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Entrevistas - September 3, 2009

Emilio Pons o las vicisitudes de un tenor mexicano en Europa (2)

impronta en quienes tenemos esa dicha momentánea, pero perenne. Tal es el caso de Emilio Pons, con quien continuamos una larga charla.

¿Cómo ha sido su despegue como tenor, Emilio? Al parecer, en Alemania empieza a tener actividad constante, ¿qué tal Heidelberg?

Mi carrera se ha ido desarrollando en forma similar y paralela al desarrollo de mi voz: de manera lenta, pero segura. Durante el último año de mis estudios en Estados Unidos intenté sin éxito ingresar a varios de los llamados “Programas para Jóvenes Cantantes”, que son generalmente considerados como requisito sine qua non para aspirar a una carrera profesional tras la conclusión de los estudios. Curiosamente, mientras que algunos programas de mediana categoría, como el de la ópera de Pittsburgh, ni siquiera me dieron una segunda audición, los directivos del programa Lindemann de la Metropolitan Opera House de Nueva York, la casa de ópera más prestigiosa del mundo, me invitaron a audicionar en tres ocasiones consecutivas. Al final del proceso de selección sólo quedábamos cinco cantantes de entre más de mil candidatos, entre ellos un tenor franco-canadiense y yo, y, tal como me fue advertido por la propia administración del Met desde un principio, al final eligieron a dos cantantes estadounidenses.
No restándome más alternativa que abandonar Estados Unidos, acepté la invitación personal de Larissa Gergieva, hermana del aclamado director de orquesta Valery Gergiev, para formar parte de un programa similar en la llamada “Academia para Jóvenes Cantantes” del célebre Teatro Mariinsky en San Petersburgo, Rusia (mejor conocido por su compañía de ballet y bajo el nombre que llevó el teatro durante la época comunista en honor al oficial Kirov). Mi experiencia en Rusia fue una de las más brutales y, sin embargo, más enriquecedoras de mi vida. Aunque yo ya hablaba algo de ruso antes de mudarme a San Petersburgo, puesto que lo había estudiado durante dos años de forma intensiva en la universidad, de pronto tuve que enfrentarme a la vida diaria en general y a la difícil política del teatro en particular, en una lengua extremadamente compleja, en un país remoto y absolutamente ajeno al entorno cultural al cual yo había estado habituado hasta entonces.
Peor aún, en Rusia cunde hoy día una notoria hostilidad hacia los extranjeros y existe desafortunadamente una marcada tendencia a intentar aprovecharse de ellos, conductas ambas probablemente herencia de la terrible época comunista. El frío inclemente y las casi eternas noches durante el invierno no contribuyen tampoco de manera positiva al estado de ánimo de las personas, sobre todo de quienes no crecimos en esas condiciones. Gracias a que logré hablar la lengua con soltura y poco acento, llegué no obstante a forjar muy estrechas amistades con algunos colegas y pude beneficiarme de un trato preferencial, que condujo a mi participación en numerosos conciertos organizados por el teatro y, finalmente, a mi debut profesional sobre el escenario del famoso teatro Mariinsky, en el papel de Arturo en la ópera Lucia di Lammermoor, de Donizetti, en la primavera de 2006. Fue así que me convertí en el único miembro extranjero de la academia en haber sido reconocido con la oportunidad de realizar su debut profesional en la historia del teatro.
Además, uniéndome a una selecta lista de artistas internacionales extranjeros que han tenido el honor de cantar en el Mariinsky (de hecho, si no hubiese sido por Rolando Villazón, quien hizo su debut como Rodolfo en La Bohème, de Puccini, al lado de Anna Netrebko tres meses antes, yo habría sido el primer mexicano en gozar esa distinción). Un par de meses después participé en clases magistrales en Austria con el legendario tenor mexicano Francisco Araiza. Él reconoció de inmediato las cualidades de mi timbre, así como mi musicalidad y sólida preparación musical y lingüística, pero, al mismo tiempo, apuntó a una serie de problemas técnicos que habían surgido como resultado de la influencia de la diametralmente diversa escuela rusa y que debían ser resueltos. El maestro Araiza me ofreció continuar dándome clases de forma privada, pero ello implicaba mudarme a Alemania y fue así que en el otoño de 2006 me mudé a Munich.
Mi debut en Alemania tuvo lugar medio año después como Ferrando en la ópera Così fan Tutte, de Mozart, en el Teatro Prinzregenten de esa ciudad. Un agente me escuchó y me envió a hacer una audición para el teatro de Freiburgo, originalmente para el papel secundario de Pedrillo en Die Entführung aus dem Serail, de Mozart. Para mi sorpresa, tras la audición el teatro me rechazó para el papel de Pedrillo, pero me ofreció un papel mucho mejor aún. Fue así como debuté en diciembre de 2008 como Il Conte di Almaviva en Il Barbiere di Siviglia, de Rossini. Poco tiempo después, y luego de pasar un par de meses en Viena, me incorporé al ensamble fijo del teatro de Heidelberg, donde laboro aún y donde he interpretado papeles muy diversos, desde Arbace en Idomeneo, de Mozart, hasta Hypollit, en la recién compuesta (2007) y sumamente desafiante ópera Phaedra, del compositor Hans Werner Henze, pasando por títulos del repertorio estándar como Yevgenij Onegin, de Tchaikovsky, en la cual interpreté el papel de Lensky, e incluso el estreno alemán de la ópera Goyescas, de Enrique Granados, en donde interpreté el papel de Fernando, entre muchos otros. Actualmente, estoy preparándome para el estreno de nuestra nueva producción de L’elisir d’amore, en la cual cantaré el bello y entretenido papel de Nemorino. Durante la próxima temporada interpretaré el papel de Tamino en la famosa Die Zauberflöte, de Mozart, así como Narraboth en la ópera Salome, de Strauss.

