

Ahora no vengan con estupideces como éstas de la enfermería “tercermundista”. Aguascalientes es una ciudad como Valencia, Sevilla o Zaragoza, con un millón de habitantes, y todos los servicios de salud necesarios para atender cualquier emergencia como la que se suscitó.

Si José Tomás se encuentra hoy en franca mejoría, se debe a varias razones. Uno: Que la cornada se haya producido cerca de la puerta de acceso al callejón; dos: Que las asistencias lo hayan conducido con eficacia y rapidez hasta la enfermería, taponando la herida desde que lo levantaron de la arena; tres: Que los médicos hayan conseguido cohibir la hemorragia para estabilizarlo. Y cuarto: Que el destino siga creyendo que este hombre vino al mundo para ser un torero de leyenda, acrecentada, por supuesto, tras la cornada de Aguascalientes.

Los médicos de plaza no son dioses, sino especialistas de su oficio; conocedores de la ciencia que ejercen, y seres que están ahí para hacer siempre su mejor esfuerzo. Y lo que vale, al margen de las instalaciones que tengan a su alcance, es la atención que brindan y, sobre todo, los resultados que obtienen. Aquí, en México, y en cualquier plaza del mundo.

Su trabajo, como lo dijo el doctor Ruiz, es sacar al paciente con vida de la enfermería. Y eso, amigos, es precisamente lo que ocurrió el sábado por la tarde, cuando todo era desesperanza al ver aquel reguero de sangre que dejó una huella de angustia sobre la arena.
Fuente: (mundotoro.com.mx)

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