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Entrevistas - June 11, 2009

Memorias de un huapanguero: Efrén Fayad Islas (3)


Los hermanos Olivares
en la Plaza Cívica
de Huauchinango,
Puebla, en julio de 2007
Foto:
Azteca 21/
Gregorio Martínez M.
A la memoria de mi sobrino Jonathan Lino Salinas, que ayer se convirtió en un angelito por la Gracia de Dios Nuestro Señor.

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Hemos llegado a un punto esencial de nuestra charla y de la labor reciente –en ese entonces– de Efrén: la investigación y grabación de un repertorio importante de valses de la huasteca hidalguense, que han quedado en la memoria de los hermanos Ricardo y Casiano Olivares Ramírez. Continuamos nuestra charla, con el intermitente ruido de automóviles, que pasan muy cerca de donde estamos como telón de fondo sonoro.

¿Esos valses son de los hermanos Olivares o de otros autores?

No, fue un trabajo de investigación. Ricardo Olivares tiene 86 años, su memoria le permite tocar valses que fueron creados a fines del siglo XIX y a principios del siglo XX, estamos hablando de 1880 a 1940. Entonces él, de su padre y de otros maestros de su tiempo, fue recolectando esta información; en el disco incorporan valses de Graciano Solís, de Tianguistengo, que murió en 1928, de Genaro Zenteno, de Amatlán, Veracruz, que anduvo también por esos años, de Felipe Sierra, que fue un revolucionario y poeta de Calnali, Hidalgo. En ese disco se incluyen trece ejecuciones de valses y algunas polcas de estas personas, entonces es una recopilación realmente de un llano muy atrasado, que se han ido quedando en la memoria del tiempo; ésa, creo, es la virtud del disco. Además, es un trabajo muy bien elaborado, con el tiempo suficiente, sin prisas, diseñado, trabajado con la fotografía, no está hecho nomás al garete, tiene un trabajo artístico en el diseño, la grabación fue muy cuidada y los señores son músicos tan prácticos y experimentados que la grabación en sí fue muy sencilla. El trabajo de investigación, la recopilación de la música, el trabajo de Ricardo Olivares, quizás el disco “Valseando en la Huasteca” ya esté concluido, pero esto nos abre un proceso cultural más largo, porque ahora habrá que ir detrás de los compositores para saber qué más hicieron. Así nos encontramos que Felipe Sierra, además de música, hizo trovos, sonetos, sobremesas; que a Graciano Solís le grabaron sus nietos casi 100 años después en el Conservatorio de Música… Entonces, vamos a encontrarnos con discos elepés de petróleo, casetes grabados; con los Olivares nos encontramos con casetes grabados hace casi 40 años, que habría que remasterizar para limpiarlos. Estamos tratando de localizar música de convivencia, lo que la gente graba o grabó en los convivios, en las fiestas y que desafortunadamente esos grupos, conjuntos o tríos no lograron grabar, y quizás esa música también sirva para tenerla como un vestigio.

Así, todo este trabajo serviría para sacar más productos culturales…

Al final creo que sí, una de las intenciones que hemos propuesto es que los recursos que otorgan los programas, las becas, pudieran ser reembolsables para continuar, y abrir procesos culturales un poco más largos; el estilo también de las poblaciones habría que intentar darle otro giro, en el sentido de perder un poquito esa costumbre de hacer una simple solicitud a tratar de hacer un proyecto, para eso se requieren promotores culturales, para apoyar a la población, sobre todo a la gente que no sabe leer o que es muy poca su experiencia con las letras, que no sabe escribir y pudiera tener algún problema para presentar el proyecto, y quizás apoyarlos también para poder establecer una buena idea, un buen concepto, para tener un producto de mucha calidad.

