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Entrevistas - March 9, 2010

Azteca 21 conversa con el escritor Mauricio Bares

son las cosas que marcan nuestras vidas; hechos que pasan desapercibidos para el ojo distraído, pero no para Bares, quien ha sabido crear con inteligencia su materia narrativa en lo que él llama “lo cotidiano”, no como algo intrascendente, sino como una veta esencial de la condición de cualquier persona en cualquier lugar, y qué mejor que la creación literaria para acercarnos a esa experiencia mundana bajo la visión del  autor.

Bares también es un prolífico colaborador en varios medios nacionales como “Reforma”, “Nexos”, “Día siete”, cofundador del periódico “Asangre Fría”. Su cuento “El otro nombre de la rosa” fue llevado al cine y obtuvo mención honorífica del Premio Ariel en 1992. Dos de sus libros han sido finalistas en los concursos literarios Herralde de Novela 2005 con “Anónimo”, y el concurso Abigael Bohórquez (2003), y Premio Anagrama (2006), por “Posthumano”. Azteca 21 conversó con él sobre su trabajo y otros temas.

¿Qué títulos tienes publicados?

Novela corta: “Streamline 98”. Relatos: “Sobredosis”, “La vida es una telenovela”, “Apuntes de un escritor malo”. Crónica literaria: “Ya no quiero ser mexicano”. Ensayo: “Posthumano”.

¿Cómo defines tu trabajo literario, qué temas te interesan?

Al igual que cualquier otro escritor me interesan los llamados “grandes temas”. Pero me parece que su manifestación más profunda se halla en los actos cotidianos. Para mucha gente —escritores, críticos y lectores— lo cotidiano es sinónimo de superficial. Yo estoy en desacuerdo. Esto no es un hallazgo contemporáneo ni mucho menos. Lo vemos en Shakespeare, Cervantes, Quevedo, Molière. “Crimen y castigo” nos detalla el remordimiento que un tipo común y corriente sufre tras un crimen absurdo; y lo vivimos con total intensidad porque lo atestiguamos en los actos cotidianos del protagonista. Si sólo asistiéramos a sus divagaciones sentado todas las noches frente a un vaso de vodka resultaría aburridísimo. Creo que es en los actos cotidianos donde surgen las disyuntivas y los dilemas que ponen a prueba al hombre frente a los grandes temas.

Uno de tus libros es “Ya no quiero ser mexicano”, ¿a qué se refiere el título?, ¿es un lamento o una provocación?

Claro que hay un lamento, pero el libro no se queda allí. Le da la vuelta y lo convierte en un reclamo. Lo mismo sucede con el título: la provocación sólo es un recurso para llamar la atención hacia el reclamo central, no un mero escándalo. Los mexicanos tenemos un modo muy despiadado y divertido de ver las cosas, pero que casi nunca empleamos para vernos a nosotros mismos, mucho menos en aquellos detalles que supuestamente definen nuestra nacionalidad. En ese sentido, yo describiría al libro como el viaje que un mexicano desfachatado hace a varios países, entre ellos uno llamado México.

En tu caso, ¿cómo construyes tu narrativa, a partir de tus experiencias, de lo que quisieras que fueran las cosas…?

En general, es a partir de mis experiencias. No sé si en mi caso la escritura es consecuencia de una vida agitada o si he llevado una vida así porque de algún modo ya estaba predestinado a escribir. Hace poco me di cuenta de que cuando era niño, a pesar de provenir de una familia muy numerosa donde el lenguaje era muy vivaz y divertido, pasaba mucho tiempo solo, fantaseando, imaginando, inventando. Ahora hago lo mismo. Los principales elementos de mi infancia son éstos con los que ahora vivo.

¿Literatura como ficción o como forma de vida?

Como forma de vida. Eso sí, no confundo la vida con la obra, pero como autor no me interesa disociarlas porque entonces la escritura carece de interés para mí. Elementos sustraídos de experiencias en Cuba y en el Pacífico guerrerense dieron forma a un escrito que sucede en África. Vivir bajo la nieve en Inglaterra, conocer a un profesor polaco que enseñaba literatura rusa y divorciarme de una inglesa se amalgamaron en un relato en Siberia. Nunca he estado en África ni en Siberia.

¿Es posible “darles vida” a los personajes?

Muchos autores confiesan que de pronto sus personajes, sus escenas y sus tramas se salen por completo de lo que tenían planeado, como si tomaran vida propia. Y es que en realidad están tomando vida propia. Esos autores están creando vida. Si yo quiero escribir sobre algo que viví, puedo darme el lujo de comenzar y terminar donde quiera, usar el tono que crea más adecuado, narrar en primera o tercera persona, pero si algo comienza a tomar coherencia bajo otros lineamientos, no dudo en considerar sus posibilidades y ajustar lo que sea necesario. A veces eso significa alejarte de tus experiencias, a veces apegarte a ellas.

En México, los grupos literarios pueden ser un aliciente o un obstáculo para los jóvenes escritores, ¿cómo fue tu experiencia?, ¿consideras que se puede sortearlos?

