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Entrevistas - January 13, 2010

Memorias de un huapanguero: Santiago Leandro Chávez o la música en las venas (1)

remediar sus males, aunque quieran y los quieran. Además, debo acotar que músicos tradicionales auténticos quedan muy pocos, es decir, aquellos que viven en sus comunidades, que están arraigados ahí, que aprendieron de “oídas” o “viendo”, que participan en sus fiestas comunitarias…

Muchos otros sólo tocan música tradicional y por eso mismo, infiero, se consideran o denominan músicos tradicionales. Cuestión de terminología, pero también de connotación; en ambos casos, su labor es valiosa y necesaria. Además, es cierto que este tipo de música está en una etapa de transición en cuanto a sus intérpretes y creadores. Como dijo el poeta y músico Guillermo Velázquez en Xichú, Guanajuato, el 31 de diciembre de 2009, los futuros músicos de la tradición (se refería a la arribeña) deben tener otro perfil; él mismo es prueba de esto en relación con sus predecesores. Por otro lado, un clásico vivo de nuestra cultura popular.

Recuperando la idea inicial, tomarlos en serio podría traducirse, entre otras medidas –como abrir o recuperar espacios en medios electrónicos para esta música mediante iniciativas de ley–, en gestionar o destinar un fondo para, a través de un censo, otorgarles una pensión o beca para que sigan tocando o den clases o, en última instancia, tan sólo por haber sido músicos tradicionales durante gran parte de su vida. Contribuir a paliar sus males cotidianos, su precaria situación en muchos casos, como la de Nemorio Teodores Luis, fallecido sin haber recibido su viuda ningún tipo de apoyo. Son ellos la tradición, y al morir, se enerva ésta, y no se recupera un solo músico con festivales, encuentros y espectáculos. Digo, este tipo de actividades no son lo mejor o lo único para preservar, difundir o implantar nuestras tradiciones. En fin…

En noviembre de 2009, durante la realización del Quinto Encuentro de Intérpretes y Promotores de la Música Tradicional “Son Raíz”, efectuado en “El Tecolote”, centro cultural comunitario liderado por Josafat Nava Mosso, y organizado por la Dirección de Vinculación Regional del CONACULTA en Arcelia, Guerrero, me enteré de la muerte de Nemorio, guitarrista y primera voz del Conjunto Regional Ajuchitlán, por parte de los integrantes de éste, que encabeza uno de los puntales de esta expresión musical en Guerrero, Natividad Leandro Chávez.

Esa ocasión, fumando y bebiendo traguitos de mezcal con otro músico en aprietos, Cástulo Benítez de la Paz, hablamos de Nemorio y del abandono y olvido en que falleció mientras allí, en “El Tecolote”, se discutía la creación de una asociación de músicos tradicionales. ¡Paradoja de paradojas! Carajo, ¿por qué no se destina un porcentaje de lo incautado por la Secretaría de Hacienda en el país a dotar de pensiones a estos músicos? Sin duda, dos mil pesos mensuales, por decir una cantidad, no es mucho dinero, pero para un músico viejo siempre es un buen aliviane. Asimismo, allá estaba cuando llegó la noticia de la muerte de don Leandro Corona Bedolla, violinista michoacano irreemplazable. Allí mismo se le improvisó un homenaje; a Nemorio, durante la participación musical del Conjunto Regional Ajuchitlán, lo nombraron integrante de éste. ¡Los organizadores ni siquiera estaban enterados de su muerte! No lo conocían, por eso no los sorprendió ver a Amadeo Leandro, sobrino de “El Palillo”, en lugar de Nemorio. Ese noviembre de 2009 será doloroso para mí por la muerte de estos músicos tradicionales mexicanos que tuve la fortuna de conocer y tratar.