Es decir, promoción y gestión cultural al mismo tiempo…

Así es, yo creo que una de las funciones también es ayudar a la gente, en este caso de la música, a cuidar su música, es decir, es muy fácil que cualquier promotor o productor musical venga y les diga: “Les voy a hacer un disco”, se los llevan a equis ciudad, Tampico, no sé, donde los agarran, les toman la foto, atrás de un taxi, así como van, ésa es la portada del disco, graban por grabar, “y te voy a cobrar tanto”. Pero, si te das cuenta, si haces un proceso lento, con cuidado y de mucha calidad, te sale en lo mismo o hasta más barato, porque cuidas más, tienes que ir a la ciudad de México a maquilar, tienes que buscar más opciones, además empleas a tu gente, es decir, el disco de Ricardo Olivares no nada más es Ricardo Olivares, está fortalecido por un diseñador gráfico de Huejutla, por una persona que grabó el máster en Huejutla, y cada quien fue poniendo su granito para hacer un trabajo más completo…

¿Tienes considerado hacer otros proyectos con don Ricardo? Los escuché hace rato y se oye muy huasteca su esencia, por decirlo de algún modo.

Así es, pues hay que recordar que es la instrumentación huasteca posesionada en un género como los valses, que al final eran los bailes de piezas que se hacían hace cien años en quizás todos los pueblos de la Huasteca, y que bueno, sí había huapangos, pero igual había fiestas de otro nivel, de otros ritmos, en otra vestimenta, y que no nada más somos huapango, somos todo un concepto más amplio, más abierto, más sensible inclusive. Y yo creo que lo que se plantea con Ricardo Olivares, lo que dices, tratar de darle seguimiento a lo que él tiene como memoria, pudiera ser un proyecto afín a toda la población, es decir, qué tendríamos que hacer nosotros, ciudadanos comunes, una persona común, como tú y como yo, qué podemos hacer para fortalecer nuestra cultura, pues primero creo que podemos empezar en casa, escribiendo la memoria histórica de la familia, el árbol genealógico, y así poder encontrar los vestigios de nuestros antepasados, si unimos todas esas pequeñas historias, podemos crear una sola historia.

Efrén, ¿deseas agregar algo más?

Pues manifiesto mi alegría por poder participar. Hoy, cuando Ricardo presentó su disco, realmente tuve un sentimiento muy especial de satisfacción, que es, al final, el gran pago de estos trabajos. Creo que la gente tiene que insistir, insistir en que las cosas tienen que seguir sucediendo, la cultura es natural, tener cuidado, por ejemplo, los que se meten a la promoción cultural, pues la cultura depende también de hilos muy delgados que, a veces por ayudar, tendemos a romperlos, debemos tener ese cuidado y recordar que la cultura tiene que vivir por gusto, cuando el gusto desaparezca no habrá fuerza humana que logre sostener alguna tradición, alguna fiesta, alguna actividad, sin el gusto ya no hay fiesta en la población.

Pero pareciera que esos hilos se están robusteciendo…

Indudablemente que sí, al final… los estilos del huapango, por ejemplo, si tú lo ves, ahorita ya es un solo estilo huasteco, ya no hay un estilo hidalguense, eso se ha logrado quizás a través de los talleres porque los talleristas son de todos los estados, y se esté generando un solo apartado de muy amplias características, ¿verdad? Yo no sé si eso sea para bien o para mal, el que se transformen los estilos, pero es lo que se está dando, y se está dando con el apoyo de las instituciones mismas, a eso me refiero, y quién sabe hasta dónde pueda uno realmente tener un juicio claro, pues nadie es dueño de la verdad.

Eso mismo me comentaba ayer el maestro Tomás Gómez Valdelamar.

Si tú te encuentras un trío comunitario, en equis ranchería, allá lejos, que los ejecuta con su lengua natural, ejecuta sones comunitarios, con letra propia de ahí, todos dijeran: “A ese grupo hay que sacarlo para que vaya a Amatlán, y para que vaya a las ferias, a las fiestas y a los festivales…”. Quién sabe qué tanto pudiera afectarle el salir, cuando regrese en su ejecución, su trabajo al interior de la comunidad pueda variar ahí todo un proceso interno.

