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Arte y Cultura - January 1, 2010

El “Arbol de la Vida”, una compleja representación del patrimonio cultural de México

Culturas Populares del Estado de México, una artesanía única en su tipo que fue elaborada en 1986, de dos caras, con dos mil 400 figuras y de poco más de cinco metros de altura.

La pieza fue elaborada por un experimentado equipo de artesanos entre quienes figuran Hilario y Armando Nonato Cajero, formadores de barro, y Marcos y José Luis Serrano, pintores.

Tradicionalmente elaboradas con palma, plumilla de tule, barro y soportes de alambre, estas piezas transmiten una imagen concreta del universo y configuran una demostración simbólica de la vida divina que circula alrededor de la creación de vista alegre, auténtica y creativa, llena de colores y texturas contrastantes.

Según datos del Instituto Mexiquense de Cultura (IMC), la primera de estas piezas -probablemente la más cercana a la tradición- despliega a Adán y Eva en el Paraíso, rodeados de una vegetación colorida, exuberante y vivaz, la cual se encuentra poblada por animales exóticos, entre los que destaca una serpiente de rasgos prehispánicos.

La segunda cara retrata algunas escenas del Diluvio Universal y del Arca de Noé, además de una fauna variada y maravillosa, que comprende elefantes, jirafas, reptiles, felinos, aves y animales monstruosos que despiertan la imaginación y recuerdan a los alebrijes, obras artesanales de raigambre fantástica que también cuentan con su espacio en el Museo.

El recinto que exhibe el citado árbol de la vida, también alberga piezas monumentales de judas de cartón y castillos de pirotecnia, muestras de alfarería, cestería, platería, mobiliario, utensilios de cocina, instrumentos musicales, máscaras de madera y adornos de vidrio soplado, que recorren la estética de la entidad mexiquense.

El museo también encuentra elementos de confluencia cultural con la cocina artesanal, recreación que aprovecha la vocación natural del edificio para recrear los fogones, los hornos, la estantería y las mesas de una hacienda de principios del siglo XIX, ambientada con cazuelas, ollas, platos, jarros, cucharas, palas, molinillos, canastas, molcajetes y metates.

Estos se encuentran colocados alrededor de un comedor de estilo colonial y un filtro de piedra volcánica, utilizado para purificar el agua de manera natural, espacios que trasladan al espectador hacia el pasado.

Fuente: (Notimex)

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