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Entrevistas - May 27, 2009

Memorias de un huapanguero: Servando Rubio Andrade (3)

El 'Trío Amanecer Huasteco',
con don Servando Rubio Andrade,
al centro, en la jarana
Foto: Cortesía Eduardo Bustos Valenzuela

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 27 de mayo de 2009. Mientras habla, el profesor Eduardo Bustos Valenzuela refleja el dolor que le causa el fallecimiento de don Servando, así como su énfasis en las palabras me deja claro que su sinceridad también la apreciaba el músico hidalguense y todo esto contribuyó a afianzar su amistad.

Maestro, ¿se generó registro fotográfico o hay grabaciones o documentos de ese “Primer Foro de Intérpretes del Son Huasteco”?

Sí, se grabó en VHS toda la presentación de “El violín huasteco”, del libro, y está desde luego la participación de Servando…

¿Y lo del Foro?

No, ahí no, no sé quién haya registrado porque ora sí que a mí me tocó andar haciendo de todo, pero no preví ese aspecto. No sé si la Casa de Cultura de Tamaulipas haya registrado algo, pero yo tengo la memoria escrita…

Entonces con la muerte de don Servando no sólo perdimos a un gran músico, sino con él también se fue una buena parte de la historia oral del movimiento huapanguero hidalguense, por decirlo de alguna manera, y de los huapangueros hidalguenses emigrantes en el Distrito Federal.

Definitivamente, porque Servando como migrante, pudiéramos decirlo, él tenía todo el arraigo de su tierra aquí, tantas veces tocamos con él, porque estos últimos años nos apoyó, que no teníamos huapanguero, nos ayudó con la guitarra y platicábamos, siempre nos empezaba a platicar de esas épocas, incluso cuando tocamos en el Metro, en el Foro del Pasaje, al público le empezó a platicar que esta música es muy bonita: “Yo llevo tanto tiempo tocando, que hay un son por aquí que se llama así y antes se tocaba o se rasgueaba así”, o sea que su participación siempre era muy positiva.

Coménteme, por favor, alguna de estas fotos que tiene aquí…

Ésta es en una convivencia de hidalguenses [aparece en la nota con la que iniciamos esta serie. Cfr. http://azteca21.com/index.php?option=com_content&task=view&id=10458&Itemid=117], pues no tenía quién le acompañara en el violín, y ya, tocamos. Me acuerdo que tocamos “Hidalgo”, de Frumencio Olguín, y “El hidalguense”, y nos quedamos platicando muy amenamente de todo el contexto huapanguero del estado, incluso me empezó a platicar de algunos otros violinistas, de los Bautista, de Sierra Hidalguense, con los que siempre compartió gran amistad. Algo que me dolió en los últimos días era que decían de él que ya estaba muy viejito, porque ya no podía, y pues de que no pudiera, ¡me canso que podía tocar! Empezó a padecer del Alzheimer, y cuando le hablé por teléfono la última vez, que fue hace tres meses, con ese riesgo, pensé: “Híjole, a lo mejor no se acuerda”, pero por suerte estuvo muy lúcido, esa vez platicamos muchísimo, incluso quedamos de vernos, yo ahí sí me siento… pues mal porque quedé de ir a tocar a su casa y por otros quehaceres ya no pude, no pensé que se nos fuera a ir tan pronto, la verdad. Había platicado con su señora y me dijo: “Fuera de que no se acuerda de algunas cosas, está muy bien”.

La última vez que platiqué con uno de los huapangueros me contó que se lo había encontrado en La Raza, pero no en el hospital, sino en la calle, y que le dijo: “Pues ya me voy a mi casa”, y aquél le preguntó: “¿Pues dónde vives?”. “Aquí a la vuelta”, le respondió Servando. Gracias a que lo encontró, este compañero lo llevó hasta su casa, si no quién sabe qué le hubiera pasado, porque se le olvidaba, pero traía la jarana y gracias a eso lo reconoció. Pero la última vez que platicamos coincidíamos en lo mismo: los chavos ahora en esta época quieren tocar muy rápido, no saben quién fue fulano, no saben quién fue zutano, nos preocupaba mucho eso, de saber que los muchachos no tenían el respeto, hasta cierto punto, por la música.

