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Espectáculos - October 16, 2009

“Théâtre Sans Fil” ofreció en la Alhóndiga de Granaditas un recorrido por la historia del universo y del hombre

décadas de trayectoria cautivó al público con sus dos producciones Ravel: Boléro and L’enfant et les sortilèges (Ravel: Bolero y El niño y los sortilegios), donde se fusionaron la danza, el teatro, la música, las animaciones multimedia, juegos pirotécnicos y los efectos especiales, siendo las marionetas de hasta cuatro metros de altura las piezas más atractivas de la puesta.

Bajo la dirección de André Viens, el grupo recreó durante la primera parte del espectáculo desde el origen del universo –incluida la teoría del Big-Bang–, pasando por el esplendor de grandes civilizaciones, como la egipcia, hasta los viajes marítimos más trascendentes para la historia, como el descubrimiento de América.

En esta primera parte de su propuesta tan pronto comenzaron a sonar las notas de la pieza Bolero de Ravel, varias telas blancas de gran tamaño comenzaron a cobrar vida al son de la música gracias a la manipulación de los integrantes de la compañía.

La dominación de la técnica por parte de los ejecutantes del grupo permitió que con la ayuda de estos sencillos objetos transportaran al público por diversas escenas.

Enseguida, se representó el montaje El niño y los sortilegios, que transformó al escenario de la Alhóndiga de Granaditas en una recámara gigante habitada por un niño igual de grande, por lo que aparecieron muebles de gran tamaño que por un momento provocaron en el público la sensación de ser seres diminutos.

La anécdota de un niño travieso que comienza a hacer travesuras para fastidiar a los demás fue el hilo conductor de una mágica interpretación protagonizada especialmente por marionetas de gran formato, igualmente manipuladas por los integrantes de Thèâtre Sans Fil.

Una historia que, a través de un lenguaje lúdico, reflejó el comportamiento de los seres humanos, desde su talento destructivo hasta su capacidad de arrepentimiento. Y es que el personaje principal comienza a ser atacado por aquellos muebles y animales que han sido víctimas de su maltrato, situación que visualmente resultó atractiva para los espectadores de todas las edades que abarrotaron la Alhóndiga, pues lo mismo se vieron enormes sillones hablantes, que gatos y libélulas gigantes.

Poco a poco, con el trascurso de la trama, el menor comienza a comprender sus fallas y de los daños que provoca a los demás con sus actitudes, transformándose una vez más en un niño bueno, dulce y juicioso, que supo vendar la herida.

Una cascada de juegos pirotécnicos en los alrededores de la Alhóndiga fue el anuncio del final de esta experiencia escénica que cautivó a los presentes.

Con esta función, Thèâtre Sans Fil demostró porqué es una de las más firmes expositoras del arte del títere en su país y a nivel internacional. Desde 1971 mantienen esta aventura escénica inspirada en el teatro Noh de Japón, donde los muñecos gigantes se apoderan de las grandes plazas y recintos para narrar historias memorables.

GJB

Fuente: (CONACULTA)

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