Tengo la certeza de que la actividad cultural de nuestro país —lo que incluye a la literatura— se maneja igual que otras manifestaciones nacionales, como son la política, la vida empresarial, las relaciones laborales, la televisión, los deportes. Bajo estructuras muy rígidas, muy jerárquicas, carentes de dinamismo. Como las pirámides. El acceso a ellas debe hacerse humildemente, desde la base, e ir ascendiendo por escalafón, del mismo modo en que lo hacen los trabajadores de la SEP, lo cual no resulta un símil muy descabellado si consideramos que la cultura es la punta de una pirámide cuya base la constituye el sistema educativo del país. Si uno acepta estas condiciones, un grupo es de gran ayuda. De lo contrario, resulta muy difícil sortearlos, pero es posible. Finalmente, el átomo de la literatura, su unidad básica, es la relación entre escritor y lector. Mientras encuentres modos de ganarte lectores, y mientras éstos tengan un interés en seguir tu trabajo, no hay nada que los grupos puedan hacer para obstaculizarte.

Tu último libro es “Apuntes de un escritor malo”, platícanos un poco de él, ¿qué pretendes con esta novela?

La verdad es que no lo veo como una novela. Se trata de los apuntes que un escritor va haciendo en su cuaderno sobre el mundo dentro y alrededor de la literatura: el acto creativo, la subsistencia, el medio literario, las casas editoriales, las mesas de redacción, las ferias de libros, los talleres, etcétera. Sus apuntes están salpimentados con sus propias experiencias y, debido a una necesidad de lógica, existe cierta cronología; finalmente, se trata de un cuaderno, una bitácora. Pero no hay un hilo narrativo que recorra el libro de principio a fin, que se vaya desarrollando y llegue a un clímax y un desenlace, como se le exigiría a una novela. Todo se narra desde la perspectiva de un escritor (Anónimo Hernández), quien asume que nunca será un autor reconocido; es feo, pobre y todos lo confunden con alguien más. Pero Anónimo ama la Literatura Universal, como él le nombra. El epígrafe dice: “Nada de lo que cuento es real, pero tampoco es mentira”. Eso me ayuda a contestar una de las preguntas anteriores. Casi todo lo que cuento está basado en experiencias personales, que aquí se presentan de una forma muy cómica, retorcida y adaptada a la perspectiva de un personaje que se parece a una parte de mí, pero que no soy yo. Lo más divertido es ver ese mundo solemne y pomposo de las letras desde un ángulo que lo desnuda, donde los escritores guapos tienen más posibilidades que los feos, donde las reuniones editoriales propician encarnizadas luchas de egos, donde las ferias de libros no se distinguen de una feria de zapatos (el propio medio editorial dándole la razón a Carstens). Supongo que el libro ha gustado porque dice cosas que muchos sabemos, pero que casi nadie se atreve a decir porque son difíciles de exponer sin herir susceptibilidades y ganarse enemigos.

¿Qué piensas de las redes sociales, blogs, etcétera, para la creación literaria, son una herramienta, consideras que aportan algo, cuál es tu postura?
Pienso que son muy útiles. Pero de entrada disiento de quienes creen que los escritos publicados en un blog deben considerarse automáticamente como Literatura, con mayúscula. La palabra blog es una abreviación del término web-log, que significa “bitácora en la Red”. La bitácora de un intelectual, sea éste un artista, investigador, científico, son los apuntes que registran sus actividades en torno a un trabajo determinado: los libros que está leyendo, sus fundamentos, sus hallazgos, etcétera. Los blogs son el equivalente a los cuadernos y las cartas de antaño, como los de Flaubert respecto de “Madame Bovary”. Aunque son como los cuadernos y planos de un arquitecto, que siempre serán valiosos, lo que realmente importa es la casa que construye. Aun como diarios o apuntes, los blogs me parecen increíblemente útiles dada su inmediatez y sus posibilidades de interacción. Una vez que redactas una entrada en un blog, te aparece el botón de “publicar”. Habiendo sido editor durante muchos años, me parece fascinante cada vez que pulso ese botón, porque estás mandando tu texto al mundo de manera inmediata. Esto le ofrece a un escritor la invaluable experiencia de la retroalimentación.

¿Cómo lo utilizas?

Habiendo dicho lo anterior, debo aclarar que yo he optado por usar los blogs de una manera distinta. Mis blogs son una alternativa para tener mis web-pages en una versión práctica, gratuita y, sobre todo, personal, donde no dependo de un diseñador que me cobre carísimo, se tarde semanas y haga lo que se le pegue la gana. Porque en mi caso no se trata de bitácoras. Prefiero guardar mis apuntes en cuadernos y dejarlos para mí. Curiosamente, lo que publico en mis blogs sí es mi literatura, no mis apuntes. Puede tratarse de inéditos o de escritos publicados en algún medio impreso, ya sea comercial o independiente.

¿Qué estás preparando en este momento, puedes contarnos un poco?

No tengo nada en concreto. Soy un poco holgazán y no tengo prisa. Pero hace muchos años, un profesor místico decía que debemos callarnos la boca y no revelar nuestros planes porque la boca es uno de los mayores expulsores de energía. Otros amigos dicen que soy supersticioso a secas. Pero yo creo lo siguiente. Si tú atesoras un vino, lo haces bajo ciertas condiciones de hermetismo. Con un hijo pasa lo mismo. Toma su tiempo de gestación. No destapas un vino, no expones a un hijo, porque entonces dejan de ser lo que son, los pones en riesgo. Por eso no le soy fiel a la definición verdadera de un blog. La fermentación me sigue siendo un acto íntimo y personal.

Mauricio, muchas gracias por tus palabras…

Comentarios a esta nota: benjamin.solis@azteca21.com

Foto: caricatura del editor y escritor Bares.
Cortesía: M. Bares.

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