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Arte y Cultura - September 11, 2009

Museo Nacional de Historia, tras la huella de la imagen histórica de Don Miguel Hidalgo

Museo Nacional de Historia (MNH) y un escapulario propiedad del Instituto Cultural de Aguascalientes, es el objetivo de la exposición Huellas de don Miguel Hidalgo y Costilla en el Castillo de Chapultepec, que mañana se inaugura, paralelamente a la titulada Bernardo Reyes. Mientras los otros siguen su camino, cuéntame a mí tu historia.

Ambas muestras que estarán abiertas hasta fines de octubre, forman parte del programa Al Alba de los Centenarios del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), orientado a revisar los acontecimientos previos a los dos estallidos revolucionarios fundacionales de este país: la guerra de Independencia y la Revolución de 1910, como parte de las conmemoraciones por el Bicentenario y Centenario de esos hechos históricos.

Salvador Rueda Smithers, director del Museo Nacional de Historia y curador de las exposiciones, señaló que Huellas de Miguel Hidalgo en el Castillo de Chapultepec, busca a través de los objetos que la conforman, no sólo ofrecer un perfil biográfico del personaje sino una explicación de la historia propia de la pieza y del momento en que fueron recopiladas, como parte de la construcción heroica y de la convención iconográfica del Hidalgo que se proyectó de 1910 en adelante.

El historiador indicó que esta forma de abordar el tema, obedece a que al haber sido Hidalgo un personaje proscrito por más de una década, existe un velo misterioso alrededor de su vida, al grado de que no se sabe con certeza como fue físicamente –se dice que moreno y de ojos verdes-, por tanto su imagen se ha construido en función que el pudor de la historia dejó del fundador de la nación mexicana.

Desde su punto de vista, para la generación del siglo XXI lo que vale la pena es preguntarse cuáles han sido nuestros referentes en la memoria, ser totalmente transparentes y acercarlos lo más posible a la verdad; quitarnos estereotipos de la cabeza. “Creo que además de un reto intelectual, resulta interesante conocer las dificultades que implica el personaje y que las piezas que se le atribuyen, están sujetas a estudio para su autentificación”.

Dijo que hoy podemos recuperar parte de su perfil al ver de cerca los pocos objetos que se han podido recopilar, pues se le han atribuido apenas medio centenar. Entre ellas, una medalla de plata con la imagen de la Virgen de Guadalupe, un relicario con la Virgen de los Dolores, un escapulario guadalupano, el traje que usaba para la administración de los sacramentos, estandartes y banderas que sus hombres enarbolaron, un par de cañones, muebles de la casa de Dolores, la pila en la que fue bautizado y el confesionario de la parroquia desde donde llamó a la insurrección.

En síntesis, indicó, sólo los documentos firmados, el óleo de Atotonilco o el estandarte de Michoacán se pueden dar por auténticos, pues se sabe que fueron recogidos por la insurgencia. El resto, está rodeado por cierto margen de misterio, pues fueron colectadas y resguardadas después de 1823, momento en que se reconoce a Hidalgo como iniciador de la guerra de Independencia.

“Por eso queremos mostrar el estado de las cosas. Exhibimos los retratos de Hidalgo para ver cómo cambió su rostro hasta llegar al que hoy conocemos; las piezas que le han sido atribuidas o que le pertenecieron y la manera como llegaron. El estandarte está en estudio por parte de historiadores y especialistas de la Escuela Nacional de Restauración y hasta el momento, sólo hay resultados técnicos e iconográficos que arrojan fechas relativas de la fabricación del escapulario, aunque algunas fuentes documentales indican que efectivamente se trata de una pieza de finales del siglo XVIII o de principios del XIX, lo que acerca la posibilidad de que haya sido de su propiedad”, explicó.

Sin embargo y en virtud de que los historiadores trabajan en función de fechas absolutas, Rueda y su colega Amparo Gómez, han buscado en los legajos del proceso de Miguel Hidalgo –resguardados por la Biblioteca Nacional de Antropología–, algún documento que hable de esa pieza en particular. “Se hacen necesarias otras pesquisas, pues al igual que en muchos otros casos, contamos únicamente con información parcial y poco verificable”.

Reiteró que parte de la intención de la muestra, es que la gente sepa que el fundador de este país dejó piezas muy humildes y que a través de ellas, a veces con un origen e historia un tanto oscuras, se construyó la imagen de Miguel Hidalgo.

“Lo que me gusta es pensar que la historia tiene un pudor y que las cosas importantes, las que llegan a cambiar el destino de sociedades y países, no necesariamente nacen de cosas grandilocuentes sino de lo más simple. En este caso, hablamos de que un cura, un teólogo, un aficionado a la música que era violinista y tenía una medallita, cambió la historia del Virreinato. Y por el destino mismo, lo que queda de él son cosas tan sencillas como el relicario, su casulla, algunos muebles del curato de Dolores, entre otras”, apuntó.

Al aludir a las piezas procedentes de los festejos del Centenario en 1910, Rueda manifestó que en aquel momento la historia se hacía de manera diferente, ellos buscaban las singularidades y ahora se buscan las correspondencias. “Ese es un problema cuando queremos encontrar ciertas verosimilitudes; lo que me interesa explicar es como a partir de una pieza se construye la imagen y que justamente eso, le confiere singularidad a la pieza en el acervo del museo”.

Añadió que cuando alude a que la historia es pudorosa, no grandilocuente ni épica, pretende invitar a que cuando se vea una estatua de Hidalgo ya interpretado y casi santificado, piense que él en vida, lo que tenía era este tipo de cosas y que eso le da una proporción humana.

En cuanto a los distintos rostros que ha tenido Hidalgo desde el punto de vista de una convención iconográfica y que están presentes en la exposición, comentó que predomina el que deriva de la descripción de Lucas Alamán como un hombre anciano – a pesar de que en 1810 tenía 57 años de edad–, calvo y canoso, cargado de espaldas, un poco jorobado.

Finalmente, Rueda Smithers manifestó que aquí se puede apreciar cómo veían los mexicanos de hace 100 años a los que un siglo atrás emanciparon al país. “Es un juego de conjugaciones en pasado, una explicación de historias cruzadas: las del hombre que inició la guerra de Independencia y las de los objetos que sirven para recordarlo”.

AMS

Fuente: (CONACULTA)

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