Pero él siempre fue muy respetuoso de todos los comentarios, incluso cuando le decía: “Oye, ¿sabes qué? Aquí siento como que de repente te explota…”, él no, siempre fue muy parco en eso, él tal vez sabía, pero nunca lo hizo extensivo, y otra cuestión es que cuando compartimos en los encuentros, recuerdo que me decía muchas veces: “¿Dónde está el baño?”, yo pensé: “Híjole, va a ser un problema más adelante, para cuando toque, porque pues los compañeros ya no van a poder aguantar mucho esa situación”. Ah, y siempre con su guitarra, recuerdo que cada vez que hablaba con él me decía: “Yo tengo la guitarra de Felipe Turrubiates, la guitarra que yo tengo la hizo Felipe Turrubiates, te la vendo”. Yo le respondía: “En realidad tengo cuatro guitarras, para qué quiero otra más, pero te voy a decir quién te la compra”, me acuerdo que era siempre la cuestión de que me recordaba: “Oye, tengo la guitarra”, pero por más que les dije a los muchachos que compraran la guitarra nadie se animó… Básicamente si era de Felipe Turrubiates, quien acababa de morir, pues como que ya era un tesoro, no, era una reliquia, recuerdo que siempre estaba con eso… Ahora que me acuerdo, tengo una guitarra y una jarana que él hizo… Incluso esa jarana y esa guitarra las compramos para el Taller de Música Huasteca en la Normal Superior, él nos la dio a muy buen precio y todavía las tenemos, él las hacía, yo no había pensado en eso, pero tengo dos instrumentos que hizo Servando.

Maestro, ¿desea agregar algo más?

Que Servando Rubio fue un músico que desde que nació abrevó del son huasteco, y tantas veces pudo siempre lo hizo extensivo y lo supo compartir. Yo creo que no todos los músicos hacen eso, cada aplauso que se le brindó fue bien ganado, sobre todo por músico y por su sencillez como persona, una persona muy valiosa, como decía antes, viene de una dinastía de huapangueros muy fuerte, pero el hecho de que haya compartido con tanta gente y no se le haya reconocido como debe creo que eso siempre quedará grabado en nuestra memoria. Por último, quiero mencionar que todos los 22 de noviembre nos felicitábamos, nos hablábamos y nos decíamos: “Felicidades, que la pases, bien, que toques mucho y que sigas tocando hasta que Dios quiera… A lo mejor me tocas tú o te toco yo, no sabemos…”.

Muchas gracias, maestro Eduardo, por compartir sus recuerdos y sus fotografías, por sus palabras que en algo ayudarán a rescatar, a mantener viva la memoria de don Servando Rubio Andrade, un gran huapanguero.

La tarde caía en el poniente de la ciudad ese sábado 16 de mayo cuando salí de la casa del maestro Eduardo Bustos Valenzuela. El cielo nublado comenzaba a soltar las primeras gotas de lluvia. Caminando de prisa y pensando en lo que había dicho el profesor Bustos, una idea revoloteaba en mi interior: “Este año el Festival de la Huasteca se hará en Hidalgo, y ya confirmaron a San Felipe Orizatlán como sede, así, pues, no estaría fuera de lugar realizar un homenaje in memóriam a esos dos grandes huapangueros hidalguenses: Servando Rubio Andrade y Frumencio Olguín Nápoles, y si se animan y quieren hasta a don Felipe Turrubiates”. Sólo falta que las autoridades se decidan y hagan un espacio en el programa, pues voluntad de huapangueros no falta, como lo mostraron en Huauchinango, en 2007, al rendir un homenaje sentido a don Heliodoro Copado, tras su muerte. Y ahora cuentan con más tiempo…

En fin, pensando en esto y en que acordamos el maestro Bustos y su servidor aumentar estas memorias cada que haya chance, corrí con mi hijo a la entrada de la estación del Metro. “Ya escampará”, pensé mientras nos guarecíamos de la repentina lluvia de mayo.

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