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Paisanos - September 6, 2009

Masiva llegada de latinos a universidades acentuará brecha generacional

problemas para padres y dirigentes comunitarios, advirtieron expertos.

Esta semana, el College Board, organización que compila estadísticas educativas difundió un reporte en el que indica que más de 206.000 estudiantes latinos realizaron este año las pruebas de aptitud académica, o SAT en inglés, comparados con casi 95.000 alumnos hispanos hace diez años.

A la vez, entre esos estudiantes, un 30 por ciento dijo que inglés no era su primer idioma y un 61 por ciento explicó que ellos eran los primeros en su familia en ir a la universidad.

La misma encuesta revela que las carreras médicas son las más preferidas por los jóvenes hispanos (20 por ciento del total), seguidas por administración de empresas (13 por ciento) y por ingeniería (8 por ciento).

Aún más importante, la información compilada por College Board demuestra que muchos latinos ya no se conforman sólo con terminar una licenciatura, ya que “más de la tercera parte de estudiantes hispanos aspira a un título de maestría, mientras que casi la cuarta parte aspira a un doctorado”.

Pero la buena noticia del aumento en el número de jóvenes hispanos llegando a la universidad podría ser una mala noticia para aquellos padres y dirigentes comunitarios que se aferren a patrones de conducta actuales o pasados, comentó hoy a Efe Stan Perea, analista demográfico de Denver y consultor en temas hispanos con varios distritos escolares.

“Esta es la primera generación de hispanos universitarios que no regresa a sus orígenes luego de completar su carrera universitaria y hay varias razones para explicarlo”, dijo.

Una de esas razones es el hecho que, según el Pew Hispanic Center, el 90 por ciento de los hispanos menores de 18 años que ahora viven en EEUU nacieron en este país y, por lo tanto, se criaron y educaron con las costumbres propias de la sociedad estadounidense, pero no necesariamente con las tradiciones de sus padres.

Para Perea, eso significa que la problemática que afecta a todos los estudiantes afecta también e inseparablemente a los jóvenes latinos, quienes ahora están más cerca, debido ante todo a la tecnología, de la cultura estadounidense que de la cultura de sus padres.

Esa afinidad cultural hace que los jóvenes latinos que van a la universidad, como sucede con los estudiantes de otros grupos, posterguen casarse y tener hijos, los dos factores vivenciales que en épocas anteriores los hubiese obligado a retornar a sus raíces y tradiciones.

“Ahora resulta común ver a personas de 30 o de 40 años que todavía están de novios. Para el momento que se casan y tienen hijos, y esos hijos crecen como para obligarlos a repensar sus valores, ya son personas demasiado viejas como para regresar a la familia de sus padres”, comentó Perea.

“La decisión que debemos tomar es la de trabajar simplemente para prolongar el pasado o trabajar para construir un nuevo modelo para el futuro. Si seguimos con las mismas instituciones que tenemos ahora, desapareceremos”, agregó.

Para Scott Flores, ex miembro de la mesa directiva de Hispanic CREO (una organización educativa nacional) y director de varios proyectos de educación para latinos en Denver, las nuevas estadísticas deben impulsar a los padres latinos “a aprender y a prepararse para dejar ir a sus hijos”.

Flores dijo que hubo ocasiones en las que tuvo que mediar entre padres e hijos hispanos debido a que los padres rechazaron becas y ofrecimientos de importantes universidades porque esas universidades estaban en otros estados.

Para Flores, la creciente presencia de hispanos en las universidades del país es “una tendencia irreversible”, por lo que “los padres deben educarse ellos mismos para evitar que los hijos se alejen completamente de sus familias por ir a la universidad”.

La falta de preparación de los padres es uno de los factores que aleja a los jóvenes universitarios de sus familias.

En la actualidad, según el Grupo Barna, un 61 por ciento de los estudiantes universitarios deja las creencias de sus padres en los dos primeros años de estudios. Y un 60 por ciento de esos jóvenes nunca vuelve a practicar esas creencias.

No todos, sin embargo, anticipan tan serios problemas. Para Justo González, historiador, teólogo y autor de más de cien libros, la separación entre padres e hijos debido a la universidad “es sólo un hiato al que no hay que tenerle miedo”.

“Los jóvenes deben entender que no se estudia para ser mejor que otros ni sólo para ganar dinero, sino para servir mejor a otros”, manifestó.

Fuente: (Agencias)

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