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Mujer - March 8, 2010

“De Niñas a Guerrilleras”, jornada académica con la participación de mujeres ex-combatientes en los años 70’s

campesinos sobre la necesidad de organizarse, luchar contra las injusticias que padecían y defender sus derechos.

Era finales de la década de los años sesenta cuando Guillermina Cabañas, de apenas 18 años de edad, se sumaba a la guerrilla en la sierra de Guerrero. Atrás quedarían la niñez y adolescencia pacíficas; las fiestas donde tocaba la orquesta formada por su padre, hermanos, primos y sobrinos; las mañanas en el campo dedicada a la cosecha de arroz, frijol, maíz y café.

De ello hablará la ex combatiente junto con otras ex militantes de organizaciones armadas de la segunda mitad del siglo XX, en la jornada académica De Niñas a Guerrilleras, que se realizará el lunes 8 de marzo, en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), como parte de su Seminario Permanente sobre Movimientos Armados en América Latina, y en el marco del Día Internacional de la Mujer,

“El propósito es que se reúnan para contribuir con sus testimonios a la memoria de la participación de las mujeres en las luchas sociales. De este modo, una decena de mujeres expondrá el camino recorrido que las llevó a optar por las armas para luchar por una vida mejor”, explicó Raquel Velázquez, de la Jefatura de la Licenciatura en Antropología Social de esta escuela del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), y organizadora del encuentro.

Una de las participantes en este foro académico será Guillermina Cabañas Alvarado, quien al hablar de su experiencia, se refirió con especial nostalgia a su niñez en el pueblo de San Juan de las Flores, municipio de Atoyac de Álvarez Guerrero, en el estado de Guerrero.

“Mi infancia se desarrolló en el campo, mi papá era campesino, cultivaba arroz, frijol, maíz, fue muy apegado a nosotros, nos hacía columpios sostenidos de los árboles y nos amarraba con un rebozo arriba de un burro para llevarnos a pasear. Él hacía fichas de dominó, cartas de baraja, y muchos juegos para entretenernos.

“Además, era músico, tocaba el violín, y con otros dos señores tocaban en las fiestas del pueblo. Luego hizo una orquesta con mis hermanos, primos, sobrinos, y animaban todas las fiestas. Mi papá nos consintió mucho, se llamaba Felipe Cabañas Ocampo y mi mamá era Aris de Alvarado Zamora”.

Con gran orgullo, Guillermina recordó también su primer contacto con Lucio Cabañas. “Era maestro, y allá en la sierra empezó a organizar a la gente de los pueblos para que no dejaran que hubiera tanta tala de madera, porque después iban a venir las consecuencias. Les decía que había que pedir centros de salud, agua potable, carreteras. Mi papá iba a las reuniones con mis tíos y así fue como lo conocí”.

El primer acto violento contra su primo ocurrió en la primaria de Atoyac de Álvarez Guerrero, donde la  directora —dice la ex combatiente— explotaba a los padres de familia, a quienes les pedía cooperaciones muy altas y obligaba a los niños a que compraran su torta en la escuela, además de exigirles llevar el uniforme, de lo contrario no podían entrar.

“Lucio empezó a organizar a los padres de familia para que protestaran por esas medidas, hicieron un mitin en la escuela y en esa movilización los balacearon porque querían matar a Lucio, pero la gente lo cubrió y resultaron muertas otras cinco personas”.

Después de ese suceso, salió del pueblo y empezó a organizar grupos clandestinos. Empezó a enviar cartas a la familia para prevenirlos de posibles persecuciones. Y a Guillermina le pidió que hablara con los jóvenes para que tomaran conciencia de la situación y lucharan por mejorar las cosas.

“Ahí empecé indirectamente, pero luego vino la persecución, llegaban helicópteros y sacaban de sus casas a la gente, la llevaban a las canchas de basquetbol y colocaban a las mujeres de un lado y a los hombres del otro, anotaban nombres, apellidos, y si eras Cabañas, te ponían contra la pared con las manos para atrás.

Las mujeres empezábamos a gritar, nos lanzábamos contra ellos, pero nos replegaban a culatazos. Y así se los llevaban sin tener ninguna orden de aprehensión. Los militares cometieron muchos atropellos, muchos familiares siguen desaparecidos”.

Como su familia ya no podía estar tranquila, sus padres y hermanos se fueron del pueblo y sólo ella se quedó para hacerse cargo de los trabajos del campo. “Le pedí a mis papás que me permitieran quedarme y fue cuando me integré a la guerrilla, no fue fácil, tenía mucho miedo de las armas, pero empecé a practicar, a aprender, y pues aquí estoy todavía, contando esa historia”.

Cinco años permaneció en la lucha, escondida en la sierra, comiendo muchas veces sólo raíces y frutas, y empapados por la lluvia. “Todos compartíamos lo poco que teníamos, éramos como hermanos”. 

A los 23 años, en 1974 dejó la batalla—dos meses antes de que mataran a Lucio—, porque tenía cinco meses de embarazo y su esposo, también guerrillero, le pidió que se retirara.

“Logré salvarme pero todavía tenemos un hermano desaparecido, lo agarraron acá en la Ciudad de México. Mucho tiempo tuvimos que ocultar nuestra identidad, no podíamos dar los nombres verdaderos. Hasta principios de los años 90 empezó a calmarse la situación. Cuando mis hijos entraron a la escuela, a la secundaria, les expliqué por qué en algunas colonias me conocían con otro nombre”.

A la distancia, dice que ese movimiento valió la pena porque ahora la gente exige más y defiende sus derechos, a pesar de que aún persisten muchas injusticias. Y comentó que tiene el proyecto de plasmar en un libro toda esta experiencia, “ya tengo más de 60 años y no me vaya a sorprender la muerte”.

De Niñas a Guerrilleras contará con la participación de más de una docena de mujeres ex combatientes, entre ellas María de la Luz Aguilar, Alejandra Cárdenas Santana y Marta Piña Barba, entre otras. La jornada se realizará este 8 de marzo en la ENAH, ubicada en la calle Zapote, esquina con Periférico Sur, colonia Isidro Fabela, de las 16:00 a 21:00 horas.

Fuente: (INAH)

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