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Entrevistas - January 14, 2010

Memorias de un huapanguero: Santiago Leandro Chávez o la música en las venas (2)

casetita, hay unas paraguas ahí… ahí se pasa él… trae un bordón… un viejito él.

¿Es más grande que usted?

Sí, ya con trabajos anda él…. ahí se pasa a diario… él trabaja orita en la Casa de Cultura…

¿Da clases de guitarra?

Da clases de guitarra ahí, pero le pagan muy barato a él, a mí me dijo que fuera, pero no, pagan muy barato, 720 pesos a la quincena o creo que al mes, ya ni para el pasaje me alcanza, le digo no, Cástulo, gracias, porque él me dijo yo te consigo la chamba, cuánto te ganas ahí, le digo, cuando menos unos 1200, unos 1500, bueno, ya siquiera tengo unos 800 que me queden libres, pues ya, ¿no?, que me dice nos pagan 720 a la quincena o al mes. No, le digo, Cástulo, está muy barato…

¿Eso cuándo se lo dijo?

Tiene como unos tres meses…

Ah, ¿todavía lo ha visto?

Sí, voy a Altamirano y ahí voy a verlo…

¿O sea que todavía mantienen la amistad?

Sí, yo lo visito porque yo me llevé bien con él, me he llevado bien con él, no hemos tenido nada de discordia ni nada…

Oiga, ¿alguna vez salió fuera de México con los grupos que anduvo?

Sí, bueno… fui a… bueno, no muy lejos, pero hemos salido…

¿A dónde?

A Oaxaca, a… ¿cómo dicen?

¿A varios estados de la República?

Ajá.

Pero fuera del país, ¿no salió?

Sí.

¿A dónde?

A Japón.

¿Con el grupo que andaba?

Hey.

¿Fueron como mariachi?

Íbamos acompañando a un ballet.

¿Cuánto tiempo?

Duramos un mes.

¿Qué tal Japón?

Bien bonito.

¿En qué año fue eso?

Tiene como 20 años que fuimos.

¿Nada más salió allá?

Sí, nada más…

Cuando acompañaron a Amalia Mendoza o a Paco Michel, ¿era para tocar en una serenata o casa particular?

No, era en el teatro…

¿En [ciudad de] México?

En México.

¿No salieron de gira ni nada así?

No, acompañamos también, cuando empezaba, a Vicente… pero eso acá en Morelos.

Cuando comenzaba Vicente, ¿en dónde?

Ahí, en Morelos.

¿En Cuernavaca?

Ahí andábamos tocando, nosotros íbamos con la cerveza, pues… un palenque y ahí cayó Vicente y dice qué mariachi está, no que fulano; nos mandó un caset, díganles que estudien este caset, para que me acompañen, sí, lo acompañamos…

¿Cuántas veces?

Nomás una, él iba un día nomás, una noche…

¿Qué tal les fue?

Bien…

¿Y qué tal canta?

Oh, canta lo suyo bien, pero él quiere cantar los boleros del difunto este… Javier Solís, pero ahí sí no sirve él para eso, en las rancheras sí, las bravías de él sí, tiene lo suyo, pero en los boleros no, nomás el difunto…

Oiga, ¿usted conoció a Javier?

Sí.

¿Dónde lo conoció?

Ahí, en Garibaldi…

¿Cuando ya era Javier o cuando empezaba?

No, cuando ya era, iba mucho a comer allá al mercado, apenas empezaba, pero ya era conocido, ya era bueno, llevaba un carrito, un ford, bien viejo, luego lo conocíamos, ahí viene Javier, nos amontonábamos todos los mariachis, entonces ya cargábamos el pinchi carrito, órale, cabrones, quítense, nos vas a cantar pues aquí unas canciones, cabrón, ya se bajaba, a ver pues, consigan el mariachi mejor para cantarles, y como ahí se la pasaba el mariachi que acompañó a Javier en sus grabaciones…

¿No se acuerda cómo se llamaba?

No me acuerdo…

¿Y ya que llegaba el mariachi?

Ya andaban buscando el mariachi, a ver unas canciones acá con Javier, sí, sí iban, ni cobraban, pues ellos tenían el gusto de que acompañaban a Javier…

¿Y Javier sí le entraba? [Hago un gesto con la mano que significa beber.]

Un poco.

¿Sí le entraba a las chelas?

Sí… El que le entraba era el difunto José Alfredo…

¿También lo conoció?

Sí, lo acompañamos también.