Éste es un problema real, actual…

De hecho, las negativas ahorita de los tríos, por ejemplo, en la huasteca de Hidalgo, es no ponerse la guayabera, insistir ahora en otro tipo de ropa, más modernona, los tríos que hoy vemos ya muy modernos en su vestimenta, y quién sabe si realmente sea lo correcto o no, porque al final es una cuestión de uso cotidiano…

Pero quizás también tiene que ver con una cuestión: la idea deformada del espectáculo, ¿no?

Indudablemente, el espectáculo, creo que puede ser así, el sacar una danza tradicional y ponerla en un kiosco donde no se celebra el rito o la fiesta, entonces ya estamos folclorizando también la danza, y la danza obviamente intentará ser distinta, modificará su vestuario, tratarán de ser más lucidores para intentar llegar a un espectáculo. Creo que el riesgo es lo eventual, que las cosas se vuelvan eventuales, “el evento”, que es el gran error que cometen, por ejemplo, los ayuntamientos, al tratar de fortalecer la cultura, hacen un evento de carnaval, y dicen: “Qué eventazo nos aventamos porque estuvo llena la plaza”, pero el desfiguro, el travestismo en el carnaval, pensando que eso es o en el Xantolo mismo, y la apreciación de quienes organizan es que quieren ver la plaza llena, y muchos aplausos, y la cultura queda nomás como un instrumento para lograr ese objetivo.

Incluso este mismo riesgo se puede apreciar en el mismo festival.

Yo creo que en el baile del huapango lo que se pudiera hacer realmente sería fomentar los bailes con música de cuerdas, nada más los bailes, la convivencia, la convivencia es la cultura, si se establece como hace tiempo, quizás por la lejanía de las comunidades y porque no había otra forma, que hacían sus bailes de convivencia con música de cuerda y es ahí donde bailaban el huapango, ¿verdad? Ahora que se trata de hacer el baile del huapango como un simple evento de baile de huapango no existe quizás la convivencia en esos términos, no hay asunto comunitario y empieza el asunto de: “Yo sudo más la cara, yo vengo mejor con el pañuelo, más limpiecito y más así”, entonces los bailadores de corral dónde quedaron, con excremento de vaca, las botas, los que iban al potrero. Creo que también se observa gente con esa virtud de ser pueblo, de ser de rancho, pero creo que uno tiene que aceptar que el tiempo así se ha estado encargando, por muchos motivos externos, que lo que se fue avanzando, poco a poco, conforme la modernidad va avanzando y el tiempo llegue, va a ir más rápido, ¿no?

Tal vez era esto o era la desaparición, pensando en la cuestión institucional…

Sí, sí, creo que los asuntos de la competencia de la farándula y del espectáculo están haciendo a las actividades tradicionales tener que luchar con los mismos medios para tantito tener una línea de trabajo, ¿no?

Así, “un éxito este festival”, dirá todo mundo.

Fue un tablado muy lleno, yo nunca había visto un tablado tan lleno, muchas parejas de todas las edades, de todos los gustos y de todos los colores, creo que eso sí habría que interpretarlo como parte de un éxito, yo no sé si ésta sea una región bailadora, aunque en Xicotepec no recuerdo así.

Bueno, hay algo de impostura, pues la mayoría no es de aquí.

Una fiesta externa, con externos, ¿no?

Así es. Bueno, Efrén, muchas gracias, ya te dejo para que vayas a descansar.

Gracias a ti, estamos a la orden, me dice Efrén Fayad Islas, ese hombre, pintor y promotor cultural, de Huejutla, Hidalgo, comprometido con su cultura huasteca y también orgulloso de sus raíces libanesas, que su abuelo Salvador Fayad vino a implantar en México a finales del siglo XIX y de quien él es un digno heredero.

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