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Arte y Cultura - March 30, 2010

Desde 1929 el Museo de El Carmen instala el “Altar de Dolores”, apoyado por Carmelita Mendoza, vecina de San Ángel de 91 años de edad

la Capilla Doméstica, acompañado de un retablo del siglo XVIII y óleos de autor anónimo del mismo siglo.

El montaje de los altares de Dolores es una tradición que se ha ido perdiendo; “hace 20 años ya era rarísimo verlos, cuando en San Ángel fue una costumbre arraigada. El paso del tiempo y el ritmo de la vida moderna han hecho que olvidemos estas tradiciones iniciadas en la Colonia y en las que por el sincretismo cultural podemos identificar remanentes prehispánicos”, señaló Alfredo Marín, director del Museo de El Carmen.

Por eso —continúa—, es importante que en recintos culturales como el Museo de El Carmen se mantenga viva esta tradición iniciada en México durante la Colonia; comenta que San Ángel es un lugar rico en patrimonio cultural intangible expresado en actividades que llevan años de celebrarse, como la Feria de las Flores, originada como una fiesta para la Virgen del Carmen, por lo que la vocación del recinto museográfico también está orientada a conservar ese tipo de expresiones.

En este museo adscrito al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), la instalación del Altar de Dolores implica la solicitud en préstamo a la iglesia del Carmen, de una imagen en madera tallada y policromada del siglo XVIII que representa a la Virgen Dolorosa, “se trata de una talla muy bella en cuyos brazos lleva un corazón de plata atravesado con una daga.

“Cada año esta escultura es revisada por personal especializado del INAH, que hace un dictamen de su estado de conservación con la finalidad de mantenerla en perfectas condiciones”.

Este año por primera vez, destacó el también restaurador, el altar fue colocado en la Capilla Doméstica —ubicada en la planta alta del museo—, donde se encuentra el único altar original dorado que sobrevivió del Ex Colegio de San Ángelo Mártir, edificado por la orden de los carmelitas descalzos.

Es un retablo de estilo barroco salomónico, con óleos de Francisco Martínez, cuenta con un relicario al centro y una escultura de Nuestra Señora del Carmen hecha en mayólica, que en estas fechas es sustituida por la Virgen Dolorosa.

El retablo fue colocado en la capilla durante el siglo XVIII y esculpido y dorado por el artista Francisco Martínez, célebre por decorar los retablos de Jerónimo de Balbás, en la Catedral Metropolitana. También creó las dos pinturas superiores del retablo: La visión de Alberto y El éxtasis de Santa Teresa.

Alfredo Marín recuerda que desde la Colonia, cuando se fundó el barrio de San Ángel en los alrededores del Ex Colegio de San Ángelo Mártir, y que hoy es sede del Museo de El Carmen, el viernes previo a la celebración de Semana Santa, en las grandes casonas de gente adinerada se montaban sendos altares dedicados a la Virgen de los Dolores, en los que resaltaba la imagen sacra, acompañada de diversos elementos que recordaban su sufrimiento por la muerte de Cristo.

Semanas antes del montaje, se sembraba cebada, chía, alpiste, trigo o amaranto, en pequeñas macetas u objetos de barro con forma de animales, para que las plantas recién nacidas formaran parte del altar. Según la simbología cristiana, estos germinados representan la Eucaristía —instituida por Jesús en la Última Cena— y el nacimiento de la fe al pie del Calvario.

En los altares también se colocaba agua teñida de colores en alusión a las lágrimas derramadas por la Virgen durante La Pasión de su hijo; naranjas agrias adornadas con banderitas doradas en representación del dolor, y flores en señal de alabanza.

La mesa se adornaba con grandes cirios colocados en ostentosos candeleros y lámparas de aceite que al encenderse iluminaban vivamente los colores del agua. El altar se colocaba ocho días antes del Viernes Santo con la idea de consolar a la Virgen por la muerte de Cristo.

La figura principal de los altares es la Virgen de los Dolores cuyos atributos son un corazón con uno o siete puñales y los signos de la Pasión: la corona de espinas, los clavos, el martillo, la escalera, la bolsa con 30 monedas y los dados con los que soldados se jugaron la túnica de Cristo.

Ya listos los altares, el Viernes de Dolores la gente acomodada abría los zaguanes de sus casas a todo el que quisiera visitar el altar, y en cada una de las mansiones se recibía a los creyentes con aguas frescas de diferentes sabores tradicionales: horchata, chía, limón, tamarindo, jamaica, timbiriche y semilla de melón, que también simbolizaban las lágrimas de la Virgen Dolorosa.

La tradición del Altar de Dolores se remonta al siglo XVI, con el arribo de los primeros evangelizadores durante la Conquista, pero fue hasta el XVIII cuando aparecieron crónicas y relatos con alusiones concretas a la celebración. Es entonces cuando el culto por la Virgen Dolorosa llega a las casas, ya que originalmente sólo se colocaba en iglesias y conventos.

Desde hace 81 años el Museo de El Carmen realiza el montaje siguiendo esta tradición apoyado por la señora Carmelita Mendoza, vecina de San Ángel de 91 años de edad, quien aprendió a preparar el altar con su madre.

El altar estará en exhibición hasta el domingo 18 de abril. El Museo de El Carmen se ubica en avenida Revolución esquina con Monasterio, San Ángel. Horario de visita: martes a domingo de 9 a 17 horas.

Fuente: (INAH)

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