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Entrevistas - November 20, 2009

Entrevista con el escritor sinaloense Élmer Mendoza a propósito de su más reciente libro, “Firmado con un klínex”

de sus inicios, al que escribió “Buenos muchachos” (en 1995, creo), y sí, a veces, al que ha escrito las novelas que lo han catapultado a la fama y al conocimiento de miles de lectores hispanoamericanos. Quizás cabría insistir en que este libro revela a sus lectores a un Élmer cuentista, pues sus libros anteriores en este género son prácticamente inconseguibles (es decir, entonces, por cierto, no publicaba en Tusquets). Y la revelación confirma que estamos ante un auténtico escritor. O sea, Élmer Mendoza puede escribir lo que se le antoje (o lo que le pidan, maybe).

Así, en “Firmado con un klínex” tenemos lo que podríamos llamar una buena obertura, luego unos divertimientos sobre diversos tópicos o situaciones o personajes y una coda  para cerrar el libro de cuentos. Reitero, un creador, un artista –en este caso, un novelista– se da tiempo para medir sus fuerzas o tal vez toma un respiro para descansar de las novelas que ha escrito últimamente y escribe unos ejercicios estilísticos quizás para que lo quieran –más– sus amigos o lo conozcan mejor sus ya numerosos lectores. A final de cuentas, Élmer Mendoza ha logrado dar el salto mortal de no dejar de ser el que siempre ha sido y ser, también, el que siempre ha querido ser: uno de los escritores mexicanos más dotados, más capaces y sensibles a su entorno, con más dominio del lenguaje que lo rodea y de las técnicas literarias precisas para plasmarlo en una obra sólida y resistente a la crítica y al olvido.

Convocado a entrevistarlo, tuve que improvisar unas preguntas rápidas, capciosas, relacionadas con su obra y trayectoria, que también lo sacaron de onda, lo agarraron descuidado, puesto que un accidente de tránsito me restó más de la mitad del tiempo asignado para la entrevista. Como era previsible, cuando el asunto se tornaba más interesante, se acabó mi tiempo y, por ende, cesaron mis preguntas. No obstante, algo quedó para revelar al lector acerca de ese culichi con aspecto de profesor universitario (de la UAS) que es Élmer Mendoza.

Élmer, ¿qué es cuento?

Es una historia simbólica que representa un estado particular de una situación humana.

¿A qué autores latinoamericanos de cuento admiras?

A Borges, Cortázar, Rulfo, Rubem Fonseca, Julio Ribeyro, Salvador Garmendia, Juan José Arreola y a mis colegas actuales Eduardo Antonio Parra, Cristina Rivera Garza, Álvaro Enrigue, Quim Monzó, ah, no, es español, Luis Sepúlveda, Jorge Moch…

¿Qué es un taller literario?

Es una forma efectiva de que un escritor se forme, creo que como ejercicio primigenio de iniciación está muy bien, pero creo aún más en las escuelas para escritores, donde se aprende, más que a criticar la obra mediocre de todos los que llegan, la obra incompleta, no acabada, a ver modelos de escritura, donde pueden establecer un programa de lecturas muy efectivo y la discusión puede ser sobre formas generales y no sobre puntos específicos de los textos. Yo creo más en eso.

¿La teoría literaria es necesaria para un escritor?

Creo que un escritor tiene que saber de todo, debe tener sed por saber, y en la teoría literaria puede encontrar ideas sobre cómo mejorar sus textos. También puede advertir que el universo de las letras… cuál es la puerta que le puede ofrecer la teoría literaria, la puerta por donde entran los críticos, porque los escritores, los críticos y los editores pertenecemos al mismo universo, entonces entre más coincidencias haya, el autor puede tener una iniciación más rápida en su carrera, digamos, entrar en ciertos gustos, aunque después cultive, trabaje lo que es su auténtica personalidad de escritor.

¿Qué es la novela?

Es una historia larga donde se combinan lo maravilloso y lo real para dar lugar a otra historia, que aspira a ser parte del universo personal, de la sociedad, en una época determinada.

¿Qué opinas de la música?

Es como la grasa, es decir, lo que engrasa la vida, lo que hace que la vida sea… fluya, la música es una maravilla; yo no creo que la humanidad haya vivido alguna vez sin esa combinación de sonidos.

¿Y de la comida?

Me encanta, bueno, es parte importantísima entre la cultura de los pueblos, es el primer indicador del nivel económico de un país, de una región y también es el primer indicador de la calidad de vida de un pueblo.

A “Firmado con un klínex” me parece que lo integran una especie de divertimientos, a la manera un poco de los compositores clásicos, con citas, referencias, homenajes, guiños, es decir, expresamente una obra breve para divertirse…

Bueno, sí, en alguna parte del proceso lo disfruto mucho, tengo esa suerte de que me conecto fácilmente con mis lectores, digamos que en esa línea de reírnos un poco.

Antes de ser un novelista consagrado, escribiste mucho cuento, ¿cómo fue tu regreso ahora al género? Además, los de ahora son muy distintos, implican toda una transición…

Fue una experiencia ardua y llegué a la conclusión de que yo decidí ser novelista, dije, voy a dejar el cuento, voy a convertirme en un novelista que pueda decir sin ruborizarse soy novelista, y eso creo que lo he conseguido. Ahora que he vuelto al cuento lo primero que me doy cuenta es que es un género muy arduo, exigente, y que parte de la experiencia que había adquirido en mi trabajo como novelista acá no me servía, tenía que trabajar de otra manera, estoy hablando de asuntos emocionales, un escritor que vive con sus textos, con todo lo que eso significa, así soy yo. Entonces imagínate, tener que vivir trece historias, tenía bastantes complicaciones, a mí me cuesta mucho todo, conforme voy logrando, voy como llegando a… a un punto clave que ya está cerca del final o que puede ser el final, todo ese proceso es muy largo. Al final siempre decía este libro me ha servido para convencerme de que soy un novelista, no habrá pronto otro libro mío de cuentos, pero es por respeto al género y porque cuando haya otro libro de cuentos intentaré lo que he intentado acá, lo que acabo de decir, que sean diferentes…

Lo anticipé: cuando el asunto iba agarrando vuelo, me avisaron que se había agotado mi tiempo. Ni hablar, había que concluir, pues a Élmer lo esperaba un equipo de grabación y posteriormente tendría que acudir a un diario a un chat con sus lectores. Pero hubo un consuelo: me comentó que haría lo posible por darme unas tres o cuatro horas en su próxima visita para realizar una charla largamente anunciada e invariablemente pospuesta. Que conste. Hasta entonces, pues.

Por lo pronto, “Firmado con un klínex” incluye un cuento digno de figurar entre lo mejor de la producción literaria de Élmer Mendoza, “La decisión”, y otros que muestran el ejercicio imaginativo, la depuración del oficio de escribir y la madurez narrativa del autor sinaloense.

Foto: Élmer Mendoza durante la entrevista con Azteca 21 en la ciudad de México, en las oficinas de su casa editorial.
Azteca 21/Gregorio Martínez M.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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