Ahora, quiero recuperar una entrevista con Santiago Leandro Chávez, integrante del Conjunto Regional Ajuchitlán y hermano de su director, “El Palillo”, con quien platiqué en noviembre de 2007 en Ajuchitlán del Progreso, Guerrero. Santiago es un hombre parco en apariencia o al principio. Después de conocerlo y encontrarme con él en otras ocasiones, se abrió y me ha brindado su amistad. No toma mezcal, pues, al parecer, lo aqueja una enfermedad renal crónica, pero sí fuma, aunque no tanto como su hermano mayor. Ambos son miembros de una familia que ha tenido músicos desde hace muchos años, como su abuelo Taide o su padre Anselmo. Santiago es afable, bromista. Juega baraja y es de carácter apacible, pero presto a encenderse. Alto, delgado, de pelo negro azabache (para evitar las canas), es una persona amable a la que, sin embargo, un dejo de tristeza empaña su mirada. Conversamos un mediodía en el porche del Restaurante Mike, a un costado de la iglesia de la Purísima Concepción de María, mientras “El Palillo”, Félix y el difunto Nemorio (Q.E.P.D.) charlaban y bromeaban a un lado de nosotros.

“Me llamo Santiago Leandro Chávez, nací el 25 de julio de 1942, soy nativo de aquí, de Ajuchitlán, Guerrero. Empecé a tocar a los ocho años, toqué la tamborita, era mi instrumento, me gustó y yo solo aprendí, sí, veía a mi hermano y a otros tocar, había muchos músicos en aquel tiempo, ya pues empecé a tocar, me fui enseñando más, merito un 12 de diciembre me estrené, por allá por la sierra, toqué con el grupo de mi hermano ‘El Palillo’, ya lo tenía, ya tiene mucho que lo tiene…”.

¿Cuánto lleva entonces de músico?

Como cincuenta y ocho años.

No tiene canas…

No, me pinto el pelo, por eso no me veo, pero ya estoy viejo, yo no estaba aquí pues, estaba en [la ciudad de ] México…

¿A qué edad se fue de aquí?

Como a los quince años…

¿Se fue a trabajar, dejó la tamborita?

Sí, empecé a tocar guitarra, bueno, desde aquí empecé a tocarla, aquí me enseñé, allá me enseñé a tocar un poco el violín, y ya entré a tocar violín con mariachis…

¿En Garibaldi?

Sí.

¿Cuántos años trabajó allá?

Como 35 años.

¿Recuerda los grupos con los que tocó?

Sí, el Nuevo San Juan, el San José… Anduve como con tres grupos, pero del otro ya no me acuerdo cómo se llama…

¿Con cuál duró más?

Con el Nuevo San Juan.

¿Cuánto estuvo con ellos?

Anduve como veinte años.

¿Salieron a algún otro lado o sólo ahí?

Salíamos cerca a tocadas de la gente, pero antes de que me juntara con el grupo yo tenía el mío, yo hice un grupo de mariachi.

¿Cómo se llamaba?

El Grupo Altamirano, pero me enfadé de ser jefe de grupo porque es una responsabilidad grande, y dije no, ya de ahí me salí y anduve así, solo, ya luego me llamaron de ese grupo, del Nuevo San Juan.

¿Qué tocaba ahí?

Violín.

¿Qué instrumentos toca usted?

Violín, guitarra, tamborita, y de la música de banda toco el redoblante y la tamborota.

¿Cómo era ese Garibaldi que usted conoció?

Ahí pasé muchos años de mi vida, ahí se acabó mi juventud…

¿Cómo lo recuerda?

Ahora ya no sirve Garibaldi, antes era muy bueno, se ganaba mucho dinero ahí, llegaba mucho turismo, comenzó a bajar porque empezaron a robar, a matar, todo eso… Se puso feo, Garibaldi ya no sirve.

¿Tiene alguna anécdota de esos años o acompañó a artistas de esa época?

Sí, acompañé a la difunta Amalia Mendoza, al que la hacía de Chucho el Roto…

¿Manuel López Ochoa?

No… [Se queda un momento pensativo y continúa.] A la señora Irma Serrano, a Paco Michel…

¿Hizo amistad con alguno?

No, nomás así, los acompañé… A Chayito Valdez también.

¿Alguna anécdota que recuerde de esos años?

