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Arte y Cultura - June 12, 2009

Soy un producto menor pero indiscutible del exilio español: José Emilio Pacheco

El poeta fue homenajeado
por la obtención del
'Premio Reina Sofía de
Poesía Iberoamericana'
Foto: Cortesía CONACULTA

Ciudad de México.- 12 de Junio del 2009.- (CONACULTA) A punto de cumplir siete décadas de vida, el poeta y narrador José Emilio Pacheco celebró la feliz coincidencia de haber nacido justo cuando se iniciaba el exilio español a nuestro país. Aludió a hechos y personajes de ese suceso histórico para las dos naciones; expresó su admiración y agradecimiento para Ramón Xirau, a quien conoce desde hace 50 años, “tiempo en el que ha hecho mucho por mí y me ha dejado una enseñanza incalculable”. Y remató: “Soy un producto menor pero indiscutible de ese exilio o de sus consecuencias”.

 

       Toda la atención, los reflectores y las palabras de reconocimiento se centraban en su persona. Era el invitado de honor a la residencia oficial del embajador de España en México, para festejar en compañía de intelectuales, escritores, académicos, autoridades culturales, amigos y diplomáticos, el haber obtenido el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en su décimo octava edición.

 

       Lo flanqueaban en la mesa el embajador Camilo Angulo Barturín y los poetas Ramón Xirau, Juan Gelman, Marco Antonio Campos y Luis María Marina. En la sala se encontraban Consuelo Sáizar, presidenta de Conaculta; José G. Moreno de Alba, presidente de la Academia Mexicana de la Lengua; Javier Garciadiego, presidente de El Colegio de México, entre muchos otros.

 

       Al hacer uso de la palabra, el autor de Las batallas en el desierto agregó otro motivo de alegría, “grande y justa compensación a los horrores que nuestro país ha sufrido y sigue padeciendo en este año siniestro de 2009”: la concesión del Premio Príncipe de Asturias de Comunicaciones y Humanidades a la Universidad Nacional Autónoma de México, como resultado de la iniciativa emprendida por el representante del gobierno ibérico en México.

 

       “El embajador ha querido que la poesía también tenga un lugar en esta celebración y aquí estoy. Tengo el honor y el privilegio de encontrarme con ustedes, gracias al vago azar o a las precisas leyes que me permitieron ganar el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana”, apuntó con modestia.

 

       Luego de recordar la labor de Max Aub, “el gran poeta del exilio español” y de Vicente Aleixandre a favor de la cultura y los escritores, Pacheco se declaró “un producto menor pero indiscutible de ese exilio o de sus consecuencias y también, de una cultura rioplatense que nació el 30 de junio 1939, cuando Carlos Quijano funda la revista Marcha, a la que no es ajena la obra poética de Juan Gelman”.

 

       Al referirse a Marco Antonio Campos rememoró que lo conoció muy joven y muy pronto se convirtió en mi maestro; ahora, comentó, “me toca aprender de Luis María Marina, al que por fuerza mayor no puedo ver sino como el inmigrante que llega a otro mundo y al mismo tiempo, el emigrante que se despide del que fue suyo”.

 

       Minutos antes, al iniciar el homenaje, el embajador Camilo Angulo no ocultó su satisfacción por festejar a Pacheco, a quien calificó como “uno de los poetas mayores de nuestra lengua”.

 

       Hizo notar que por lo general los artistas temen a los homenajes, como los marineros a la calma chicha, como los toreros al viento silencioso de una tarde de verano, “porque nos recuerda a todos que detrás de una esquina, silenciosa e imperturbable, nos espera la eterna señora”.

 

       “Por eso – matizó-, para compensarles del lícito temor, hay que buscarle a los homenajes un motivo, una excusa y el de hoy es doble, celebramos en primer lugar que José Emilio Pacheco cumplirá 70 años en los próximos días y también que hace unas semanas recibió el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en su XVIII edición”.

 

       En opinión del diplomático, la poesía de Pacheco hace realidad el proyecto que los Contemporáneos únicamente llegaron a apuntar: “un proyecto que aspira a modernizar el país y su literatura, asumiendo críticamente una realidad actual e histórica y abriendo las puertas de la misma al mundo. La poesía de Pacheco es universal y en ello mucho tiene que ver la conciencia de que nuestra herencia común es por definición universal”.

 

       Para concluir, Camilo Angulo subrayó que no es casualidad que España haya dado a luz también a una extraordinaria generación poética del 50 ni que Pacheco se sienta reflejado en algunos de sus integrantes, como José Agustín Goytisolo. “Nada de esto es casualidad porque las grandes, las mejores corrientes del pensamiento español y del mexicano, de la literatura española y mexicana, discurren por cauces a veces entrelazados, otros paralelos, casi siempre superpuestos”.

 

       En su oportunidad, el poeta argentino Juan Gelman se refirió a José Emilio como un narrador admirable, un crítico profundo; pero ante todo y sobre todo, poeta. Un poeta querido, admirado. Uno de los poetas más eminentes de la lengua española.

 

       Ramón Xirau, también poeta del exilio español, dijo conocer a José Emilio Pacheco desde que tenía muy pocos años. Trabajaron juntos en muy diversos proyectos, entre los que destacó la revista Diálogos, que publicó El Colegio de México y el cual compartieron durante 22 años.

 

       Por su parte, Marco Antonio Campos habló de lo que denominó las lecciones de José Emilio Pacheco. Aludió a su capacidad de observación presente en sus cuentos, en Las batallas en el desierto y en un buen número de sus poemas; el haber escrito un artículo semanal durante muchos años sin repetirse nunca, entre muchas otras cosas.

 

       Para cerrar su intervención, Campos aseguró que Pacheco es actualmente y con justicia, uno de los escasísimos poetas y escritores mexicanos vivos más reconocidos internacionalmente. ”Por eso hoy en el verano de 2009 como en aquel verano de 1970, sólo le digo muchas gracias por las lecciones”.

 

AMS

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