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Entrevistas - April 23, 2010

Las letras españolas se rinden ante el poeta mexicano José Emilio Pacheco

escribir: “Mi próxima batalla es sobrevivir a esta semana. No hay quien resista a lo que arrastra el Cervantes. Es gratificante, pero aterrador. Supongo que si se lo dieran a escritores más jóvenes sabrían cómo divertirse. Yo necesito para trabajar una cierta tranquilidad. Y ahora, felizmente, no la tengo. No estoy acostumbrado a tanto revuelo a mi alrededor”.

El autor de títulos como La edad de las tinieblas pasa unos días de doble desasosiego. Está intranquilo y preocupado por el grave estado de salud de su amigo del alma, el escritor Carlos Monsiváis. También le inquieta estar a la altura de sus predecesores, en especial de su querido Juan Marsé, en el discurso que pronunciará mañana en la Universidad de Alcalá de Henares al recibir el Premio Cervantes.

Considerado una de las voces literarias más importantes de Iberoamérica, Pacheco no sólo es un poeta excepcional, sino también uno de los mejores traductores, ensayistas y cuentistas de las letras hispanas. Tras un año de reconocimientos en ambas orillas del Atlántico y homenajes como el que le brindó la pasada edición de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, dice que pese a los premios sigue creyendo en su visión sobre la poesía, definida en Carta a George B. Moore en defensa del anonimato: “Extraño mundo el nuestro cada día / le interesan cada vez más los poetas; / la poesía cada vez menos”.

–  En los últimos meses se le acumulan los premios, las distinciones y los doctorados “honoris causa”. A un poeta que hasta ahora rehuía los reflectores, ¿cómo le afecta tanta atención mediática?
–  Sí, la verdad es que no esperaba nada de esto. Desde luego lo agradezco mucho. No me preparé y no tengo la destreza ni la naturalidad de quienes nacieron y crecieron en este nuevo mundo de la atención mediática. Me pasa algo semejante a lo que me ocurre con la electrónica: la utilizo pero sin tener las habilidades del nativo. Hablo con mal acento una lengua extranjera que apenas intento aprender cuando ya es demasiado tarde. Y tiene razón: no es posible vivir en los dos mundos. O leo y escribo como siempre, o me dedico a responder entrevistas periodísticas y a redactar discursos de agradecimiento.

– ¿Le impresiona tener que pronunciar un discurso en un acto tan solemne como la entrega del Premio Cervantes, ante los reyes de España, en un recinto histórico?
– Me impresiona, me cohibe, me intimida, me aterra y todos los verbos relacionados. Nunca pensé verme en ese lugar y la responsabilidad me excede. Ya veremos si sobrevivo al 23 de abril.

– El escritor Juan Marsé dejó el listón muy alto con su discurso en el año 2009. ¿Su texto es un estímulo o un punto de referencia?
– El discurso de Marsé es un modelo inalcanzable. No aspiro a superarlo ni a igualarlo. Marsé es un gran escritor. Lo admiro mucho. Además, se ha portado conmigo con una generosidad impagable.

– ¿Qué puede avanzar del discurso de mañana?
– ¡Nada! Llevo seis meses repitiendo las mismas cosas. Agradezco la atención, pero si digo algo es que no lo voy a escribir. Nabokov decía: “Si hablo soy un niño de siete años. Si escribo soy un gran autor”. Tenía razón. Yo necesito ver lo que escribo, para corregir. Y hablando no le puedes decir a la gente “borra eso, que te lo digo mejor”.

– ¿Le ha costado redactar el texto?
– Me ha costado un trabajo infinito. Imagínese la feroz ambigüedad a la que me enfrento: por una parte, cómo me atrevo a hablar de El Quijote y de Cervantes en España. Por otra parte, soy el lector común para quien en última instancia escribió Cervantes y se escriben todos los libros. No tengo el privilegio del bilingüismo. Mi única riqueza es el idioma. Y en este sentido, El Quijote es tan mío como puede serlo para los habitantes de Argamasilla de Alba.

– José Antonio Pascual, presidente del jurado del Cervantes, dijo que “José Emilio Pacheco se puede definir como el idioma entero”. ¿Cómo ha conseguido ese dominio de la lengua?
– Es más que generosa la opinión de don José Antonio Pascual. Si bien he leído y escrito desde mi infancia, me falta mucho para dominar el idioma. Me entristece darme cuenta de que ya no tengo el tiempo que necesitaría para leer lo que no he leído y escribir cuanto no he escrito.

– En un país como México tan influenciado por la cultura, la forma de vida y la vecindad de Estados Unidos, ¿el idioma español es una forma de identidad?
– Nunca creí que un día iba a verme como tradicionalista y conservador, pero lo que sucede con el idioma en México es desolador. Acepto los neologismos, pero me alarma la destrucción de la sintaxis. Cito un ejemplo: desde hace meses pasa a toda hora en la televisión el anuncio de una adivina que dice: “Los planetas influye en tu destino”. Ella cree que la concordancia se hace con destino. Y nadie parece haberlo notado, nadie la ha corregido. Imagínate la calidad de la educación que recibió esa mujer. Ya nadie dice buenos días, sino buen día (good day), ni que le vaya bien, sino que tenga usted un bonito día (have a nice day). Y, ¿qué opinar de otra pesadilla del año 2010 mexicano? Todo el tiempo la gente te dice, porque lo considera el súmmum de la modernidad, al final del día (at the end of the day). No se enteraron de que existen en resumen, en conclusión, a fin de cuentas y tantas otras expresiones.

– Es sabida su preocupación por el grave estado de salud de su amigo Carlos Monsiváis. ¿Qué significa para las letras mexicanas y como referente moral?
– Me entristece mucho su enfermedad. Monsiváis, Sergio Pitol y yo somos amigos desde 1957. Espero que se reponga de esta grave enfermedad que, injustamente, no proviene del alcohol ni las drogas, sino de su amor a los gatos. Yo creí conocer bien su obra. Cuando me pidieron el discurso para su premio de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, me di cuenta de hasta qué punto desconocía muchos de sus libros y la grandeza de su obra. Monsiváis está en un gran momento. Acabo de leer su ensayo sobre el caos de la Ciudad de México, Apocalipstick, y su trabajo sobre el fotógrafo Armando Herrera. Son de verdad magníficos. Ojalá pronto pueda volver a escribir. No concibo la ciudad ni el país sin Carlos Monsiváis.

“Me entristece darme cuenta de que ya no tengo el tiempo que necesitaría para leer lo que no he leído y escribir cuanto no he escrito. José Emilio Pacheco, escritor.

Fuente: (Informador)

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