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Arte y Cultura - August 20, 2009

La invasión estadounidense de 1847, una herida que no ha cerrado: Ignacio Solares

Se conmemoró el 162 aniversario
de la Batalla de Churubusco,
en el Museo Nacional
 de las Intervenciones
Foto: Cortesía CONACULTA/ A.L.

Ciudad de México.- 20 de agosto de 2009.- (CONACULTA)El escritor Ignacio Solares, director de la Revista de la Universidad de México y autor de la novela La invasión, afirmó que la invasión estadounidense a México en 1847 es una cicatriz abierta, una herida que aún no cierra porque a más de siglo y medio de distancia, se mantiene vigente nuestra dependencia y el maltrato histórico que hemos sufrido por parte de esa nación.

        Orador en la ceremonia conmemorativa por el 162 aniversario de la Batalla de Churubusco, convocada por el Museo Nacional de las Intervenciones (INAH-Conaculta), el narrador chihuahuense subrayó la importancia de actos cívicos como éste, ya que permiten entender lo ocurrido por la fragilidad en la que estaba el país, al tiempo que constituye un alerta en términos de concientizarnos de que “lo único que puede salvarnos y protegernos del monstruo del norte es nuestra propia fortaleza, el que seamos capaces de gobernarnos y ser autosuficientes en todos los sentidos. Hasta hoy día, seguimos en la mira”.

        Acompañado por Heberto Castillo, jefe delegacional en Coyoacán; Enriqueta Cabrera, directora del Museo Nacional de las Intervenciones, así como un pequeño grupo de actores que caracterizaron a los protagonistas de ese acontecimiento histórico, Solares intentó trazar el contexto de lo que significó y aún hoy representa, “este suceso único en la historia de la humanidad que fue la pérdida de la mitad de nuestro territorio”.

        Solares rechazó que al referirse a ese hecho muchos digan que en aquellos años estuvimos en guerra con Estados Unidos, pues en realidad y de ahí el título de su novela, se trató de una invasión, una agresión artera para la que desde años antes, fueron preparando el terreno.

        Para sustentar su dicho dio lectura a una carta fechada en 1836 y que fue rescatada por José Emilio Pacheco de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos en Washington, dirigida por Sam Houston al entonces presidente Andrew Jackson, en la que le sugiere como estrategia para mantener el control sobre nuestro país y así lograr apropiarse paulatinamente de nuestro territorio, fomentar la discordia civil por todos los medios a su alcance.

        Para conseguirlo, Houston pone de manifiesto la utilidad que podía representar el general Antonio López de Santa Anna. Y aunque sabía que habría una fuerte oposición de los convencionistas, le propuso “dejar en libertad al ave depredadora”. Por ello, le pidió reconsiderar su posición y facilitarle el regreso a México, “donde será nuestro mejor agente subversivo”.

        Al final de la misiva, Houston hizo notar a Jackson que “con su díscolo genio agitando la arena política ningún gobierno podrá enderezar la nave del estado y México se mantendrá sumido en el caos en el que nos conviene permanezca por mucho tiempo, para que su débil ejército no pueda impedir las futuras anexiones de Arizona, Colorado y las dos Californias”.

        “Más descarado no pudo ser –afirmó Solares–, como se ve la intención estaba ya viva una década antes. Todo lo que hay alrededor de este suceso es impresionante para nuestra historia y para entender lo que es esa frontera que nos divide de Estados Unidos. Por eso quise despertar el inconsciente colectivo que sin remedio está aquí y hacer conciencia de ello, porque somos polvos de aquellos lodos y necesitamos una fortaleza continua para evitar que algo así se repita”.

        En consonancia con lo expresado por Ignacio Solares, Heberto Castillo, jefe delegacional en Coyoacán, indicó que recodar acontecimientos como el ocurrido en Churubusco hace 162 años, es algo que refuerza nuestra identidad y nos da fortaleza para defender nuestro patrimonio, pues aunque en otras condiciones y con otras características México sigue siendo un objetivo para Estados Unidos, en términos de apoderarse de nuestros recursos naturales.

        Durante la ceremonia, también tomaron la palabra los principales protagonistas de esta historia, caracterizados por actores profesionales: los generales Pedro María Anaya (estuvo al mando de la defensa del Convento de Churubusco) y Antonio López de Santa Anna (entonces presidente de México), así como el capitán John O’Reilly (quien comandó al heroico Batallón de San Patricio).

        El general Pedro María Anaya ofreció un rápido repaso de lo acontecido aquel 20 de agosto de 1847 en la zona de Coyoacán, cuando junto con su colega Manuel Rincón, estuvo al mando de los batallones Independencia, Bravos, Chilpancingo, Guerrero y Tlapa, de algunos militares profesionales y del heroico Batallón de San Patricio, antes de verse obligado a capitular ante el general Twiggs, quien lo interrogó acerca del paradero del “parque” y al que respondió con la célebre frase: ”si hubiera parque, no estaría usted aquí”.

        Por su parte, el actor Ulises Mendoza personificó o más bien parodió a Antonio López de Santa Anna, quien en actitud soberbia y con un “compatriotas, mexicanos y mexicanas, amigos y amigas”, intentó obtener el aplauso del público y más bien se hizo acreedor a una rechifla, para luego admitir ser un personaje “odiado por los más y querido por los menos”.

        Ya despojado de la personalidad de Su Alteza Serenísima, Mendoza resaltó que los estadounidenses se han dado a la tarea de captar a nuestros líderes jóvenes y los han llevado a sus universidades para educarlos de acuerdo con su cultura, pues consideran que ellos, los tecnócratas, serán más estadounidenses que quienes nacieron allá. Por tal motivo y para finalizar, consideró que lo ocurrido hace 162 años no está lejos y que los Santa Anna, no sólo siguen aquí sino que se han multiplicado.

AMS

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