Hábleme, por favor, de su maestro, el tenor Francisco Araiza, tanto en el aspecto musical como en el humano, personal.

Francisco Araiza es uno de los más grandes artistas que he conocido en mi vida, un extraordinario pedagogo y una persona extremadamente cálida y generosa. Quienquiera que esté bien familiarizado con el mundo de la ópera sabe que Araiza es considerado como uno de los más grandes exponentes del repertorio mozartiano y rossiniano para tenor de todos los tiempos, además de ser el único tenor iberoamericano de fama mundial en haber realizado una significativa y prestigiada carrera tanto en el campo de la ópera como en el repertorio de concierto. Su impresionante currículum, que incluye presentaciones en todos los más prestigiados teatros y festivales del mundo, al lado de todos los más grandes cantantes y directores de orquesta de las últimas cuatro décadas, así como una extensa discografía con un gran número de los mejores sellos discográficos, son testimonio de una de las más amplias, sólidas y envidiables carreras a las que un cantante puede aspirar.
Hoy día, el maestro Araiza continúa trabajando literalmente sin parar tanto en su calidad de artista como de maestro, juez, administrador y filántropo. Aunado a sus ahora más reducidas, mas no por ello menos significativas presentaciones en público como cantante de ópera y recitalista, el maestro Araiza es profesor titular de la cátedra de Canto en la Escuela Superior de Música de Stuttgart, en Alemania, profesor de Canto del Taller de Ópera del Teatro de Zürich, en Suiza; ofrece clases magistrales en Alemania, Austria y otros países en la Unión Europea; es frecuentemente invitado como miembro del jurado de los más prestigiosos concursos internacionales de canto, como lo son el Neue Stimmen y el ARD (la Radiodifusora Nacional Alemana) en Alemania y el Concurso Montserrat Caballé en España, por mencionar un par de ejemplos; es presidente de la Academia Hugo Wolf, de Stuttgart, que organiza numerosos conciertos y recitales cada año para impulsar la investigación y la ejecución del repertorio de lied, y ofrece anualmente una beca que lleva su nombre para jóvenes cantantes mexicanos. A pesar de ello, siempre encuentra la manera y el tiempo para dedicarse a sus alumnos particulares, que incluyen a varios jóvenes cantantes mexicanos que estamos haciendo carrera en Europa, como el tenor Héctor Sandoval y el barítono Gerardo Garcíacano, por mencionar un par de sus alumnos más destacados.

Continuará…

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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