Muchas, íbamos por allá, antes trabajábamos con la cerveza [una compañía cervecera patrocinaba caravanas artísticas], a los gallos, serenatas, todo eso, nos pasaban muchas cosas, una vez nos echaron miados, hijo de su pinche m… Luego otro señor salió y que nos iba a matar, nos tiró balazos, todo; nos pasaron muchas cosas de esas…

¿Está casado?

Sí.

¿Cuántos hijos tiene?

Tres.

¿Viven en México?

Ahorita están en Estados Unidos, nomás que nos dejamos con la mamá, se los llevó ella…

¿Está solo?

Sí, estoy solo, no me hablan ni yo les hablo.

¿No tiene contacto con sus hijos?

Con ni uno, así estoy, por eso me vine con mi hermano [“El Palillo”], aquí estamos, él me habló, vente ya mejor, me dijo…

¿Cómo se la pasa aquí?

Bien, no me hallo bien, pero… Ya estoy impuesto allá.

¿Cuánto lleva acá?

Voy a ajustar un año, ahora en diciembre.

¿Qué tal se la lleva?

Ahí la llevamos, comiendo frijoles, aquí no hay mucho trabajo, allá a veces que llega a haber trabajo…

Oiga, ¿usted tocó con don Juan Reynoso?

Sí, fui dos veces a Bellas Artes con él.

¿En qué años, se acuerda?

Tendría yo unos veinte años, la primera vez.

¿Y la otra?

A los tres años volvió a llevarme y él, cuando me casé, tocó tres días en mi casamiento.

¿Dónde se casó?

Aquí.

¿Le pagó por tocar?

No me cobró el señor, me quería mucho Juan Reynoso, supo, porque no lo invité, supo por un… Cástulo, que le dicen, de la Paz, le dijo: Oye, maestro, se está casando fulano; no la jodas, le dice; sí; ¿qué, vamos?, le dice Juan Reynoso a Cástulo; vamos, maestro; órale… Se buscaron otro compañero y se vinieron, temprano. Ahí anda Juan Reynoso, dónde irá a tocar, decía la gente. Ya me dijo: Santiago, no la jodas, ¿por qué no me invitaste?, no me invitaste, pero vengo a tocarte, cabrón, dijo.

¿Como conoció a Juan Reynoso, eran amigos?

Mire, por Cástulo de la Paz, le dijo el maestro Juan Reynoso, oye, búscame un tamborero, ya ves que vamos a ir a Bellas Artes, ya ves que tenemos este compromiso. Y ya le dice: oye maestro, yo tengo uno en Ajuchitlán, pues toca regular, dice, si quiere yo le voy a hablar; vete a hablarle. Ya me dijo Cástulo: oye, vamos a tocar con Juan Reynoso, vamos a Bellas Artes; ah la chingada, le digo, no pero… Vamos, pero quiero que vayas para estudiar unas canciones, unos gustos; sí, vamos. Me presentó Cástulo con el difunto, ya empezamos, él empezaba a afinar su violín, a ver vamos a estudiar este, se me quedó escuchando el maestro, tocó, luego dice, oye, cómo te llamas; Santiago, le dije.

¿Usted tenía como veinte años?

Hey, dice, este… Oye, muchacho, por qué no te vienes conmigo a trabajar, tocas muy bonito la tambora, dice, eres mucha pieza, cabrón, vente conmigo; bueno, si quiere, le digo, pero es que allá tengo mi hermano, también tengo mi grupo y no los puedo dejar. Pero vente aquí vamos a trabajar, dice. Le digo: maestro, mejor cuando tenga compromisos así, lo vengo a acompañar, con dinero o sin dinero yo vengo a acompañarlo, por eso nomás mándeme a decir con Cástulo, yo vengo; ándale, pues, dice, carajo, te habías de venir conmigo… Por eso, la otra vez me mandó decir con Cástulo de nuevo, vamos a Bellas Artes, vamos, y ya después me invitaba con compromisos que tenía él por aquí, bodas, santos, bautizos, vamos a tocar… Sí, toqué varias veces con él.

¿Cómo conoció usted a Cástulo, ya era su amigo?