¿Le entraba sabroso?

Llegaba en la madrugada a Garibaldi, con una vieja, viejones llevaba el difunto, ahí vendían calientitos, ajuera, se echaba sus calientes…

¿Té con piquete…?

Con alcohol, canela con alcohol, y órale, muchachos, dice, los voy a persignar, mucho le gustaba “Gabino Barrera”, tóquenme “Gabino Barrera”, y él la cantaba, le tocábamos otras dos, luego decía voy a llevar a esta vieja… y ya.

¿Era a toda madre?

Sí, muy bueno…

¿Y el Javier?

Igual, los dos esos eran… a todo dar… El difunto Javier era muy buena gente, José Alfredo también, no se diga, ora mis mariachitos, cabrones…

¿Los dos eran mal hablados?

Sí, bien; los dos nos decían cosas…

Javier había vivido en Tacubaya…

Hey, pero ahí mucho lo quisieron los mariachis, también a José Alfredo, al que no quisieron fue a Vicente, ahí nunca lo han querido por fachoso, por apretado, ahí lo corrieron a Vicente, salió por puertas ahí, pero bueno…

¿Usted conoció ahí a un señor que se llama Nicolás Puentes, de Nochistlán, Zacatecas?

¿Nicolás Puentes?

También anduvo muchos años en Garibaldi…

Ah, sí, un chaparrito él, bigote negro, sí, lo conocí… pero creo que ya murió…

No, está en Nochistlán.

Nosotros supimos que… [Guarda silencio.]

No, tiene otro hermano en Estados Unidos…

Sí, yo los conocí, todavía andaban los dos, muy buenos esos, no me acuerdo cómo se llama el hermano, como no tuvimos mucho roce con ellos, así nomás hola, compañeros, pero no supe cómo se llamaba su hermano, de él sí, sí lo conocí…

Oiga, y de aquí, ¿tiene alguna canción que le guste en especial?

Mire, la música toda es bonita, pero ora sí, como dice el dicho, hay que saberla apreciar, usted pide una canción porque le llega y la va a apreciar…

¿A poco no hay ninguna en especial que le guste?

Toda me gusta, de mariachi todas me gustan, las de aquí también todas me gustan…

Usted creció con esta música…

Sí, toda me gusta, más me gusta esta porque es la de mi tierra, ¿no? Pero el mariachi también me gusta mucho, anduve con norteños también tocando, pero me gustó más el mariachi, a mí me corrieron mucho de Garibaldi, me echaron a la cárcel, y todo eso…

¿Por qué?

Porque no me dejaban tocar, no traiba permiso…

¿No era del sindicato?

No, nada…

¿Nunca fue?

Sí, nomás que… yo me fui a… iba yo pues y me corrían, a ver tus papeles, no pues no traigo, al bote, cabrón, y así le fui sufriendo, sufriendo, hasta que un señor les dijo déjenlo, un señor ya grande, yo estaba joven, no, señor, no le va a durar ese muchacho, les duré como cuatro años a esos señores, a los tres años me dice el señor, vienes mañana temprano porque vamos ir a sacar tu credencial, ya te la van a dar, sí, dije, creo que el muchacho tiene ya derecho a su credencial, tiene tres años conmigo aquí, dijo el señor.

O sea que no era tan fácil…

No.

Me imagino que ahora sí…

Sí, pero antes no, y antes en Garibaldi no se tocaba toda la noche, cuando yo caí todavía alcancé poquito, hasta medianoche, y de ahí se acababa Garibaldi…

Pero me imagino que empezaba más temprano…

Sí, pero ahora hay a todas horas, en el día y en la noche, toda la noche, por eso le digo que yo sufrí mucho ahí…

Pero luego la gozó, ¿no?

Me echaban al bote, yo me volvía a meter a Garibaldi, duraba 24 horas, y de nuevo iba y… hasta que este señor respondió por mí, y no, déjenlo aquí, va a trabajar conmigo…

¿Y su credencial todavía la guarda?

Sí.

¿No la trae ahora?

No, no la traigo aquí, no, yo duré muchos años ahí pues, fui parte del sindicato, fui este.. trabajé ahí en el sindicato.

¿Fue parte de la grilla?

Sí, estuve en el sindicato trabajando ahí, yo también era jefe ya…

¿Sí?

Al último era secretario general ahí de todos los mariachis, ahí nomás son tres años, luego vuelve a votarse, otro…

También escogen reina, ¿no?

