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Ciencia y Tecnología - December 8, 2009

Marie-Monique Robin investiga a “Monsanto”, el primer productor de transgénicos del mundo

modificados (los cuales, de acuerdo con la definición de la Organización Mundial de la Salud, son aquéllos cuyo “material genético [ADN] ha sido modificado de un modo artificial”).
Para Robin, autora de varios documentales sobre lo que califica como temas fundamentales, es decir, la agricultura, el medio ambiente y los derechos humanos, era imprescindible centrarse en Monsanto. Primero, la insistencia de un agricultor indio despertó su curiosidad, y siete millones de referencias en Internet cautivaron su espíritu de investigadora.
Además, en ese tiempo (2004) venía de trabajar tres documentales para la cadena franco-alemana Arte, que presentaban, cuenta en la introducción de su libro “El mundo según Monsanto” (Península, 2009), facetas complementarias de una misma problemática: “las consecuencias que tienen las biotecnologías para la agricultura mundial y, más allá, para la producción de la alimentación humana”. Siempre surgía el nombre de Monsanto.
Así que se dio a la tarea de desentrañar la madeja de controversias alrededor de la empresa de San Luis. “Mi pregunta era –asegura en entrevista la periodista y documentalista francesa– si se podía creer en todo lo que dice, por eso empecé esta investigación”. Los resultados primero se concentraron en un exitoso documental, exhibido ya en 22 países, y luego en el libro que nos ocupa, traducido a 15 idiomas hasta el momento.
En Monsanto, dice Robin, se conjuntaban todas sus preocupaciones. “Monsanto es una cuestión de agricultura, por supuesto, porque hoy día es el primer productor de transgénicos y controla el mercado de semillas y la calidad alimentaria; entonces, además, es una cuestión de derechos humanos”.
Y es que para la autora, tras una exhaustiva investigación que incluye entrevistas y visitas de campo realizadas en Estados Unidos, Canadá, México, India, Gran Bretaña, Paraguay, Vietnam, Francia, Noruega e Italia, Monsanto es un caso grave. “Sería irresponsable –se lee en las conclusiones del libro– dejar que la alimentación del mundo caiga en semejantes manos”. Para ella, se trata de un mundo de mentiras: documenta, para ejemplificarlo, los casos de los PCB (policlorobifenilos), la dioxina (sustancia tóxica producida durante el proceso de fabricación de algunos compuestos químicos clorados), el roundup (herbicida tóxico) y la hormona de crecimiento bovino antes de entrarle de lleno a los organismos genéticamente modificados, es decir, los cultivos transgénicos.
“Hasta hace algunos años –dice Robin– no me preocupaba mucho por los transgénicos porque pensaba que no había problema. Como mucha gente, era víctima de la desinformación. Lo que me preocupaba eran la biodiversidad y sus problemas. Hice tres documentales para la cadena Arte, a la cual le propuse uno más, ahora sobre Monsanto, pues estaba en todas partes. Cuando uno visita la página de Internet de esta compañía, se presenta como una empresa agrícola, que quiere ayudar a campesinos y agricultores del mundo a producir alimentos sanos reduciendo el impacto de la agricultura en el medio ambiente. Mentira, documento exactamente lo contrario en el libro”.
Además del precepto que usted refiere, Monsanto también expresa, por lo menos en su página electrónica de México, que entre sus objetivos se encuentra producir más en menores cantidades de tierra…
Los argumentos de Monsanto son lo que dice usted: hay que producir más en menos tierra. Debo decir que todos los estudios los menciono en el libro, y muchos de ellos confirman que la producción de transgénicos y el rendimiento de las plantas transgénicas es más bajo que el de las plantas convencionales hasta en 12 por ciento. Y está comprobado a nivel mundial. Es una gran mentira que se va producir más, se produce menos; todos los estudios lo demuestran.
Y hay algo más, agrega Robin: Monsanto también asegura que sus plantas ayudarán a reducir el consumo de pesticidas. “Estuve en Estados Unidos, Canadá y Argentina, donde llevan 10 años cultivando una soya manipulada para evitar fumigaciones de “roundup”, pero hoy, en cinco estados de Estados Unidos, todo está muy documentado, los agricultores quieren abandonar la soya transgénica porque tienen un problema muy grande de resistencias, como hablé en el libro y documental, pues las malezas se volvieron, más que resistentes, tolerantes al “roundup”, que encima es de Monsanto. Por ejemplo, en Georgia han abandonado cinco mil hectáreas de soya porque no saben cómo acabar con las plagas. Es el mismo problema en Argentina, donde el consumo de “roundup” se multiplicó por cuatro en los últimos años. Los anuncios de Monsanto, me da pena decirlo, no tienen nada de cierto”.