Éramos amigos de aquí, porque él es de por acá… del Estado de México, pero se vino acá a Las Garzas, tenía un pariente, sí, está cerquita de aquí, entonces fuimos a tocar a Las Garzas con mi hermano, nos oyó y ya nos dijo, saben, yo también soy músico, me llamo fulano de tal. Ah, bueno, ya le dijo mi hermano, cuando necesite entonces te vengo a hablar. Sí, hombre, y si no yo voy pallá, pa su casa, y se pasaba acá ya con nosotros, acá se consiguió una prima de nosotros, se casó con mi prima, se casó bien, pero también se separaron, pero ahí por eso nos conocimos con Cástulo, muy buen amigo Cástulo. Ya me dijo: vamos pues con Juan, me invitaba mucho pues él; no, le digo, ya ves, no puedo dejar a mi jefe, entonces tocaba mi papá pues, era violinista él, no lo puedo dejar, le digo, y en aquel tiempo había mucho trabajo para la música esta, mucho, mucho, casi diario tocábamos, pero se fue acabando, vinieron los sonidos, todo eso, se acabó, pero, bueno…

¿Su papá le enseñó a tocar?

No que… él no me enseñó, nomás me enseñé porque me gustó todo…

¿“El Palillo” tampoco le enseñó?

No, ese menos… Es muy chocante mi hermano, es muy corajudo…

¿Entonces le iba bien en Garibaldi…?

Era mucha chamba.

¿Fue una buena vida?

Fue una buena vida y todo eso… Jamás pasará otra de esas, porque sí fue mucha lana… y todavía un tiempo que me vine pacá, ese diciembre me fue bien, mano, porque gané mucho dinero, antes de que me viniera, ese año que me vine, me vine el 28 de diciembre pacá…

¿De 2006?

Sí.

¿Con el mariachi San Juan?

No, me salí y anduve unos días así, solo, y luego me invitó otro grupo, vamos a trabajar, vente. El 12 de diciembre ganamos como 25 mil pesos, cobrábamos por hora, bien caro, como… ganábamos por hora como 500 pesos cada quien, por hora, y ese 12 tuvimos muchas tandas, estaba muy bueno el grupo, pero yo ya tenía el pienso de venirme para acá…

¿Cuando andaba solo qué tocaba?

Cómo…

Pues dice que un tiempo anduvo solo…

Violín.

¿El puro violín?

Hey, pero me invitaban otros grupos…

O sea, andaba solo, pero se les pegaba a otros grupos…

Me decían vamos a trabajar, vamos… Allá buscan compañeros… Vente, vamos a chambear y ya…

O sea, andaba sin grupo, pero ahí andaba chambeando, cascareando…

A veces es mejor andar solo… porque cualquiera te invita, vente, vamos a una serenata, una hora, vamos a echar unas canciones y ya…

¿Cómo cuántas canciones se sabe?

¿Canciones?

Sí, debe saber un buen, ¿no?

Sí, me sé… pues así como unas… para qué le voy a exagerar, pero como unas cien sí…

¿A usted nunca le dio por componer?

No… es mucha… matarse uno de eso, y luego bien desvelado, toda la noche, y yo no tenía tiempo de nada, puro dormir en el día y luego no duerme uno bien en el día y… [No completa la frase.]

¿O sea que toda su vida fue músico?

Sí.

Oiga, ¿y después de esas veces ya no tocó con don Juan [Reynoso]?

No.

¿Ni mantuvieron el contacto?

No, ya no, pasaba a veces, cuando venía de México, pasaba a verlo, cómo está, maestro, cómo estás, vente… Luego a veces no lo hallaba en su casa, me iba a las cantinas a buscarlo…

¿Y lo encontraba?

Sí, ya sabía dónde.

¿Dónde?

Ahí por donde está La Huerta, todo eso…

¿En [Ciudad] Altamirano?

Hey, en Altamirano, ahí se pasaba él…

¿La Huerta es una cantina?

Hey, un bar, ahí se pasaba, ya lo conocían pues, tenía muchos clientes…

Continuará…

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Foto: Santiago Leandro Chávez en Ajuchitlán durante el homenaje a “El Palillo” en diciembre de 2008.
Azteca 21/Gregorio Martínez M.

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