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Libros - April 17, 2010

“Los brazos de Venus”, libro de Carlos Chimal que nos recuerda que el arte tiene la profundidad y consecuencias de la ciencia

nuestro corazón.

Esta publicación, coeditada entre ADN y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), fue presentada por la crítica de arte Avelina Lesper, los escritores Mauricio Montiel y Fausto Alzati, así como por su autor.

Los brazos de Venus es la búsqueda de aquellas omisiones históricas que unen y separan la ciencia del arte hasta llegar a la enseñanza de reconciliar la razón y los sentidos. Hay en la historia del arte hechos que delatan esa persistente reconciliación, como aquellos artistas de la pintura que usaban imágenes proyectadas para ejecutar sus cuadros.

Instrumentos e intuición son los dos brazos del arte ideal, estos  mismos brazos llevan a los científicos a encontrar ideas, las cuales adquieren coherencia y estructura lógica para poder ser abstraídas y plasmadas en ecuaciones algebraicas y en experimentos prácticos.

En sus escritos sobre ciencia, Leonardo Da Vinci decía: “Las reglas del método de investigación o método científico te ayudarán a distinguir lo verdadero de lo falso, te librarán del velo de la ignorancia”.

Para Da Vinci, recuerda la crítica de arte Avelina Lésper, la relación entre ciencia y arte está implícita en su trabajo, eran inseparables y compartían fines, era la búsqueda de la verdad a través de la experimentación y la comprobación de sus teorías. La verdad del arte significa lograr transmitir con fidelidad y autenticidad lo que el artista quiere decir, hacer de la obra un puente que comunique con el espectador, y significa también, como en la ciencia, la respuesta certera a las preguntas que el creador o el científico se hace.

“La relación del arte y la ciencia como las actividades más elevadas del pensamiento, sus búsquedas de campo y filosóficas son el tema del libro de Carlos Chimal, Los brazos de Venus. Arte, ciencia y tecnología a través del tiempo. En este momento en que el arte contemporáneo hace alarde de su ignorancia, de su falta de propósitos, banalidad y ocurrencia, el que exista un libro que nos recuerda que el arte tiene la profundidad, misiones y consecuencias que tiene la ciencia es esperanzador y revelador.

“Chimal hace un recorrido histórico y temático por la historia del arte y de la ciencia, cómo han compartido preocupaciones, contradicciones y cómo esta carrera a veces no es paralela, en ocasiones el arte se adelanta y en otras absorbe los hallazgos de la ciencia y se compromete con la responsabilidad de derribar mitos y de acabar con la ignorancia y el oscurantismo”, propuso Lésper.

Según palabras de la especialista en historia del arte, los científicos y los artistas en todas las épocas han soportado la persecución de la censura y han pagado hasta con su vida la lucha por la verdad. La base de la ciencia es el método científico, la creación de un orden para la investigación, y esto es evidente en las artes plásticas, en las que el artista se hace una pregunta frente a la piedra, el lienzo, la plancha de cobre, entonces observa, piensa y para responderse plantea una teoría que pone en práctica al experimentar con todos sus conocimientos técnicos y estéticos. Comprueba sus ideas cuando la obra cumple con sus expectativas, o la rechaza cuando la obra no es lo que buscaba, entonces borra lienzos, destruye esculturas y dibujos y comienza de nuevo.

“Este proceso que hace del arte un trabajo exacto, es lo que el arte contemporáneo ha negado: ahora todo es arte, no existe un proceso de autocrítica por parte del artista para desechar lo que no alcanza un nivel por lo menos visible. Han pervertido el concepto de experimentación para hacer del proceso lo trascendental y justificar cualquier resultado por fallido que sea.

“Si para ser científico se requiere de años de investigación y estudio, metas claras y humildad para encarar fracasos y errores, para ser artista basta con autodesignarse y está hecho, todos son artistas. Esto ha demeritado al arte como proceso intelectual y lo ha separado abismalmente de la ciencia, que era su compañera con la filosofía, en las cimas del pensamiento. Cambiamos el axioma por el chistorete, el teorema por la ocurrencia, hoy el arte es un accidente, no una búsqueda”, aseguró.

Sin embargo, precisó que para el gran arte la relación de la ciencia sigue intacta. “Vemos cómo las preocupaciones geométricas de José Clemente Orozco son las de los murales de Leonardo; la escultura hace de su planteamiento estético la presencia del objeto en el espacio, su relación de peso y densidad. En el Renacimiento les tomó miles de esculturas fallidas, miles de toneladas en metales encontrar una forma exacta de temperatura, mezclas y cantidades para que la pieza no se cuarteara en el vaciado. Los estudios anatómicos para recrear perfectamente la figura humana fundaron las bases para poder deformarla en planos consecutivos como lo hizo Picasso con el cubismo.

“El arte ha fornicado con la ciencia, han sido amantes, cómplices y aunque la ciencia se queja de la indolencia y la inconstancia de los artistas, se siente alagada cuando el arte explota sus teorías o se sorprende cuando el arte encuentra respuesta por el atajo de la estética.

“El libro Los brazos de Venus hace una gran labor no por la ciencia, que nunca ha perdido su prestigio a pesar de sus errores históricos, lo hace por el arte, porque retoma esta dimensión de inteligencia que el arte contemporáneo se ha empecinado en destruir.

El narrador, ensayista y traductor Mauricio Montiel, aseguró que el libro Los brazos de Venus, de Carlos Chimal, escapa al facilismo didáctico en el que caen ciertos libros de crítica de arte. “El libro nos enseña a ver otra vez las cosas, a revalorar la pintura incluso de autores que no estaban en nuestro gusto estético”.

Carlos Chimal es novelista y escritor científico que ha publicado más de 20 libros, entre éstos: La escalera del Universo (1996), Luz interior (2000), La cibernética (1999), El viajero científico (2001), Armonía y saber (2003), Cazadores en el horizonte (2004), Nubes en el cielo mexicano (2004) y Las neuronas de Shakespeare (2009).
MAC

Fuente: (CONACULTA)

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