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Espectáculos - April 3, 2010

La Compañía Nacional de Danza, 47 años de ser embajadora del ballet de México

embajadora del ballet que se hace en México.

A lo largo de casi medio siglo, miles de creadores han formado parte de las filas de la CND. Desde bailarines, coreógrafos y maestros, hasta escenógrafos, vestuaristas, técnicos y médicos, quienes han hecho posible esta aventura dancística de la que se han cosechado importantes frutos, y no sólo en nuestro país, sino en el extranjero.

Su existencia se debe a un gran visionario mexicano: Celestino Gorostiza, quien pensó en la necesidad de que nuestro país contara con una compañía de ballet que la pusiera a la altura de las grandes potencias que impulsan este arte.

En ese entonces, Gorostiza era director del INBA, cargo que le permitió apoyar con gran fuerza este proyecto integrado en 1963 con los mejores elementos del llamado Ballet Concierto y el Ballet de Cámara.

Al principio, el nombre del grupo fue Ballet Clásico de México, pero al detectar el valor y los alcances que se podían conseguir con la iniciativa, en 1977, por decreto presidencial, tomó el nombre con el que actualmente lo conocemos: Compañía Nacional de Danza.

Desde entonces, la CND ha tejido una historia invaluable en la que han contribuido cada uno de sus integrantes, especialmente sus directores, quienes supieron enriquecerla con su propio estilo y por ende, protagonizar las etapas más fructíferas del grupo.

Muchos son los hombres y mujeres que mantuvieron como nunca a este barco en altamar. Imposible olvidar el legado de Laura Urdapilleta, Nellie Happee, Salvador Vázquez Araujo, Felipe Segura y Guillermo Arriaga.

Urdapilleta supo contagiar a los bailarines de la filosofía que la llevó a ser catalogada como “La bailarina de México”, y que tenía que ver con la virtud de explotar los dones naturales como intérpretes, más allá de la técnica.

Happee compartió  con la CND su profunda creatividad a la hora de confrontar al cuerpo con el movimiento. Siempre le ha interesó que cada pieza suya estuviera respaldada por un concepto justificado. Para ella, lo complicado radicaba en trasformar sus pensamientos en movimientos y que resultaran atractivas para el espectador.

En tanto, Vázquez Araujo siempre se preocupó por conformar un repertorio clásico y que los bailarines fueran depurando su técnica en función del rigor y la disciplina, pues la idea no era tener gimnastas sino intérpretes que aportaran un lenguaje corporal.

Con Segura, la CND se dio a la tarea de dar a conocer el repertorio tradicional del ballet clásico entre varias generaciones de bailarines y al público mexicano; no hay que olvidar que él fue uno de los pioneros de este género en nuestro país, así que aprovechó la titularidad de la compañía para promover este arte.

Arriaga transmitió esa pasión y ese compromiso por la danza, así como su gran capacidad creativa e interpretativa, de la que a veces muchos intérpretes carecen. Siempre ha pensado que la compañía vive grandes momentos, pero no deja de aconsejar que debiera afianzar su personalidad montando más obras nacionales.

Detrás de cada función de la CND hay centenares de horas de ensayos al interior de sus instalaciones, ubicadas en el Centro Cultural del Bosque, donde diariamente acuden bailarines, coreógrafos y equipo creativo para montar los espectáculos que durante tantos años han sido ovacionados por el público mexicano.

La compañía cuenta con más de 150 obras de repertorio, pero hay algunas piezas en particular que le han permitido posicionarse en la escena nacional, incluso a nivel internacional por la particularidad de su montaje.

De hecho, durante la celebración de su 40 aniversario, la CND ofreció en nuestro país funciones especiales de las obras que ya son un símbolo dentro de su historia:

“Don Quijote”, basado en un capítulo de la obra cumbre de Miguel de Cervantes Saavedra; “Giselle”, pieza que marcó los ballets románticos de la época clásica; “La balada del venado y la luna”, de Ana Mérida; “Zapata”, de Guillermo Arriaga; “¡Esquina bajan! De Nellie Happee, “Entre el cielo y la tierra” de Tania Pérez-Salas y “El viaje a la luna o Viaje a la X (de la luna a la tierra)”, de Raúl Parrao.

Tales coreografías han sido representativas de diferentes etapas de la CND, de ahí que hayan sido elegidas para la celebración. Sin embargo, hay otras que se han vuelto un clásico y por ende, cada año son obligadas dentro de la programación del grupo. Se trata de “El Lago de los cisnes”, “La Bella Durmiente” y “El Cascanueces”.

Mención especial merecen las dos primeras por la peculiaridad de sus montajes. En el caso de “El Lago de los cisnes”, la agrupación mexicana la ha representado durante 34 años en un escenario natural, la isleta del Antiguo Bosque de Chapultepec, un hecho sin precedentes en el mundo. Se ha realizado hasta la fecha 874 funciones en este espacio.

Por lo que respecta a “La Bella Durmiente”, la CND decidió interpretarla desde hace seis años en otro escenario natural, idóneo para este cuento de princesas: la explanada principal del Castillo de Chapultepec, propuesta que sigue generando gran expectación no sólo entre los mexicanos, sino extranjeros que se han interesado en conocer este monumento histórico a través de este espectáculo dancístico.

Finalmente, “El Cascanueces” también se ha convertido en un clásico del repertorio de la CND. Ya son casi tres décadas de presentaciones ininterrumpidas en la escena nacional, debido a la calidad y profesionalismo con la que es interpretada.

Sin lugar a dudas, las semillas sembradas hace 47 años siguen dando frutos a un proyecto dancístico que no debe dejar de evolucionar, como lo ha dicho su actual directora, Sylvie Reynaud, quien está apostando todo para que la CND mantenga su nivel técnico, pero también su emotividad.
GJB

Fuente: (CONACULTA)

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