De hecho, aclara la autora de “El mundo según Monsanto”, para ella no es verdad que la empresa de San Luis esté haciendo transgénicos por su preocupación por el medio ambiente, sino todo lo contrario. “Esta multinacional, como lo revelo en mi libro, lleva un siglo contaminando con los PCB, las hormonas de crecimiento y hasta con el “roundup”, que no es biodegradable, como dice Monsanto. En Francia, incluso, se hizo un estudio que revela que provoca cáncer. En Dinamarca acaban de prohibirlo por la toxicidad y dentro de poco en toda Europa se va a prohibir porque hay muchas demandas al respecto.
“¿Cómo vamos a creer que la razón que tiene Monsanto al hacer sus transgénicos es el medio ambiente? La única razón que tiene es que sus transgénicos están patentados. Esto se puede ver en Estados Unidos y Canadá, donde si cultivas transgénicos tienes que firmar un contrato que dice que no puedes conservar una parte de tu cosecha para resembrar al año siguiente, como hacen muchos agricultores en el mundo; si lo haces, entonces Monsanto manda a los detectives privados contratados por la empresa, que van a los campos y toman muestras, hacen una investigación de si es transgénica y piden a los agricultores que comprueben que han comprado sus semillas; si no pueden, entonces les hacen un juicio. Lo que queda de todo esto es comprar el mercado de semillas a través de transgénicos patentados, que obligan a los agricultores a comprar cada año nueva semilla.
“Es el único objetivo de Monsanto, y se ve bien a través de su estrategia de los últimos 10 años, cuando ha comprado muchas empresas pequeñas en el mundo, llegando incluso al monopolio en Estados Unidos, donde hay varias acciones contra Monsanto en este momento. Entrevisté a un abogado de Chicago, dijo que se sospecha que Monsanto ha violado la ley “antitrust”. En Estados Unidos ya es muy difícil encontrar semillas que no sean transgénicas; es imposible, por ejemplo, encontrar semillas convencionales de algodón, porque Monsanto compró todas las empresas y puso sus semillas. Ésa es su meta, no otra”.
La Organización Mundial de la Salud asegura que “los alimentos GM (genéticamente modificados) actualmente disponibles en el mercado internacional han pasado las evaluaciones de riesgo y no es probable que presenten riesgos para la salud humana”. Sin embargo, usted asegura lo contrario en su libro…
En mi libro se explica cómo Monsanto controló lo que se escribió en la OMS, lo cuento con muchos detalles, poniendo a sus hombres ahí, en los famosos puestos giratorios, que también describo con mucho detalle. Pero ¿cómo pueden decir que la OMS hasta les vea ventajas? Los únicos transgénicos cultivados en el mundo son de dos categorías: la primera es de plantas manipuladas genéticamente para poder resistir la fumigación de “roundup” como dije. Eso significa que si compras un aceite de soya, “roundup suit” se llama, tú te comes un aceite con residuos. Como madre de tres hijas, te voy a decir que nunca voy a comprar un aceite que contiene residuos de un pesticida tan tóxico como el “roundup”; no existe ninguna ventaja para el consumidor. La segunda categoría de transgénicos cultivados, y no hay más, son plantas manipuladas para poder fabricar un insecticida que se llama pt; todas éstas son plantas pesticidas, dual. Además, aquéllos no fueron evaluados, como lo revelo en mi libro. En este momento en Europa, aparte de España, donde hay 80 mil hectáreas de maíz pt, no hay ningún cultivo de transgénicos en Europa. Hace poco, Alemania prohibió los cultivos de maíz pt, Francia ya, Luxemburgo también, además de Grecia, Hungría y Austria usaron el principio de precaución porque dijeron que este maíz insecticida no había sido seriamente evaluado y se pondría en riesgo en la salud de los consumidores mientras no hubiera estos estudios. Estos transgénicos, los que hay, los que existen de verdad, son pesticidas que no tienen ninguna utilidad para el consumidor. Aquí en México, donde se consume mucho maíz, espero que los consumidores entiendan el peligro que van a correr si utilizan los productos transgénicos. Comer todos los días maíz con pesticida, sin que haya sido evaluado correctamente, es una gran incógnita sanitaria.
Pero no existen protocolos internacionales que regulen el cultivo de transgénicos…
El Protocolo de Cartagena dice claramente que los países que no quieren transgénicos pueden acudir al principio de precaución. Muchos países lo utilizan. Los transgénicos representan el seis por ciento del área cultivada del mundo, o sea no es nada, contrariamente a lo que dice Monsanto. Además, los cultivos se están reduciendo por muchos motivos. En África del Sur, el cultivo de maíz transgénico fue de cero este año, con arco y flechas armaron un gran desastre. En Europa, va a estar muy difícil que haya transgénicos, ya prácticamente perdieron la batalla. En Estados Unidos, como dije, muchos agricultores quieren volver a las plantas convencionales. La realidad es ésta. Setenta por ciento de los transgénicos cultivados son ligados al “roundup”. En Argentina, por ejemplo, se pide que se reevalúe. Ésa es la situación actual, que no es muy buena para nosotros ni para los transgénicos.
