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Música - September 30, 2009

Si la música es mi religión, Bach es mi Biblia: Mischa Maisky, violonchelista ruso

Johann Sebastian Bach, en el Templo de la Valenciana, en la edición 37 del Festival Internacional Cervantino.

El artista compara la música de Bach con la Biblia, porque “éste es el libro de los libros, pero existen muchas traducciones de ella, múltiples lecturas. De la misma forma, hay muchas interpretaciones de las Suites de Bach, por lo menos conozco 50 grabaciones diferentes, y ninguna ejecutada de la misma manera. Las posibilidades que poseen estas piezas son maravillosas y sorprendentes, lo que hace que nuestro trabajo no tenga fin”.

Luego de señalar que Bach no puede ser considerado como un músico del barroco, ni encasillado dentro de ninguna corriente, “porque él es un compositor que no tiene límites, pertenece a todos los tiempos”, Maisky deseó que su participación en el FIC sea disfrutada por el público asistente, y dijo que interpretar la música de Bach “siempre es un proceso sin fin y cada que lo hago busco alcanzar la perfección, pero aunque viviese 120 años, creo que nunca llegaré a ejecutarla como en realidad se lo merece”.

Al hablar sobre cómo nació su pasión por el compositor alemán, Mischa Maisky recordó que siempre vivió rodeado de música en Leningrado, ahora San Petersburgo. “Mi hermano organizaba reuniones que giraban en torno a Bach, y en lugar de asistir los domingos a misa escuchábamos su música”.

Su segunda grabación, Las suites para violonchelo solo, de Johann Sebastian Bach, las dedicó a su hermano.

El chelista informó que decidió aprender a tocar este instrumento, “no por una razón romántica sino práctica: mi hermano tocaba el violín y mi hermana el piano, entonces pensamos en formar un trío, sueño que llegué a concretar con mis hijos: mi hijo toca el violín y mi hija el piano”. El chelo, añadió, es el instrumento más cercano a la voz humana, la cual es el instrumento más perfecto que existe. “El próximo mes de noviembre cumpliré 36 años con el chelo que recibí al presentarme en el Carnegie Hall, y seguimos enamorados. Fue construido por Domenico Montoniana, y me gusta pensar que es de 1720, porque fue en ese año cuando Bach escribe sus suites”.

Para sus conciertos, Maisky viste de forma desenfadada “debido a que gasto mucha energía al tocar y tengo que cambiarme repetidamente. Pero debemos recordar que un concierto no es un desfile de modas, lo importante es la música y si uno se para en el escenario con el respeto que éste merece, no importa si usas playeras o jeans”. Además, en cierta ocasión comentó que uno de los problemas de la música clásica —no de la música en sí misma, sino de la música clásica como institución— es que tiene una imagen un tanto conservadora y retrógrada que asusta a la gente joven.

A veces la gente le pregunta sobre el pelo largo, y él responde que quizá lo usa así porque cuando estuvo en la cárcel le afeitaban la cabeza, pero recuerda que todos los grandes compositores del pasado se ponían peluca si no tenían el pelo largo, “así que desde ese punto de vista tampoco es tan radical”.

Los discos de Mischa Maisky han merecido importantes premios internacionales, incluidos el Grand Prix du Disque y el Record Academy Prize, además de formar tándem con los pianistas Martha Argerich y Radu Lupu, el violinista Gidon Kremer y los directores Leonard Bernstein, Zubin Mehta, Vladimir Ashkenazy, Daniel Barenboim y Giuseppe Sinopoli, y de haber tocado en los principales escenarios del mundo y realizado cientos de grabaciones.

Nació en Riga, Letonia (Latvia), en 1948 y a los ocho años de edad comenzó a tomar clases de chelo, primero en la Escuela de Música Municipal, luego en el Conservatorio de Riga, y a los 14 ingresó al Conservatorio de Leningrado. En 1966 ganó el Concurso Internacional Tchaikovsky, tras el cual comenzó a estudiar en el Conservatorio de Moscú con Mstislav Rostropovich, al tiempo que iniciaba su carrera concertística a través de la entonces Unión Soviética.

En 1970 fue condenado a pasar dos años en un campo de trabajo cerca de Gorky, quizás debido a que su hermana se había exiliado a Israel el año anterior. Esta experiencia, reconoció en la entrevista, “me hizo mejor ser humano e influyó en mi crecimiento como músico. Fue un pasaje difícil y traumático, pero debo darle crédito a los soviéticos por mi educación musical”.

El músico ha comentado que cuando salió de la URSS no hablaba inglés ni algún otro idioma; no había tocado el chelo desde hacía dos años, ni siquiera lo había visto, y nadie lo conocía, por lo que tuvo que empezar desde el principio: “tuve que aprender a hablar de nuevo, a andar de nuevo, a tocar de nuevo”. Asegura además que el talento se puede atribuir a un don y al esfuerzo personal. No se alcanza un cierto nivel sin ambos: el talento es don, trabajo duro y disciplina, dice.

Mischa Maisky interpretará Las suites para violonchelo solo, de Bach, el sábado 31 de octubre a las 12:00 horas, en el Templo de la Valenciana, dentro de la programación musical del 37 Festival Internacional Cervantino.

Fuente: (festivalcervantino.gob.mx)

 

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