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Libros - November 17, 2009

Celebran los 70 años de la publicación del poema “Muerte sin fin” de José Gorostiza

conmemorativa Muerte sin fin/Mort sans fin, José Gorostiza, que publican Conaculta y editorial Juan Pablos.

José Gorostiza participó en la renovación de la lírica mexicana y fue una figura imprescindible del grupo de Contemporáneos, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua (1955) y Premio Nacional de Lingüística y Literatura en 1968.

Publicó Muerte sin fin en 1939, a casi dos décadas después de la aparición de La tierra baldía y El cemento marino. De inteligencia lúcida y sensible, el poeta y funcionario murió en la Ciudad de México en 1973.

Como moderador de la mesa, Miguel Capistrán, dio lectura a un texto enviado por la escritora Margo Glantz, quien curiosamente, en la Academia Mexicana de la Lengua, heredó el sitial 35, justamente en el que la antecedió José Gorostiza y Juan Rulfo, dos de las figuras más connotadas de la literatura mexicana.

En su texto, Glantz señala que Muerte sin fin no es sino el resultado de un rigor extremo, un trabajo artesanal, un rigor instalado en un ámbito infinitesimal de una pobre y simple coma. “El poeta –dice Gorostiza–, tiene mucho parecido al trapecista del circo: todas las noches da el salto mortal, y yo quisiera darlo perfecto, pues no tendría caso que en lugar del salto mortal perfecto resultara solamente el pequeño brinco”.

Hugo Gutiérrez Vega señaló que José Gorostiza nos enseñó que la poesía se halla más bien oculta que manifiesta en el objeto que habita y que la reconocemos por la emoción singular que su descubrimiento produce y que señala, como en el encuentro de Orestes y Electra, la conjunción de poeta y poesía.

“Gorostiza nos enseña (y advierto que nunca actuó como un pedagogo autoritario, dueño de un repertorio de certezas tajantes) que todo está sujeto a medida, y la libertad puede no consistir en otra cosa que en el sentimiento de la propia posesión dentro de un orden establecido. Las reglas del ajedrez no oprimen al jugador, le trazan una zona de libertad en donde su ingenio se puede desenvolver hasta lo infinito.

“La violeta de Gorostiza, como la margarita de Elytis, son milagros que la prisa del mundo hace que pasen inadvertidos: ‘Nadie sino el Ser Único más allá de nosotros, a quien no conocemos, podría sostener en el aire, por pocos segundos, el perfume de una violeta’.

Gorostiza, como Montale, gozó y sufrió el delirio de nombrar las cosas y de alabar y padecer la grandeza y el horror de lo creado. Por eso le podemos llamar con justicia ‘un hombre de Dios’. Así lo decimos, mientras en el salón vacío, la putilla del rubor helado lanza una carcajada, la danza y el danzón comienzan y terminan y la luz se apaga lentamente”, expresó Gutiérrez Vega.

En su intervención Josu Landa, poeta y ensayista, maestro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, indicó que todo poema ungido por la grandeza, como es el caso de Muerte sin fin, resulta de la experiencia de la totalidad del ser y se nos ofrece como tal, como acontecimiento en el que se trenza el sentir –de sensación y sentimiento– con la luz del saber.

“No tengo empacho en considerar a José Gorostiza como una encarnación moderna del gran poeta, del que intuye, es decir, el que contempla lo real sin mediaciones discursivas, el que alcanza la teoría, el que intuye las verdades del mundo presente y columbra las del futuro en su condición de vate, esto es, de vaticinador de las cosas por venir.

“José Gorostiza pertenece a la estirpe de Homero y Horacio, lo mismo que a la de Parménides y Empédocles, por eso, estimo que Muerte sin fin es un grandioso intento, bella y trágicamente desesperado, por superar la orfandad de hombres y mujeres de nuestro tiempo, por dejar atrás el vértigo solipsista del sujeto moderno, desde la experiencia que el poeta mismo ha tenido esa orfandad y ese solipsismo”, dijo el catedrático.

Finalmente, el poeta Eduardo Lizalde, leyó algunos fragmentos de Muerte sin fin, no sin antes recordar el epílogo que Octavio Paz hizo para la edición de 1952 que hizo la UNAM. “Después de Muerte sin fin la experiencia del poema es imposible e impensable. Otras experiencias, otras muertes nos esperan. Muerte sin fin es el reloj de cristal de roca de la poesía hispanoamericana. Aislado y esbelto cuenta el tiempo sin fin”.

Tras la mesa de discusión y presentación de la edición conmemorativa, fue inaugurada la exposición La muerte sin fin de José Gorostiza, en la que se invita a conocer al poeta, a adentrarse en su vida y obra  mediante un recorrido fotográfico y documental que da testimonio de su mundo personal, de su serena y constante labor creativa. Esta muestra estará abierta al público hasta el 30 de noviembre en la Sala Internacional del Palacio de Bellas Artes.
MAC     

Fuente: (CONACULTA)

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