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Buenas Noticias - May 31, 2009

Brillante labor de Felipe Solís en el rescate, salvaguarda y difusión del patrimonio cultural

Solís era reconocido como
uno de los especialistas más
connotados en torno a la
civilización mexica, en el
país y a nivel internacional
Foto: Cortesía INAH

Ciudad de México.- 30 de Mayo del 2009.- (INAH) El presidente Felipe Calderón expresó un cálido reconocimiento a la brillante labor del arqueólogo mexicano Felipe Solís, quien durante ocho años fungió como director del Museo Nacional de Antropología (MNA), y cuya tarea al frente de este recinto se caracterizó por el rescate, la salvaguarda y la difusión de nuestro patrimonio cultural.

El jefe del Ejecutivo federal, al inaugurar la exposición Teotihuacan. Ciudad de los dioses, relató cómo hace unos meses recorrían la Sala Mexica junto al presidente Barack Obama, y el arqueólogo Solís habló con amplio entusiasmo de lo que sería, precisamente, esta próxima exhibición internacional.

En su oportunidad, Alonso Lujambio, secretario de Educación Pública y ex alumno de Solís, lamento la ausencia de su maestro y manifestó que se trata de una sensible pérdida para la cultura nacional.

Por su parte, Consuelo Sáizar, presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, destacó la importancia de su legado y la calidad de su trabajo.

Teotihuacan. Ciudad de los dioses tiene una gran carga emotiva y de nostalgia, en ella se ve reflejada el talento y pasión con que Felipe Solís la concibió para poder ser apreciada por los visitantes al recinto. Además de representar el trabajo realizado por arqueólogos, historiadores, museógrafos y restauradores, detalló Sáizar.

La exposición que estará vigente desde este fin de semana y hasta agosto en el Museo Nacional de Antropología —recinto que el arqueólogo dirigió desde el año 2000, pero al que estuvo vinculado desde los inicios de su trayectoria como curador de las colecciones de la Sala Mexica—, es una de las últimas muestras en que Felipe Solís dejó su impronta.

Un destino marcado por la arqueología

Antes de morir, el arqueólogo Felipe Solís (1944-2009) dejó un solo pendiente profesional, “su colaboración para un próximo número de Artes de México. Paradojas del destino, el tema que le correspondía tratar era el de ‘Los dioses de la Muerte’. Estos, celosos de que fueran develados sus misterios, decidieron adelantarse sin darse cuenta que, con su actitud, sólo conseguían la trascendencia de quien bien los conocía”.

Así lo refiere otro conocedor del México prehispánico, el profesor Eduardo Matos Moctezuma, amigo y colega de Felipe Solís, ambos investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), y a quienes les unió el interés por la cultura mexica, convirtiéndose en los especialistas más connotados en torno a esa antigua civilización, en el país y a nivel internacional.

“Considero a Felipe Solís uno de los más destacados conocedores de los mexicas. Sus estudios del pasado han sido sustancialmente enriquecedores desde diversas perspectivas, como lo son la historia, la arqueología, la historia del arte y de la religión azteca. A él se deben estudios que están presentes como testimonio de este pueblo.”

“Otra faceta importante de Felipe fue el de la difusión de las obras del pasado. Participó de manera destacada en varias exposiciones, nacionales y extranjeras, llevando a diversos ámbitos ese acervo. Su presencia en catálogos, conferencias y mesas redondas eran otra forma de divulgar las esencias de las culturas mesoamericanas”.

Su amplia labor en campo, durante y después de sus estudios en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, bajo la tutela de maestros iniciadores de la arqueología mexicana como Ignacio Bernal y Román Piña Chan, le llevó lo mismo a Yaxchilán, Chiapas; que a Ranas y Toluquilla, sitios prehispánicos de la Sierra Gorda de Querétaro.

Solís Olguín manejaba con erudición temas relacionados con las culturas del Golfo, del Altiplano, e incluso, de la maya. El experto sentía inclinación por los sitios de la costa de Veracruz, caso de El Tajín, lugares ignotos que descubrió en la niñez durante visitas a la casa de su abuela, fue ahí, en los litorales veracruzanos, donde (según aseguró en una entrevista) se preparó para ser arqueólogo.   

El desafío al deseo de su padre —quien le instó a estudiar ingeniería— fue recompensado más tarde de múltiples formas, sin embargo, Felipe Solís recordaba de manera particular el momento en que pudo literalmente “bautizar” el hallazgo más importante del siglo XX ocurrido en el Valle de México: el monolito de Coyolxauhqui.

La madrugada del 28 de febrero de 1978, pocas horas antes del arribo del entonces presidente José López Portillo, fue comisionado para colaborar con el equipo de salvamento arqueológico supervisado por Raúl Arana y Ángel García Cook, pues desde entonces ya era considerado uno de los expertos en la civilización mexica.

“Yo fui quien identificó a la diosa Coyolxauhqui, la noche de su descubrimiento. La primera impresión, cuando noté sus cascabeles en las mejillas, ha sido una de las emociones más grandes que he tenido dentro de la carrera de arqueología, porque el hallazgo de esta pieza maravillosa es comparable a la Piedra del Sol (…)”

“Se sabía que era una pieza circular, pero todavía no la identificábamos. Se veía un brazo y otros elementos de los dioses de la muerte, no obstante, al limpiarla y aparecer sus rasgos especiales en el bello relieve, me sentí transportado en el tiempo, era un mensaje enviado por el pueblo mexica y que se identificaba con nuestra sangre”, manifestó al diario Excélsior en su edición del 22 de noviembre de 1978.

Consciente de su capacidad intelectual, Felipe Solís Olguín supo transmutar su experiencia en campo a favor de la conservación y la difusión de los bienes arqueológicos, desde el recinto por excelencia en esta materia en el país: el Museo Nacional de Antropología.

“Cruzar la selva para ir por comida o recorrer la zona arqueológica para hacer el levantamiento de monumentos es muy importante. Todo eso vale a la hora de hacer una curaduría.”

“Mucha gente cree que los arqueólogos estamos locos: nos metemos en la selva, sufrimos las inclemencias del clima, los insectos, no dormimos cómodamente, los alacranes y las serpiente pueden dar una mala jugada, te puedes caer de un templo y romperte la columna. Esa experiencia es formación.”

Sin embargo, confesó en una entrevista cedida a El Universal en junio de 2008, “a estas alturas de la vida ya no lo extraño. La vida tiene etapas y en esta tengo que producir cosas, plasmar mi experiencia en libros”.          

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