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Por la Espiral - September 18, 2009

Pagar por los errores del pasado

POR LA ESPIRAL
*Claudia Luna Palencia

-Pagar por los errores del pasado
-De la liquidez a la astringencia
-Inacciones y falta de visión

Las elecciones para la Presidencia en 2000 dieron una victoria contundente a Vicente Fox, candidato del PAN. Por primera vez la economía no se cayó aunque hubo quien intentó meter miedo entre los electores.
Sin embargo, la economía aguantó el llamado cambio democrático, con ello se abrió una ventana de esperanza: la sociedad mexicana deseaba que el cambio político se trasladara a un verdadero cambio económico basado en políticas públicas de largo plazo operadas bajo la visión de un estadista con una administración encaminada a generar riqueza y reformar las bases fiscales  a favor de lograr una distribución más equitativa.
Por desgracia, el optimismo de 2000 fue disipándose en la medida en que los pactos políticos del presidente Fox quedaron al descubierto así como su incapacitada visión de gobierno y de políticas de  largo plazo.
Conforme el sexenio fue avanzando,  la administración foxista reveló un alto grado de ineficacia  para actuar no en tiempos de crisis, sino para responder al país en medio de una profunda liquidez  y solvencia económica con un entorno internacional favorable.
Por primera vez desde 1976, y a pesar del cambio político de partido en el poder, el panorama económico mantenía muchas aristas positivas  sin los nubarrones de la crisis, ni amenazas de fuga masiva de capitales, devaluación del peso, ni ataque especulativo en la Bolsa Mexicana de Valores ni en el sistema financiero.
Tampoco vislumbraban riesgos inminentes en la balanza de pagos, ni insolvencia para hacer frente a los pagos de los intereses de la deuda externa, es más el propio saldo de la deuda externa pública era absolutamente controlable y amortizable.   
El sexenio carecía de amenaza de crisis. En cambio, asustaba la ausencia de visión para capitalizar todos los puntos buenos a favor del país:  aconteció una acumulación histórica de reservas internacionales en Banco de México que pasaron de 30 mil millones de dólares en diciembre de 2000 a 75 mil millones de dólares en diciembre de 2006.
Los recursos extraordinarios vía el petróleo superaron los  100 mil millones de dólares; en seis años, las familias mexicanas recibieron   remesas por 95 mil millones de dólares  mientras que  la  recepción neta de inversión extranjera directa superó los 80 mil millones de dólares siendo México uno de los países más premiados con capital foráneo de la región.
Asimismo la balanza turística registró una derrama de  45 mil millones de dólares en seis años.
Durante toda la Presidencia de Vicente Fox  prevaleció la liquidez una que el gobierno de entonces no supo rentabilizar, canalizar y aprovechar para crear los canales adecuados para apuntalar la  planta industrial, modernizar las vías de comunicación y fortalecer la  infraestructura petrolera; apuntalar el ahorro externo y preparar al país ante cualquier contingencia inminente derivada de la nueva realidad  de la geopolítica y geoeconomía.
Vamos, le tuvieron miedo hasta al proyecto de construcción del tren de alta velocidad en Occidente.
SERPIENTES Y ESCALERAS
La inacción evitó que el país se preparara para el futuro inmediato, la ausencia de una planeación consistente y la visión de mediano y largo plazo llevó a los mexicanos a una situación de constante vulnerabilidad al entorno.
Lo único favorable en el sexenio de referencia consistió en dos aspectos: uno relacionado con modificar el sentido de orientación tradicional de los subsidios por otro esquema de transferencias monetarias condicionadas.
Desde la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) el Progresa, programa social ligado tradicionalmente al PRI con reminiscencias al Progresa del sexenio de Carlos Salinas de Gortari con subsidios a la oferta, que luego cambió por subsidios a la demanda en el sexenio de Zedillo, fue definitivamente modificado por las transferencias monetarias condicionadas vía el empoderamiento.
El otro aspecto  tiene que ver con la deuda externa del sector público. Ante  las presiones de Guillermo Ortiz Martínez, gobernador del Banco de México  y de diversos especialistas, fue aconsejado utilizar parte de la  liquidez en dólares acumulada por el Gobierno Federal para adelantar amortizaciones de la deuda externa pública y de esta manera, reducir  el saldo.
Datos proporcionados por la Secretaría de Hacienda revelaron que en el año 2000, la deuda externa pública era de 84 mil 600 millones de dólares, a junio de 2006, el saldo neto redujo a 55 mil 353.6 millones de dólares. Fundamentalmente Hacienda pagó 34 mil millones de dólares por concepto de amortizaciones adelantadas.
Así se acarició la esperanza de cancelar el problema de la deuda externa del sector público, resucitar al  país más dispuesto para apostar por su ahorro interno y por ende por su infraestructura, innovación y tecnología.
Y digo se acarició cual terciopelo y nos hizo soñar en un país con mayor disponibilidad de recursos para el desarrollo,  infraestructura e inversión en vez de quedarse atado al pago de los empréstitos.
De ese pasado inmediato lleno de sueños, a tres años de distancia, hay toda una pesadilla: el gobierno ya no tiene recursos, PEMEX sigue descapitalizado, el petróleo  no es fuente segura de ingresos.
Adicionalmente las remesas caen dramáticamente. Los asesores del gobierno no saben de donde sacar más dinero para evitar que las familias en pobreza subsidiadas  por sus propios parientes desde Estados Unidos puedan  seguir contando con el dinero que por años recibieron  de forma constante y que ahora por la propia crisis en la Unión Americana no es tan fácil enviarlo sobre todo con la parálisis de la construcción allende las fronteras y la política migratoria de persecución que se aplica a los trabajadores indocumentados.
Todo se altera y surgen los arrepentimientos y los hubieras “que hubiera pasado si en el sexenio pasado Fox hubiera dinamizado la inversión en infraestructura” o que “hubiera pasado si se hubiera aprobado una reforma fiscal de primer nivel en tiempos de bonanza”.
Desafortunadamente no hay el hubiera y todo lo que no se hizo en el pasado inmediato nos pega directamente en momentos de vacas muy flacas. Hasta la  posibilidad de librarnos verdaderamente de la deuda externa se nos esfumó.
*Economista y columnista especializada. Es candidato a doctor por la Universidad de Alcalá, tiene dos libros publicados y participa en distintos foros de radio y televisión con opiniones sobre educación financiera, economía y finanzas personales.  Puede contactarla en: claulunpalencia@yahoo.com

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