Hey.

¿A usted quién le tocó de reina?

Estaba… cómo se llamaba… Yolanda del Río, creo…

¿Quién más? Cada año cambian, ¿no?

Había muchas ahí… Lola…

Secretario general, eh.

Sí.

¿Y hay mucha transa entre los mariachis?

Sí, ahí está muy corrompido.

Usted participó también de ese pastel…

No, por eso me sacaron, porque no quise robar a mis compañeros… Les dije voy a trabajar, pero no voy a robar a mis compañeros…

Y sí cumplió…

Hey, después volvieron a votar por mí, duré tres años y querían que me quedara de nuevo, les dije no, es un…

¿Cuando es secretario general puede seguir chambeando?

Ya no puede uno.

¿Se mantiene con las cuotas?

No, es que tiene mucho uno… que pallá… te ofrecen una paga, te pagan, pero muy barato, sí te puedes mantener con eso, ¿no?, pero no…

Oiga, ¿por qué no tiene trato con sus hijos, que eran muy chicos cuando se separaron o qué?

El mayor tenía como diez años…

¿Y nunca lo han buscado ni usted?

Nos dejamos con la mamá, se los llevó, dijo que no quería saber nada de mí ni ellos tampoco, se fue pa Estados Unidos, allá están, aquí ando solo…

¿No tuvo nada usted por fuera ni nada…?

No, ya no…

¿Cuántos años hace de esa separación?

Tiene como diecinueve años.

Ya están grandes ellos, ¿no?

No, pues ya están casados…

Sabe que están casados…

Sí.

¿Y cómo está enterado si no tiene contacto con ellos?

Por la familia que tengo allá también.

Ah, entonces ellos también saben de usted.

Mis sobrinos, los hijos de mi hermano, ellos saben dónde vive ella, y me mandan decir, ya te pasaron, ya tienes nietos, pero no se visitan así, nomás los ven…

Entonces ellos también han de saber que usted está acá…

Sí, saben, pero ni yo les mando a decir nada ni ellos…

Ya se acostumbró a estar solo…

[Titubea.] Ya… Me busqué una también, luego se fue, me la traje pacá, no se halló, vete, pues…

¿Era de la ciudad de México?

No, era de Guanajuato, de allá era, se fue…

¿De esto también tiene años?

No, ora de que me vine, apenas, tiene como cuatro, cinco meses, luego se fue, duró como un mes y luego se fue…

Muy bien, ¿ahora qué hace, cómo son sus días aquí?

A veces con mi hermano, voy a verlo, y tengo unos sobrinos aquí, tenemos una casita, estoy con ellos ahí…

¿No trabaja, no hace nada?

A veces me voy a trabajar, a veces vamos a tocar…

¿Vive de sus rentas?

No, cuáles… Aquí estoy enseñándole a un chamaco a tocar también…

¿La tamborita o qué?

Porque le gusta, ándale pues, aquí estoy todo el día con ellos [señala al Restaurante Mike, de la familia Cambrón Figueroa, que “al gusto ama” –como dice el excepcional trovador guerrerense Erick de Jesús en su son de artesa “Semillas del son”– y apoya al Conjunto Regional Ajuchitlán de “El Palillo” y a la música regional de Guerrero], lo veo como mi casa aquí, me dicen véngase a comer, agarre refresco, tome lo que quiera, como estoy solo pues, la señora no se malpase don Santiago, dice, pida de comer, yo le doy aquí…

De pronto, llega Félix Feliciano Rayo, hijo de otro gran violinista calentano ya fallecido, Juan Feliciano “El Puneche”, y ejecutante de la tamborita en el Conjunto Regional Ajuchitlán. Se dicen cocho y otras madres, alburean, con ese humor calentano de color subido, sin dobleces…

Agradezco al músico ajuchitleco sus palabras, antes de marcharnos a Tlapehuala, donde participarían en el Concurso de Sones y Gustos. Así concluyó, casi inopinadamente, la charla con Santiago Leandro Chávez, con quien he tenido oportunidad de platicar varias veces más, pero ya más como amigos. No obstante, dado el tiempo transcurrido, procuraré retomar el hilo en mi próxima visita a esa cálida tierra productora de mango. Hasta entonces.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Foto: Nemorio Teodores Luis y Santiago Leandro Chávez en Ajuchitlán del Progreso, Guerrero, durante el homenaje a “El Palillo”, en diciembre de 2008.
Azteca 21/Gregorio Martínez M.

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