Se tiene la experiencia de la revolución verde, cuando se ocuparon muchos pesticidas para tratar de desarrollar una mayor producción agrícola, en este sentido, ¿qué tanto ayuda la lucha por cuidar el ambiente a que no se desarrollen esta clase de transgénicos, como los que produce Monsanto?
Ésa es la forma como se debe decir: los transgénicos de Monsanto, porque mi investigación no es contra los transgénicos en general, sino contra los de Monsanto, que son los pesticidas que acabo de describir. Estos transgénicos pesticidas son la segunda etapa de la revolución verde, y eso es cierto. La conozco muy bien porque soy hija de agricultores, mi papá acompañó esta revolución verde y hoy se siente muy apenado porque usaron muchos pesticidas sin saber que eran tóxicos, y tenemos muchos agricultores en la familia que se murieron por intoxicación crónica, cáncer en la próstata, Parkinson, etcétera. No sabían que estaban contaminando el agua y que se iban a enfermar. Los transgénicos son la misma cosa pero tienen un detalle más: son patentados, entre comillas, y ésa es la novedad. Hice un documental sobre esto, uno de los que me llevó a Monsanto, estuve en India y aquí en México, donde se inventaron estas variedades de trigo de alto rendimiento. Se hicieron con buenas motivaciones, pero como muchas otras no crecen sin pesticidas, sin fertilizantes, etcétera, pero hace unos años no sabíamos que esos pesticidas eran tan tóxicos. Ahora sí, el problema es que tenemos que salir de esto. La única opción, mucha gente se está dando cuenta, es la cultura biológica. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y su mujer, Michelle, acaban de crear un jardín orgánico en la Casa Blanca, lo cual, más que una anécdota, es un signo. Crole Jett, subsecretaria de Agricultura, acaba de crear un fondo de 50 millones de dólares para apoyar la cultura biológica y orgánica en Estados Unidos. Este movimiento no se va a poder parar, y lo veo porque estoy trabajando en ese tema para mi próximo libro y documental. Las enfermedades ligadas a esta contaminación por pesticidas están aumentando. Estuve hablando con la OMS hace poco, por ejemplo, el cáncer de próstata y el de mama aumentaron en más de 200 por ciento en los últimos 20 años, totalmente ligado a la producción de los pesticidas, son cánceres hormodependientes, como se dice. Y los niños que nacen con leucemia, el cáncer de los niños, aumentó de uno a tres por ciento por año en los últimos 20 años y eso no va a parar. La única manera de conseguirlo es volviendo a la agricultura orgánica, sin pesticidas.
Entiendo que regresar a esta agricultura orgánica requiere de tecnología, de cuidado especial de la tierra, lo cual no es muy viable en muchas economías emergentes, ¿cómo evitar que Monsanto se aproveche de esta situación?
Permitir los transgénicos de Monsanto sería la primera etapa de la privatización de la agricultura a través de las patentes. Pero la demanda de alimentos orgánicos ha subido tanto que no se puede dar abasto a todo, lo cual es una buena noticia para apoyar a los agricultores de productos orgánicos en Europa y el resto del mundo. En un país como México, donde hay una producción tan grande de maíz, por ejemplo, sin pesticidas y de muy buena calidad, hay que cuidarlo porque si no se va a contaminar y poco a poco Monsanto se va a apoderar de él e imponer su maíz aduciendo que le pertenece; eso acabaría con la diversidad. Eso es muy grave. Llevo 25 años viajando y haciendo documentales sobre agricultura y he visto que la única manera de garantizar la seguridad alimentaria es la biodiversidad. No hay otra opción. Los transgénicos, como lo vi en Paraguay, Estados Unidos, Argentina y Canadá, son sinónimo de monocultivo, que es todo lo contrario de la seguridad alimentaria. Con una sola variedad de maíz, por ejemplo, si llega a haber terregal podría acabar con toda la cosecha, pero si hay cultivos de modalidades criollas distintas, una puede ser afectada, pero otra no. Puedes asegurar la alimentación. Se necesita la diversidad. Cada especie es una gran prioridad, ayudarla a adaptarse a terrenos, climas, variedades distintas. La seguridad alimentaria la representan los pequeños agricultores y campesinos que de verdad cuidan sus campos y el medio ambiente porque viven allá. En Argentina hay 18 millones de hectáreas de soya transgénica, que fumigan con aviones; los pequeños empresarios tienen que irse, sus cosechas son destruidas, acaban la producción de alimentos y dejan todo el lugar a la soya transgénica, que se exporta para alimentar a los animales de Europa; todo lo contrario a la seguridad alimentaria.

Comentarios a esta nota: javier.perez@azteca21.com

Foto: La portada de un libro que nos alerta sobre el peligro que sufre la biodiversidad del mundo y, en nuestro caso, el maíz de México.
Cortesía: OCÉANO.

 

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