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Tradiciones - April 23, 2010

Peregrinación, práctica prehispánica de comunicarse con los dioses que se mantiene hasta nuestros días: arqueóloga Patricia Fournier

transformado las deidades, los sitios y las ofrendas, pero el significado sigue siendo el mismo.

Así lo señalaron especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) en el marco del IV Coloquio Internacional de Arqueología y Antropología de las Religiones, que se realiza del 21 al 23 de abril con el tema Peregrinaciones Ayer y Hoy.

En el foro académico que se lleva a cabo en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), la arqueóloga Patricia Fournier, quien junto con Walburga Wiesheu, coordina el coloquio, indicó que desde tiempos remotos los seres humanos han tenido la necesidad de comunicarse con sus dioses para pedirles algún favor o milagro a cambio de una abstinencia o sacrificio.

“En la época prehispánica se le imploraba a Tláloc la lluvia para los campos de siembra y tener buenas cosechas, ahora se le pide a Jesús o la Virgen de Guadalupe salud o mejora económica. Esto se hacía y se hace a través de ayunos, sacrificios y peregrinaciones.

“Una peregrinación es un viaje que se hace por motivos religiosos, es decir las personas se desplazan a ciertos lugares que conciben como espacios sagrados. Con estos traslados el hombre busca establecer una comunicación con los dioses que veneran, para pedir algo a cambio de una promesa”.

En la época precolombina y de acuerdo a evidencias materiales, señaló la investigadora del INAH, los centros de culto fueron las cimas de cerros y montañas o ríos y cenotes, pero también espacios creados por el hombre, como fue el caso de las pirámides.

“La manera de venerar a los dioses se mantiene hasta la actualidad, pero hoy como producto de la mezcla que se dio en la Colonia, entre las costumbres prehispánicas y el catolicismo, donde se presenta la sustitución de las deidades por algún santo o virgen”.

Un claro ejemplo de este mestizaje que perdura hasta hoy —citó  Fournier—, es la devoción del Cristo de Chalma. Se dice que en una cueva, justo en donde ahora está el Templo del Señor de Chalma, se rendía culto con sacrificios humanos a Oxtotéotl (dios de la cueva), sitio en el que de acuerdo a la tradición oral en la época colonial se dieron las apariciones de este Cristo, y a partir de entonces se le venera.

Otro aspecto que no ha variado, comentó, es la forma de representar el agradecimiento por los favores o milagros recibidos, y que actualmente conocemos como exvotos. “Las culturas prehispánicas colocaban figurillas o vasijas que, en su mayoría eran representaciones de Tláloc, llenas de agua o sangre”.

Hoy esto está representado en letreros o dibujos que narran y retribuyen por la  gracia recibida, que la población coloca en las iglesias de los santos “más milagrosos”, como el Señor de Chalma o el Santo Niño de Atocha.

Patricia Fournier destacó que en lo que toca a las ofrendas, el modo de hacerlas sí ha cambiado, “porque responden a la idiosincrasia de cada época, antes se hacían inmolaciones humanas o de animales, ahora se hace por medio de prácticas que implican un  sacrificio, como el ayuno, la abstinencia y la realización de largas peregrinaciones”.

Organizado por el INAH y El Colegio de México, el IV Coloquio Internacional de Arqueología y Antropología de las Religiones busca hacer nuevas interpretaciones de estas prácticas antropológicas, a partir de hallazgos o resultados de investigaciones recientes.

Vistas desde diferentes perspectivas y en distintos momentos de la historia, las peregrinaciones son analizadas por especialistas de países latinoamericanos, europeos, asiáticos y africanos, reunidos en la ENAH hasta este viernes.

Fuente: (INAH)

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