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Música - September 29, 2009

Samuel Rodríguez Cedillo compone piezas que exaltan la potencialidad sonora de instrumentos para solista

la potencialidad de tales herramientas.

Es Samuel Rodríguez Cedillo, egresado del Conservatorio de las Rosas, quien ha presentado los resultados finales de sus composiciones propuestas para obtener una beca del Fonca dentro del Programa Jóvenes Creadores.

Presentó su proyecto en el marco del Tercer Encuentro de Jóvenes Creadores Generación 2008-2009, que se está llevando a cabo en esta capital tapatía, donde decenas de prometedores artistas están concluyendo sus trabajos con apoyo de sus tutores, que son creadores con amplia trayectoria. El encuentro es organizado por Conaculta a través del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca).

En entrevista, el joven de 27 años de edad habla sobre el proceso creativo en el cual estuvo inmerso durante un año para cumplir con su propuesta dentro de la disciplina de Composición.

Rodríguez, quien imparte talleres en comunidades de su entidad a través del Programa de Educación Musical Regional, confiesa que la labor no fue nada sencilla, ya que componer es un arte que exige tiempo, sin embargo, considera que obtuvo lo que deseaba, incluso, al principio sólo había propuesto tres composiciones, y terminó produciendo cuatro.

-¿Cuál era la meta principal por alcanzar?

“Hacer piezas para solistas. En los últimos años me he dedicado a realizar trabajos de manera particular con los instrumentistas. Por fortuna hay suficiente repertorio para estos intérpretes pero sólo para ciertos instrumentos, así que me interesé en contribuir con más obras para este sector del gremio musical”.

Al preguntarle sobre las características que una buena composición para solistas debe tener, el músico considera que la principal es que sean partituras que exploten al máximo las capacidades de los intérpretes.

“Quizá ya suene esto a cliché, pero en verdad se debe explotar lo mejor de ellos, ya sea técnica o dramáticamente. En mi opinión, un solista debe preocuparse por mostrar esas potencialidades, de no ponerse barreras”.

Cuatros son las piezas de su autoría que se han unido al repertorio nacional. La primera, llamada Nana, está inspirada en el legado de Samuel Beckett y está pensada para flauta y percusión. La elección de este autor surge por la admiración personal que el michoacano tiene por su teatro; su intensidad y complejidad lo motivó. Sobre el propósito de la misma comenta:

“La idea principal es comenzar una serie de composiciones relacionadas con la obra de este autor, encontrando un punto de conexión entre las sintaxis y el orden fonético de sus textos. Tuve que encontrar los diferentes niveles de sintaxis de su teatro y analizarlos fonéticamente para construir mundos sonoros que sean parte de un mismo ente”.

En tanto la segunda propuesta se titula Monólogo es para viola. Para crearla, su joven autor se sometió a un intenso proceso de exploración para crear universos sonoros que lleven al oyente a situaciones emocionales extremas: “Me gusta mucho manipular psicológicamente al oyente a través de la música, es como tomarlo por el cuello y zarandearlo hasta que ya no pueda. Así que se trata de una música muy agresiva”.

Injerto y oscuridad es el nombre de la tercera composición para flauta sola, pensada a partir de algunos textos del poeta Paul Celan, cuya obra también se caracteriza por su intensidad. Sobre el propósito de la misma, su autor explica: “Busqué combinar todos mis intereses escénicos con mis intereses de manipulación del oyente. Sin temor a equivocarme puedo decir que es la obra más lograda que tengo porque logro que el flautista no sea un simple músico, sino un actor que actúa dentro de su instrumento”.

Finalmente, la cuarta propuesta es una canción motivada en el poema “Soliloquio” de Octavio Paz, por lo que es una composición cruda. Está creada para violín, flauta, piano y voz.

Al preguntarle sobre ese especial interés que tiene en poetas, el músico indica que lo han apasionado porque han llevado al extremo la palabra, como él busca hacerlo con la música.

Si hay algo que pudiera englobar a estas obras es el interés de Rodríguez por la exploración de los instrumentos. Para lograrlo, compuso con el instrumento aunque no supiera tocarlo, pues la idea era justamente irlo descubriendo: “Me gusta mucho usar instrumentos que no toco porque eso me quita clichés y me permite inventar mis propias técnicas y escrituras”.

GJB

Fuente: (CONACULTA)

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