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Cine - October 3, 2009

“Dos mil metros (sobre el nivel del mar)”, ópera prima del mexicano Marcelo Tobar, en la Cineteca Nacional

psicológico de la manipulación al que serán sometidos los personajes por parte de uno de los protagonistas, una extraña apuesta sin trofeo de la que sólo el más decidido retomará su independencia.

En el título mismo de la película hay una alusión a la ciudad de México, sólo un referente, pero nada más, lo que viene por delante lo tendrá que ir descubriendo el espectador, así está hecha la película de Marcelo Tobar; el manejo oculto que sólo se asoma y deja entrever sus intenciones para conseguir lo que se desea o simplemente confirmar algo: que los demás reaccionen a capricho de una serie de acciones y frases premeditadas, sin que siquiera lo sospechen y así lleguen a sus emociones más profundas, de las que algunos no siempre logran sobreponerse.

La historia inicia cuando Fama, una chica mexicana, y su novio canadiense, Alex, acaban de llegar al Distrito Federal tras una ausencia no muy larga; mientras ella encuentra trabajo, temporalmente se instalarán en el viejo departamento de Galo, un ex compañero sentimental de Fama. La instalación en este lugar será el inicio de una serie de situaciones provocadas a partir de la convivencia entre la pareja de enamorados, Galo y Carlota, ésta una aprendiz de escritora, que también se aloja bajo la generosidad de él. Este personaje, un joven exitoso con un buen trabajo y con influencias en su medio, nos recuerda a los yupies de la década pasada, jóvenes ejecutivos, exitosos que han viajado por el mundo, hablan dos o tres idiomas y, sobre todo, llevan un estilo de vida sibarita y muy costoso. Galo es la figura que envolverá poco a poco a cada personaje mediante su generosidad, sincera, pero que a su vez esconde el juego de gozo del poder-manipulación, que con el tiempo mermará la relación para hacer estallar las emociones reprimidas y caer siempre en el juego de este calculador personaje, que logra hacer lo que quiere con sus inquilinos, a los que trata como auténticos ratones de laboratorio, sin un motivo que va más allá del hedonismo que siente Galo con todo lo que hace; al final, cada quien irá según su sentido común e inteligencia, unos se hundirán y otros saldrán de la situación, pero todos a un precio, por pequeño o grande que sea, por pagar.

Aunque nos esmeremos en hallar situaciones o escenas carentes de justificación en la historia, Marcelo Tobar nos demuestra una cinta cuidada en su contenido y dirección, con  méritos propios de producción, pues nos demuestra que es posible la realización de una película inteligente sin grandes recursos económicos (hoy en día una idea cada vez más alejada en el cine, y no se diga de nuestros jóvenes directores), una virtud que sólo Tobar decidirá continuar o no.

“Dos mil metros (sobre el nivel del mar)”, México, 2008, dirección y guión Marcelo Tobar; fotografía en color, Juan Bernardo Sánchez; edición, David Torres y M. Tobar; producción, Películas del 77, Tita Sánchez Mejía; reparto: Ari Brickman (Galo), Giovanna Zacarías (Fama), Mónica Huarte (Carlota), Javier Therrien (Alex). Se exhibe este fin de semana en la Cineteca Nacional, consulte la cartelera en www.cinetecanacional.net.

Comentarios a esta nota: benjamin.solis@azteca21.com
Foto: Ari Brickman en una escena de esta ópera prima de Tobar.
Cortesía: Cineteca Nacional.

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